Las modas son cíclicas. Lo que una vez estuvo de moda hace muchos años vuelve a ponerse, en ocasiones de la misma forma, en otros casos de una forma adaptada. Lo hemos visto con las películas, con la música, la ropa… aunque lo más sorprendente es ver cómo diferentes objetos de una época pasada vuelven a ser tendencia.
En una era en donde lo digital es lo que dicta sentencia, resulta especialmente curioso ver cómo los vinilos y los cassettes están viviendo una segunda juventud. Ya sea por nostalgia o por el ansia de una generación en descubrir lo que otras anteriores disfrutaron en su día, lo cierto es que tanto el vinilo como el cassette han dejado de ser una moda pasajera.
Probablemente nadie te aconsejaría montar una tienda de vinilos como negocio, pero en este 2026 hay muchas plantas de vinilo que están trabajando a tres turnos para satisfacer una demanda que hasta hace dos décadas estuvo al borde de la extinción. Parecido está pasando con las fábricas de cinta magnética.
Este movimiento parece formar parte de una respuesta cultural y económica a la inmaterialidad de la era del bit. Gracias a todo esto hemos recuperado sensaciones bastante placenteras, por ejemplo, poder escuchar la música de tu artista favorito con la caja de la cinta o del disco en la mano.
El vinilo por encima del CD
Se trata del tercer año consecutivo en que las ventas en formato físico del vinilo superan a las del CD en mercados como el de Estados Unidos, Reino Unido y también el de España. Si analizamos las diferencias que existen entre ambos formatos nos damos cuenta de que son bastante notables y parece que cuesta entender cómo alguien elegiría un formato voluminoso y delicado como el vinilo en comparación a un CD o una reproducción digital.

A pesar de todas las inconveniencias que pueda tener el vinilo, este ofrece algo que la música digital nunca logrará alcanzar: el ritual.
Este ritual consiste en sacar el disco de la funda y colocar la aguja con precisión esperando el leve siseo del tocadiscos antes de que la música inunde la habitación. Esto es algo inigualable, una sensación parecida a la que era acudir al videoclub del barrio a alquilar una película en comparación a elegir una entre cientos de la plataforma digital.
Además del ritual, el arte de muchas cajas de vinilos también es de lo más apreciado. Portadas de 31x31 centímetros que permiten apreciar el diseño gráfico del artista junto a las letras o fotografías del propio gusto sin tener que forzar la vista. Muchas personas hacen de estas cajas de vinilo su propia decoración y, además, cuando se trata del artista favorito hablamos de una extensión de la identidad de la persona.
Una forma muy bonita de poder decorar una casa y declarar el amor por la música, en concreto, de un artista o grupo definido. El arte en las portadas de los vinilos sirve para convertir la casa en un pequeño museo tributo a aquellos artistas que han marcado una época y que ahora se homenajea escuchando algunos de sus discos como fueron concebidos en un principio.
El cassette y la propiedad real
Frente al auge analógico la compra de vinilos y cassettes responde a una necesidad psicológica, la propiedad real. Escuchar música a través de internet y contar con discos digitales no te convierte en poseedor del producto. Ni somos dueños de las películas que vemos ni de la música que escuchamos.
Si el día de mañana nuestra plataforma de streaming favorita decide cerrar, ¿qué pasaría con nuestra música? ¿qué sucedería con todo el dinero invertido? Tener un vinilo o una cinta de cassette te asegura poder disfrutar durante muchos años, ya que son una garantía de permanencia. Básicamente, si lo tienes en tu estantería nadie te lo puede quitar.
En definitiva, esto no quiere decir ni mucho menos que el streaming vaya a desaparecer, pero en 2026 contar con un tocadiscos en el salón no es ningún acto de ludismo ni un rechazo al progreso, sino que es una forma maravillosa de plasmar el amor por el arte.





Guía de San Pedro Alcántara
Comentarios
Aviso





