La fisioterapia y el ejercicio terapéutico mejoran de forma significativa la recuperación de los pacientes que han sufrido quemaduras graves, según un estudio de la Universidad de Granada publicado en la revista científica Burns. El trabajo concluye que los programas de rehabilitación bien planificados ayudan a recuperar movilidad, fuerza y autonomía, además de favorecer el bienestar emocional.
Las quemaduras graves no solo dejan cicatrices en la piel. También pueden afectar durante años a la movilidad, la fuerza, la autonomía y la salud mental de quienes las padecen. Actividades cotidianas como vestirse, caminar o relacionarse pueden volverse difíciles y repercutir directamente en la calidad de vida.
"Tras una quemadura grave, el cuerpo entra en una situación compleja: inflamación elevada, pérdida de masa muscular, fatiga y rigidez. Esto hace que el reposo prolongado, aunque a veces necesario al inicio, tenga efectos negativos si se mantiene en el tiempo", explica Javier Martín Núñez, fisioterapeuta e investigador de la Facultad de Ciencias de la Salud de Melilla.
El estudio señala que el ejercicio terapéutico actúa como una herramienta clave para revertir parte de ese deterioro. Mejora la circulación, aumenta la fuerza, reduce la rigidez y favorece la recuperación de la piel y los tejidos. También puede ayudar a disminuir la ansiedad y la depresión y a mejorar la autoestima.

Hasta ahora, buena parte de la evidencia científica se había centrado en población infantil. La investigación de la Universidad de Granada pone el foco en pacientes adultos, cuya percepción de la calidad de vida y respuesta física al ejercicio pueden ser diferentes. "No cualquier actividad sirve", advierte Martín, que subraya la necesidad de adaptar los programas a cada caso.
Los programas más efectivos, según el trabajo, son individualizados y planificados. El estudio apunta a sesiones de entre 45 y 90 minutos, con una frecuencia de tres a seis días por semana y una intensidad adaptada a la capacidad de cada paciente.
La edad, la extensión de la quemadura y la presencia de otras enfermedades son factores que deben tenerse en cuenta en la recuperación. Los investigadores insisten en que una programación inadecuada podría aumentar la respuesta inflamatoria y empeorar los síntomas.
El metaanálisis, realizado por el grupo CTS-009 'Innovación, monitorización y seguimiento en fisioterapia, terapia ocupacional y biomedicina', incluye a 340 personas y analiza distintos programas que combinan entrenamiento de fuerza y trabajo aeróbico. Los resultados muestran mejoras en habilidades básicas, como la movilidad y la autonomía, y en el bienestar emocional.
Los autores recuerdan que la recuperación de los grandes quemados no depende únicamente de la fisioterapia. Requiere un abordaje multidisciplinar coordinado con médicos, enfermeros, nutricionistas y psicólogos, especialmente en los casos de mayor gravedad.
El equipo investigador concluye que el ejercicio terapéutico debe formar parte esencial del tratamiento de estos pacientes y reclama programas de rehabilitación estructurados y mantenidos a largo plazo para conservar los beneficios. "La recuperación debe entenderse desde un enfoque global, no solo físico", señalan los autores.
"El ejercicio no es solo una herramienta de rehabilitación, sino una parte esencial del tratamiento para recuperar la calidad de vida de esta población", resume el equipo investigador.





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