Santiago de Compostela es uno de los lugares más visitados de España, pero más allá de su costado luminoso, lleno de atracciones históricas, culturales, turísticas y gastronómicas, existe un costado oscuro que, paradójicamente, atrae a turistas de todo el planeta, seducidos por la oportunidad de conocer sitios donde ocurrieron hechos terribles.
La mujer que mató su bebé para salvar el universo
Todo sucedió el 31 de agosto de 2015, cuando una beba de seis meses de edad fue asesinada por su madre, quien le tapó la boca y la nariz simultáneamente hasta ahogarla.
La asesina había llegado a Santiago desde Alemania junto a su marido, Raúl Serrano Martínez, para asistir al Congreso Gnóstico Internacional de Antropología. El progenitor del bebé declaró en el juzgado que, horas antes de ocurrido el hecho, discutió con su mujer y ella lo echó de la habitación, lo que lo obligó a deambular sin rumbo por la ciudad para intentar calmarse.
El crimen fue descubierto cuando una amiga de la pareja fue a visitar a la mujer y encontró al cadáver de la beba sobre la cama, cubierto por una toalla sobre la que habían puesto dos piedras.

Santiago de Compostela, entre el atractivo turístico y las huellas de sus crímenes más estremecedores
La madre de la criatura, Marisol Fabiola Raue Ortega, chilena con nacionalidad alemana, de 34 años de edad, fue detenida y reconoció el crimen, pero dijo que lo hizo porque "oía voces telepáticas que me decían que tenía que matarla, que ella era el mal y así salvaría al universo".
Antes de escuchar la sentencia en su contra, la mujer declaró: "Yo tengo una enfermedad que me lo quitó todo, a mi niña que era lo que más amaba, a mi marido, y ahora me va a quitar 25 años de mi vida. No permitan que mi enfermedad me quite 25 años de mi vida". Minutos antes, los forenses habían confirmado que padecía "ideación delirante de origen religioso".
La Audiencia Provincial de Coruña no la condenó a la cárcel, pero ordenó internarla durante 25 años en un centro penal psiquiátrico.
El caso Asunta (pista forestal de Feros)
Asunta nació en China en el año 2000, pero a los pocos meses de edad fue adoptada por el matrimonio formado por la abogada Rosario Porto y el periodista Alfonso Basterra; aunque la pareja parecía perfecta, en 2012, para sorpresa de sus familiares, amigos y vecinos, decidieron separarse y les otorgaron la custodia compartida de la niña.
Porto era una profesional muy prestigiosa, pero sufría depresión y esto la obligada a someterse a prolongados tratamientos médicos. A pesar de esos inconvenientes, todo parecía normal en su vida, sin embargo, la situación cambió drásticamente el 21 de septiembre de 2013, cuando Basterra denunció la desaparición de su hija y, a la madrugada del día siguiente, un ciclista encontró el cadáver de la niña cerca de la carretera que conecta Santiago de Compostela con el sur.
Los peritos revelaron dos datos que serían fundamentales para la causa: Asunta había sido asfixiada tras ser fuertemente sedada.
Los investigadores entrevistaron a los padres adoptivos de la niña, quienes comenzaron a lanzar acusaciones veladas: Basterra sugirió que su exmujer era inestable y tenía tendencia a perder el control; Porto aseguró que su exmarido era un hombre "complejo".
Finalmente, la fiscalía decidió acusar a ambos por el asesinato de Asunta basándose en un hecho clave: la niña había sido frecuentemente dopada con altas dosis de sedante a lo largo de los últimos meses.
Según la reconstrucción de los investigadores, el 21 de septiembre de 2013, Asunta fue drogada, llevada al chalé familiar y asfixiada. Luego trasladaron el cuerpo al sitio donde fue encontrado.
Aunque los fiscales no pudieron determinar con exactitud qué papel cumplió cada padre, sí dejaron en claro que habrían actuado juntos: Basterra habría conseguido el sedante y Porto habría sido la encargada de matar a la niña.
Durante el juicio, maestros de Asunta confesaron que la menor parecía "drogada", aunque no hicieron nada para averiguar que era lo que ocurría en su hogar.
La expareja fue condenada a 18 años de cárcel cada uno. En noviembre de 2020, Porto se quitó la vida, colgándose en su celda. Basterra sigue preso. Saldría en libertad en 2031.
El crimen del tío (número 17 de la calle Loureiros)
Santiago Cepeda Quintela asesinó a su sobrino Marcos, de 3 años, el 21 de septiembre de 2020. Por el crimen fue condenado a prisión permanente.
Los jurados consideraron que el acusado causó la muerte del pequeño "intencionadamente", no porque hubiese tenido un colapso neurológico como consecuencia de un tumor que había sufrido de niño.
El menor estaba en la casa de sus abuelos maternos, jugando con su tío, quien había retornado a su ciudad natal por los problemas depresivos que sufría. Parecía una tarde normal, pero todo cambió cuando el hombre acompañó al niño al baño y, tras cerrar la puerta con pestillo, lo asfixió tapándole la boca y la nariz.
La abuela de la víctima -y madre del sospechoso- y el padre del niño aseguraron que el vínculo del asesino con sus sobrinos era muy bueno, potenciando, de esa forma, la idea que había tenido un brote psicótico. Ante la jueza, el propio Cepeda Quintela declaró que no recordaba nada de lo ocurrido ese 21 de septiembre del 2020.





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