La exposición prolongada a entornos degradados, ya sea por contaminación del agua, incendios o pérdida de ecosistemas, puede generar lo que se denomina como 'inseguridad ambiental', una forma de vulnerabilidad psicológica asociada al acceso limitado a recursos esenciales y a la percepción de vivir en un entorno en riesgo. Ésta es una de las principales conclusiones de un estudio desarrollado por personal investigador del Instituto de Estudios Sociales Avanzados (IESA-CSIC) y de la Universidad Pablo de Olavide, publicado recientemente en la revista Frontiers in Environmental Science.
La investigación, impulsada por Ángela Vidal Pando y Rafael Serrano del Rosal, analiza la relación entre distintos factores ambientales y la salud de más de 28.000 personas procedentes de 21 países europeos. Para ello, emplea la salud 'autopercibida', un indicador robusto y ampliamente utilizado que no se limita al estado físico, sino que capta también otras dimensiones de la salud como la psicológica y la social.
El estudio destaca que la salud de las personas no depende únicamente de factores individuales o de sus hábitos de vida; el entorno desempeña también un papel fundamental. Además, une variables individuales como la edad, el género o el nivel educativo, procedentes de la Encuesta Social Europea, con indicadores contextuales del entorno de cada país relacionados con el clima, la contaminación y diversos riesgos ambientales.
Los resultados revelan que la acumulación de presiones ambientales no se distribuye de manera homogénea en Europa, sino que existen diferencias territoriales significativas. Asimismo, los espacios sometidos a mayores niveles de presión ambiental tienden a registrar peores resultados de salud. Esta relación no es, sin embargo, ni uniforme ni determinista: "los factores sociales e institucionales desempeñan un papel fundamental a la hora de reducir o amplificar estos efectos del entorno sobre la salud de la población", explica Ángela Vidal Pando, investigadora predoctoral del IESA-CSIC y doctoranda en Sociología y Medioambiente de la Universidad Pablo de Olavide.
El trabajo se inscribe en el enfoque One Health y desde este marco integrador propone un índice de presión ambiental que integra simultáneamente factores climáticos, hídricos, de contaminación y de uso del suelo, frente a aproximaciones previas que tendían a analizar estos factores de forma aislada. Así, permite examinar de forma conjunta distintas dimensiones del entorno y analizar cómo se relacionan con la salud en el contexto europeo comparado.
"La salud es un fenómeno multidimensional y está condicionada por factores que van mucho más allá de las características individuales. Comprender cómo interactúan las condiciones sociales y ambientales resulta esencial para explicar las desigualdades en salud y así poder diseñar políticas públicas adaptadas a las necesidades de cada territorio", recuerda el investigador principal del proyecto, Rafael Serrano.
Factores ambientales
La investigación sostiene que el entorno no actúa únicamente como fuente de riesgo. Determinadas características ambientales también pueden ejercer efectos beneficiosos sobre la salud. Entre ellas destacan las condiciones climáticas más favorables y la presencia de áreas azules —ríos, lagos o zonas costeras—, que se asocian a un mayor bienestar. Sin embargo, el estudio también evidencia que esta dimensión tiene una cara opuesta: la contaminación del agua y la presión sobre los recursos hídricos que se asocian negativamente con la salud, lo que subraya que "no es el agua en sí, sino su calidad y accesibilidad, lo que marca la diferencia", explica Angela Vidal.
En casos como el de los incendios forestales, esta experiencia puede derivar en formas de "duelo ambiental" asociadas a la pérdida de biodiversidad y de la relación con el territorio.
Desigualdades en Europa
El índice de presión ambiental construido en el estudio permite visualizar cómo se distribuyen estas desigualdades a escala continental. En términos generales, los países del norte y centro de Europa tienden a combinar menores niveles de presión ambiental con mejores resultados de salud. España "constituye un caso especialmente interesante dentro del contexto europeo: a pesar de su exposición a presiones ambientales asociadas al calor extremo, la escasez hídrica y los incendios forestales, sus resultados en salud autopercibida se sitúan próximos a la media europea. Este patrón refuerza la idea de que la relación entre medioambiente y salud está mediada por factores sociales e institucionales que pueden reducir o amplificar los efectos de las condiciones ambientales sobre la población" indican los responsables del estudio.
Estos hallazgos refuerzan la necesidad de diseñar políticas públicas sensibles a las particularidades de cada territorio, orientadas tanto a reducir las vulnerabilidades existentes como a potenciar los recursos ambientales que favorecen la salud y el bienestar.





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