En el suelo, entre hojas secas y pequeños granos de tierra, una hormiga avanza con un cuerpo diminuto entre sus mandíbulas. Parece una escena extraña, casi solemne, pero en realidad forma parte de una de las estrategias de supervivencia más importantes de las colonias de hormigas: mantener limpio y seguro el nido.
Una sociedad organizada bajo tierra
Las hormigas viven en colonias donde casi todo tiene una función. Hay obreras que buscan alimento, otras que cuidan las larvas, algunas defienden la entrada y otras limpian el hormiguero. Aunque no razonan como los humanos, responden con gran precisión a señales químicas que detectan con sus antenas.

Una obrera retira el cuerpo de una compañera cerca de la entrada del hormiguero, una conducta de higiene colectiva conocida como necroforesis
Cuando una hormiga muere, su cuerpo comienza a cambiar. Durante la descomposición aparecen sustancias que las demás pueden detectar. Una de las más conocidas es el ácido oleico, una señal química asociada a los cuerpos muertos en muchas especies de hormigas. Al percibirla, las obreras reaccionan: levantan el cadáver y lo retiran.
No es un funeral: es higiene del hormiguero
Este comportamiento se llama necroforesis. Consiste en retirar los cuerpos muertos de la colonia para evitar que hongos, bacterias u otros patógenos se propaguen dentro del nido. En un hormiguero, donde viven cientos, miles o incluso millones de individuos muy juntos, una infección podría extenderse con rapidez.
Por eso, muchas hormigas llevan a sus compañeras muertas a zonas de desecho o lugares alejados de las cámaras principales. No siempre las "entierran" como lo haría una persona; a veces simplemente las depositan en un vertedero del hormiguero o fuera de él. Lo importante es separar el cuerpo de la zona donde están la reina, los huevos, las larvas y el alimento.
¿Y si la hormiga muerta vuelve al nido?
Si un cadáver queda dentro del nido, las obreras pueden detectarlo y sacarlo de nuevo. Este sistema es tan automático que, en algunos experimentos, cuando una hormiga viva se impregna con sustancias asociadas a la muerte, sus compañeras pueden intentar retirarla como si fuera un cadáver. La señal química pesa más que la apariencia.
Cuando una hormiga entra en un nido que no es suyo
La vida social de las hormigas también depende del reconocimiento. Cada colonia posee un olor característico, una especie de "documento de identidad" químico formado por sustancias presentes en la cutícula, la capa externa del cuerpo. Cuando dos hormigas se encuentran, se tocan con las antenas y comparan olores.
Si una hormiga entra en un nido que no es suyo, las guardianas pueden detectarla como intrusa. En muchas especies, la respuesta es rápida: la rodean, la muerden, la expulsan o incluso la matan. Para la colonia, permitir la entrada de una extraña puede ser peligroso, porque podría robar alimento, atacar crías, transmitir enfermedades o pertenecer a una colonia rival.
Sin embargo, no todas las especies reaccionan igual. Algunas hormigas son más agresivas que otras, y ciertas colonias pueden tolerar temporalmente a individuos ajenos si los olores son parecidos o si las condiciones ambientales reducen la agresividad. Aun así, lo habitual es que el olor de la colonia marque la frontera entre "familia" y "enemigo".
Un mundo gobernado por señales invisibles
Lo que para nosotros parece una escena curiosa —una hormiga cargando a otra muerta— es, en realidad, una medida sanitaria. Y lo que parece una simple entrada equivocada en un hormiguero puede convertirse en un conflicto de vida o muerte. En el universo de las hormigas, los olores deciden quién pertenece al grupo, quién debe salir y qué cuerpos deben ser retirados para proteger a toda la colonia.





San Pedro Alcántara
Guía de San Pedro Alcántara
Comentarios
Aviso





