El artista italiano Bruno Amadio (Venecia, 9 de noviembre de 1911 - Padua, 22 de septiembre de 1981), conocido por sus pseudónimos Giovanni Bragolin y Franchot Seville, pintó en la década del cincuenta una serie de veintisiete cuadros conocidos bajo el título genérico de "Los Niños Llorones" que muestran a menores de edad con cara de dolor mientras grandes lágrimas caen por sus rostros; según el mito popular, cuando uno de estos trabajos (o sus reproducciones) son introducidos en un hogar, la casa se quema, pero el cuadro SIEMPRE permanece intacto.
La historia se conoció gracias al relato de un bombero llamado Peter Hall, quien le contó al popular diario "The Sun" que distintas copias de "El Niño llorón" -cuadros que se hicieron inmensamente populares en la década del setenta y el ochenta, al venderse miles de reproducciones en toda Europa, especialmente en Inglaterra- fueron halladas intactas en sitios que habían sufrido incendios devastadores.
Interesado por este fenómeno que mezclaba el misterio con el terror paranormal, el escritor Steve Punt investigó el tema y lo dio a conocer en su columna de la BBC, revelando que habló con una mujer de Nottingham que tenía una copia del cuadro y, una noche, toda su casa se prendió fuego "menos la pintura". Según su relato, cuando los bomberos lograron apagar las llamas, al ver el cuadro del niño llorando dijeron: "¡No! ¡Otra vez no!".

El niño llorón
Curiosamente, el personaje que sirvió de modelo para estas pinturas habría nacido en nuestro país: Amadio, tras el final de la Segunda Guerra Mundial, donde había luchado como soldado raso en el ejército italiano, decidió vivir en España, más específicamente en Madrid, donde conoció en un orfanato a un niño cuyos padres habían fallecido en un incendio y, desde entonces, el fuego atacaba cada lugar donde vivía. Esto lleva al escritor a preguntarse si se trataba de una casualidad, una maldición o el pequeño era, en realidad, un pirómano precoz.
Sin saber qué pensar sobre lo ocurrido, Punt contrató a un especialista en seguridad contra incendios quien, tras una serie de pruebas, le dijo que la supuesta razón por la cual el cuadro no se quemaba era porque el fuego consumía el hilo que lo sostenía a la pared, haciendo que cayera al piso y quedara boca abajo, lo que lo protegía de las llamas, una explicación que no suena demasiado convincente teniendo en cuenta que el inmenso calor generado por el fuego en un incendio derrite todo.
Otro detalle a tener en cuenta es el importante testimonio que logró "La Voz de Galicia", de Carlos Celeiro, un vecino de Ferrol, que encontró una pintura del Niño Llorón en la calle, apoyada en un contenedor, y la tuvo 18 años en su casa, hasta que decidió venderla, alarmado por las historias que comenzó a oír al respecto. "La verdad es que le hemos cogido un poco de aprensión al cuadro y hay que dejarlo ir", confesó el vecino, que recibió una oferta de 2500 euros por parte de un internauta. Luego no se supo más nada sobre qué pudo haber ocurrido con el vendedor, su cuadro y el misterioso comprador.





Guía de San Pedro Alcántara
Comentarios
Aviso





