Rumanía desconectó este jueves por completo la central nuclear de Cernavoda, la única instalación atómica del país, después de iniciar la parada controlada de su segundo reactor por el nivel históricamente bajo del Danubio. La decisión culmina una crisis hidrológica agravada por la sequía y las sucesivas olas de calor que han reducido el caudal del río hasta niveles incompatibles con las necesidades de refrigeración de la planta.
La empresa estatal Nuclearelectrica comenzó por la mañana los procedimientos para desconectar la Unidad 2 de la red eléctrica, después de que la Unidad 1 ya hubiera sido detenida a finales de julio por la misma causa. Con ambos reactores fuera de servicio, Cernavoda queda totalmente paralizada por primera vez desde la sequía de 2003, un episodio que vuelve ahora a situar la seguridad energética rumana bajo la presión directa del cambio climático y de la escasez de agua.
La central, situada a orillas del Danubio, cuenta con dos reactores de unos 700 megavatios cada uno y suele aportar alrededor del 20% de la producción eléctrica nacional. Su funcionamiento depende del agua del río para los sistemas de refrigeración, por lo que el descenso del caudal ha obligado a las autoridades a priorizar los márgenes de seguridad nuclear frente a la continuidad de la generación.
Medidas de emergencia que no lograron salvar la operación
Durante los últimos días, el Gobierno rumano intentó evitar el cierre total de la planta mediante actuaciones excepcionales en el cauce del Danubio. Entre ellas figuraron el dragado del lecho del río, la detonación controlada de obstáculos rocosos y el hundimiento de barcazas cargadas de piedra para redirigir el flujo de agua hacia la zona de captación de la central.

La central nuclear de Cernavoda, a orillas del Danubio, ha quedado fuera de servicio por el descenso del caudal del río y la falta de agua suficiente para garantizar la refrigeración de los reactores
Sin embargo, las maniobras no consiguieron revertir la situación. El caudal del Danubio en su entrada en Rumanía cayó hasta 1.370 metros cúbicos por segundo, muy por debajo del promedio multianual de unos 3.900 metros cúbicos por segundo. Las autoridades hídricas advirtieron además de que no se esperaban lluvias significativas en la cuenca en los días siguientes, lo que hacía inevitable la parada del segundo reactor.
El bajo nivel del río no solo afecta a Rumanía. La sequía del Danubio ha complicado también la actividad de otras instalaciones energéticas en Europa central y oriental, incluida la central húngara de Paks, que también utiliza agua del río para sus sistemas de refrigeración. La situación evidencia la vulnerabilidad de la producción eléctrica ante fenómenos meteorológicos extremos cada vez más frecuentes.
Importaciones, lignito y consumo responsable
El Ministerio de Energía rumano ha asegurado que no existe riesgo inmediato de apagón y que la demanda podrá cubrirse con fuentes alternativas, mayor generación eólica e hidroeléctrica cuando sea posible, la reactivación de una unidad de lignito de 330 megavatios y un aumento de las importaciones eléctricas desde países vecinos. La red nacional dispone, según el Gobierno, de capacidad transfronteriza suficiente para reforzar el suministro.
Rumanía declaró además el estado de emergencia energética durante el mes de agosto y pidió a empresas, instituciones públicas y hogares que reduzcan voluntariamente el consumo en las horas punta de la tarde y la noche. Las autoridades han preparado, como medida de último recurso, un sistema de limitación progresiva del suministro a grandes consumidores industriales, siempre con aviso previo.
La parada de Cernavoda llega en un verano especialmente duro para el sureste europeo. Las altas temperaturas han disparado la demanda de electricidad por el uso de aire acondicionado, al tiempo que la sequía reduce la producción hidroeléctrica y limita la refrigeración de centrales térmicas y nucleares. El resultado es una combinación de mayor consumo, menor disponibilidad de generación y precios más sensibles a cualquier tensión en la oferta.
Una crisis energética ligada al clima
El episodio de Cernavoda ilustra hasta qué punto la infraestructura energética europea depende de recursos naturales sometidos a una presión creciente. La energía nuclear suele presentarse como una fuente estable y baja en emisiones, pero su operación requiere condiciones hídricas adecuadas para garantizar la refrigeración segura de los reactores. Cuando los ríos pierden caudal y aumentan las temperaturas, incluso las tecnologías más firmes pueden verse obligadas a reducir producción o desconectarse temporalmente.
La sequía también está afectando a otros ámbitos de la vida cotidiana en Rumanía. Alrededor de 200 localidades sufren restricciones de agua, mientras las autoridades mantienen alertas por calor extremo en varias regiones. En este contexto, la parada de la principal instalación nuclear del país se convierte en un símbolo de una crisis más amplia, en la que energía, clima, agua y seguridad económica aparecen cada vez más conectados.
La reactivación de Cernavoda dependerá ahora de la evolución del caudal del Danubio y de que los técnicos puedan garantizar todos los márgenes de seguridad nuclear. Mientras tanto, Rumanía tendrá que gestionar una de las pruebas energéticas más exigentes de los últimos años, en plena temporada de calor y con un sistema eléctrico obligado a compensar la pérdida temporal de una fuente que normalmente cubre una parte esencial de la demanda nacional.





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