Zaragoza logró hacerse un lugar muy importante en el "turismo oscuro", definición que se aplica a destinos elegidos por personas que buscan emociones fuertes, interesados en conocer sitios donde ocurrieron crímenes tan salvajes que las crónicas policiales siguen hablando de ellos décadas después de ocurridos los hechos.
El crimen de las francesas (parque eólico de Sos)
Nathalie Paque, una mujer francesa de 54 años, asesinó a su amiga, Pascale Lenglart, de 58 años, con la que se estaba haciendo turismo por España. El cuerpo fue encontrado en el parque eólico de Sos del Rey Católico el 18 de agosto de 2018. La homicida le quitó la documentación a su víctima y luego se hizo pasar por ella, usando sus tarjetas de crédito y su coche.
El cuerpo de Lenglart fue encontrado por un empleado de mantenimiento. Según la investigación policial, durante las semanas anteriores al crimen las mujeres habían viajado por diferentes localidades españoles hasta que Paque asesinó a su amiga dentro de su propio auto.
La autopsia reveló que la víctima fue golpeada y herida dos veces con un arma blanca, pero la causa de su muerte fue el estrangulamiento; tras el crimen, Paque llevó el cadáver al paraje donde fue encontrado y escapó usando el coche de Lenglart; sin embargo, en ese punto, la historia dio un giro macabro porque, días después de ocurrido el hecho, la asesina compró en Francia 25 kilos de cal viva, una pala y regresó a España con la intención de ocultar mejor su crimen, sin embargo, para ese momento la policía ya había descubierto el asesinato y estaba investigando lo ocurrido.

Crimen de las francesas
Poco después, Paque fue detenida y recibió una condenada de 20 años de cárcel. Durante el juicio afirmó que cometió el asesinato en un ataque de furia porque su amiga la rechazó cuando le reveló su amor.
El crimen del cuchillo y el balcón (número 31 de la calle de Leopoldo Romero)
Katia Carolina Altamirano Blandón fue asesinada de 64 brutales cuchilladas por Rubén Calvo Ropero, su expareja, quien, tras cometer el crimen, trató de matarse saltando al vacío desde el balcón de su departamento, situado en un quinto piso, pero aterrizó sobre una furgoneta que amortiguó la caída y le salvó la vida.
Todo ocurrió a las 0.15 del 23 de mayo de 2021, en la casa del criminal, ubicada en número 31 de la calle de Leopoldo Romero. Según la investigación, la víctima acudió al lugar engañada luego que su exnovio la llamara por teléfono diciéndole que no se encontraba bien y necesitaba su ayuda.
Los gritos de auxilio de Katia alarmaron a una vecina que avisó al 112 y la Policía Nacional acudió rápidamente al departamento. Calvo Ropero se negó a dejarlos entrar y los agentes escucharon que decía: "¡Hija de puta, esto es por tu culpa!". A continuación, antes de arrojarse al vacío, gritó a través de la puerta: "¡Me caerán 30 años! ¡Me cortarán la polla! ¡Llamad a mi padre!".
Tras recuperarse de sus heridas, el victimario fue llevado a juicio y condenado a 23 años y tres meses de prisión.
El crimen de Malcolm: (calle de Fueros de Aragón y avenida de Gómez Laguna)
Malcolm Abdul Harvey, un sheriff de 44 años, murió en 2016 de cáncer en, Estados Unidos, y hoy nadie recordaría su nombre si no hubiera sido identificado, tardíamente, como el hombre que en 1992 asesinó a Mercedes Lázaro y a Eva María Aznárez.
Así lo determinó en 2024 el Grupo de Homicidios y el Instituto de Medicina Legal de Aragón, cuyos expertos analizaron los dos asesinatos por iniciativa del magistrado Rafael Lasala y del abogado de la familia Lázaro, Ignacio de Andrés, quienes impulsaron el caso para que no prescribiera.
Los médicos establecieron que las lesiones que tenían las dos víctimas en la cara y las cervicales se hicieron con la misma manera: usando una técnica que solo conocían los militares norteamericanos.
Tras cometer el asesinato, el marine arrastró los cuerpos de sus víctimas, los acomodó en el piso de una forma similar y, como detalle fetichista, se llevó los zapatos de Mercedes e intentó hacer lo mismo con los de Eva María, pero fracasó porque, en ese momento, fue descubierto por el vigilante de la urbanización y escapó.
El guardia no le vio la cara, pero si llegó a distinguir que era de raza negra y muy alto. Eso le permitió a la Justicia determinar que el asesino era un soldado norteamericano, pero no pudieron identificar a Harvey, que entonces tenía 18 años y era hijo de un importante teniente coronel de la base estadounidense.
El Juzgado de Instrucción 5 hizo una rueda de reconocimiento, pero el homicida, que contaba con la protección de su padre, simplemente no acudió y, ante la escasa colaboración de la justicia y el ejército norteamericano, el caso fue archivado por "falta de autor conocido" hasta que la presión del magistrado Rafael Lasala y la familia Lázaro consiguieron reabrirlo y encontrar al culpable, aunque ya era demasiado tarde porque el culpable llevaba más de una década muerto.
"Es un caso que habla de la perseverancia, la inteligencia y, sobre todo, la valentía de los investigadores para desentrañar un caso camuflado, ni más ni menos, por el enorme poder del ejército norteamericano", remarcó el periodista Carlos Quílez entrevistado por el portal Artículo 14. Para luego reconocer: "El fin de un asesino en serie llega cuando entra en acción el brazo ejecutor de la policía. Pero Harvey escapó de él, y posiblemente hubo más víctimas que nunca conoceremos".





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