Un equipo multidisciplinar del Instituto de Investigación Biomédica de Málaga (Ibima) ha descubierto que las vesículas de la microbiota agravan la enfermedad hepática y la toxicidad por fármacos.
El trabajo revela cómo estas pequeñas partículas viajan desde el intestino hasta el hígado, pudiendo actuar como motores de inflamación y acumulación de grasa, ha informado este viernes el Ibima en un comunicado.
La investigación se centra en dos patologías de gran impacto: la enfermedad de hígado graso asociada a disfunción metabólica (MASLD) y el daño hepático inducido por fármacos (DILI).
Este estudio, publicado en el 'Journal of Extracellular Vesicles', demuestra que las vesículas extracelulares presentes en las heces (fEVs), secretadas por la microbiota intestinal, son capaces de entrar en el torrente sanguíneo.
Los resultados muestran que los pacientes con MASLD y DILI presentan una mayor cantidad de estas vesículas en su sangre en comparación con individuos sanos.
"Nuestros hallazgos sugieren que estas vesículas no son solo subproductos, sino mensajeros activos que modulan la respuesta inmune y pueden contribuir directamente a la patología hepática", han explicado los investigadores.
Uno de los descubrimientos más significativos es que las vesículas de pacientes con estadios avanzados de hígado graso (fibrosis significativa) y aquellas de pacientes con daño por fármacos activan genes proinflamatorios y favorecen la acumulación de gotas de lípidos en las células del hígado.
En el caso del daño hepático por fármacos (DILI), el equipo identificó un perfil bacteriano único en estas vesículas, caracterizado por un aumento de géneros como Acinetobacter y Actinobacillus.
Lo más relevante es que estas vesículas específicas demostraron potenciar el efecto hepatotóxico de medicamentos comunes, como el diclofenaco, agravando la inflamación y la disfunción mitocondrial.
Este estudio abre nuevas vías para el desarrollo de biomarcadores no invasivos, ya que la composición específica de las vesículas bacterianas podría utilizarse en el futuro como un indicador del riesgo de progresión de la enfermedad hepática o de la susceptibilidad de un paciente a sufrir daños por ciertos fármacos, evitando en algunos casos la necesidad de biopsias hepáticas.
Además, los investigadores señalan que estos resultados facilitan un enfoque novedoso para modificar la microbiota intestinal, con el objetivo de mitigar o prevenir el desarrollo de estas patologías hepáticas.





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