El precio del barril de petróleo Brent volvió a situarse este miércoles por encima de los 95 dólares, impulsado por el aumento de la tensión en Oriente Medio y por el temor a posibles interrupciones en el suministro energético. El contrato para entrega en noviembre abrió con una subida del 0,7 % y alcanzó los 95,31 dólares por barril a las 7:00 horas, tras cerrar la sesión anterior con un fuerte avance.
La reacción del mercado llegó después de los ataques lanzados por Estados Unidos contra objetivos vinculados al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica en Irán. Washington justificó la ofensiva por las amenazas contra el transporte marítimo comercial en el estrecho de Ormuz y contra personal militar estadounidense desplegado en la región. La respuesta iraní, con misiles balísticos dirigidos contra una base estadounidense en Jordania, elevó la percepción de riesgo en una de las zonas más sensibles para el comercio mundial de crudo.
El Brent, principal referencia para Europa, llegó durante la madrugada a tocar los 97 dólares, su nivel más alto desde finales de julio. La subida refleja la presión compradora instalada en el mercado energético en las últimas sesiones, donde cualquier amenaza sobre las rutas marítimas del Golfo Pérsico puede tener un efecto inmediato sobre los precios internacionales.
El foco de la preocupación vuelve a estar en el estrecho de Ormuz, un paso estratégico para el transporte mundial de petróleo. La posibilidad de que el tráfico marítimo se vea afectado por ataques, minas, drones o misiles aumenta la incertidumbre entre operadores, gobiernos y empresas energéticas. En Europa, el encarecimiento del Brent puede influir en los costes del transporte, la industria y los combustibles.

Un petrolero navega junto a instalaciones energéticas en el Golfo Pérsico, en un contexto de tensión regional que vuelve a presionar el precio internacional del Brent
La subida de este miércoles se suma al repunte del martes, cuando el barril cerró en 94,95 dólares tras avanzar un 4,6 %. Con esta evolución, el petróleo acumula varias sesiones al alza y aumenta el temor a que el encarecimiento energético termine trasladándose a los precios de carburantes, electricidad, transporte y bienes de consumo. Para hogares y empresas, el riesgo inmediato no se limita a la cotización del crudo, sino también a su posible efecto sobre la inflación.
Fuentes militares estadounidenses señalaron que los ataques se dirigieron contra objetivos del aparato militar iraní, aunque no precisaron públicamente todos los puntos alcanzados. Desde Teherán, la Guardia Revolucionaria denunció que los bombardeos afectaron a una vivienda en Sirik, cerca del estrecho de Ormuz, y causaron decenas de heridos. Jordania, por su parte, informó de la interceptación de varios misiles iraníes y aseguró que otros proyectiles impactaron en zonas alejadas de núcleos poblados, sin causar víctimas.
La tensión también se extendió a otros países del Golfo. Kuwait comunicó que sus sistemas de defensa aérea estaban interceptando drones procedentes de Irán, un dato que reforzó la sensación de que el conflicto podría ampliarse más allá de un intercambio limitado entre Washington y Teherán. En los mercados, esa posibilidad se traduce en compras preventivas de crudo y en una prima de riesgo geopolítico que encarece los contratos de futuros.
El presidente estadounidense, Donald Trump, defendió la posición de Washington y negó que esté intentando forzar a Irán a negociar. Sus declaraciones mantuvieron la incertidumbre sobre los próximos pasos de la Casa Blanca, mientras los inversores observan si la escalada queda en episodios puntuales o deriva en una crisis de mayor alcance con consecuencias directas para el abastecimiento energético global.
El encarecimiento del petróleo llega en un momento sensible para las economías importadoras, que aún arrastran el impacto de anteriores crisis energéticas. Un Brent sostenido por encima de los 95 dólares puede presionar los márgenes empresariales, elevar los costes logísticos y dificultar el control de la inflación, especialmente si la tensión se prolonga durante las próximas semanas.
Los analistas del mercado energético sitúan ahora la atención en dos factores principales: la intensidad de la respuesta iraní y la seguridad del tránsito por Ormuz. Si las rutas marítimas se mantienen operativas, el mercado podría estabilizarse tras el primer impacto. Sin embargo, cualquier señal de bloqueo, ataque a petroleros o interrupción relevante del flujo de crudo podría provocar nuevas subidas y trasladar la tensión al conjunto de la economía mundial.





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