Una década después del referéndum del Brexit y tras más de cinco años de negociaciones, los vecinos del Campo de Gibraltar y de Gibraltar vivirán por fin esta semana sus consecuencias: el hito histórico que supondrá el derribo del que es considerado uno de los pasos fronterizos más pequeños del mundo y una barrera física y emocional para los habitantes de ambos lados.
Para los 34.000 vecinos de Gibraltar, que el 23 de junio de 2016 votaron masivamente en contra del Brexit (un 95,9 %), y para los cerca de 300.000 habitantes de los ocho municipios que integran el Campo de Gibraltar concluye este martes, cuando se firme en Bruselas el Tratado entre el Reino Unido y la UE sobre el encaje de Gibraltar, una larga etapa de incertidumbre.
Gibraltar en el espacio Schengen
Un día después, el miércoles 15, ese Tratado entrará provisionalmente en vigor y se inaugurará una nueva etapa en la historia de este enclave porque, frente al miedo que suscitaba que este paso se convirtiera en una frontera "dura", especialmente para los 15.000 trabajadores transfronterizos que cada día entran y salen del Peñón, el acuerdo contempla que desaparezca.

Campo de Gibraltar
Será la principal novedad que traerá el Tratado ya que la colonia británica pasará a formar parte del espacio Schengen de libre circulación al amparo de España, pues el Reino Unido no forma parte de esta alianza.
Con ello, la Verja desaparecerá y los controles de acceso se situarán en el puerto y el aeropuerto de Gibraltar, más concretamente en unas oficinas que se han construido anexas al recinto y desde donde policías españoles estarán comunicados, a través de unos ventanales, con el interior del aeródromo, y a través de sus ordenadores vigilarán el paso de las personas por las máquinas del sistema biométrico de control en acceso a Schengen que habrá en el aeródromo.
Desde 1909 tras una epidemia
A pesar de que las obras en la Verja son visibles desde hace semanas, a quienes las transitan cada día les cuesta imaginar que a partir del próximo miércoles todo será una calle abierta para peatones y vehículos.
Acabará así la Verja, que se colocó en 1909 después de que durante una epidemia de fiebre amarilla en el Peñón España accediera a que en ese espacio, un istmo arenoso e inundable que no fue cedido al Reino Unido en el Tratado de Utrecht de 1713 -como sí el Peñón-, se instalaran temporalmente barracones para acoger a las personas sanas y evitar contagios.
El campamento se quedó y Gibraltar levantó en el extremo del itsmo más cercano a La Línea una verja, la primera estructura metálica y fija que marcaba el paso fronterizo, hasta entonces marcado por instalaciones provisionales de madera.
La Verja fue el eufemismo con el que España evitó llamar 'frontera' a algo que considera que está en un territorio de su soberanía y que hizo que el itsmo acabara dentro de la colonia del Reino Unido.
El espacio se aprovechó para construir un aeropuerto militar, que hoy tiene también uso civil y que a partir del Tratado será de uso conjunto.
Aquella Verja no afectó a las intensas relaciones, incluso familiares, que enlazaban a los 'llanitos' con los vecinos de La Línea de La Concepción, hasta que se convirtió en un pequeño "muro de Berlín" durante 13 años.
Fue en 1969 cuando el dictador Francisco Franco ordenó cerrarla, después de que Reino Unido dotara de un estatuto de autonomía a la colonia, como habían reclamado sus habitantes en un referéndum en el que apostaron masivamente por continuar su relación con Londres.
Franco pensó que "Gibraltar caería como una fruta madura con medidas de aislamiento", según explicaba el que fuera alcalde de La Línea, el socialista Juan Carmona, pero ocurrió todo lo contrario, como muchos años después ha demostrado el hecho de que las nuevas generaciones apenas hablen español.
Aquel cierre separó a familias que, estando a un paseo, debían verse y hablar a través de esa verja.
El primer Consejo de Ministros del primer Gobierno de Felipe González aprobó la apertura a los peatones en diciembre de 1982.
A medianoche del 14 de diciembre de ese año cientos de personas acudieron al paso fronterizo para celebrar la apertura de un paso que en esa etapa solo se había abierto ocasionalmente para el paso de los bomberos, de coches fúnebres o de algún enfermo. Dos años después se abrió el paso a la circulación de vehículos.
Actualmente es un paso que atraviesan a diario unos 15.000 trabajadores transfronterizos, de ellos más de 10.000 españoles, así como unos 200 camiones que en estos años han sufrido colas y atascos, especialmente cuando las relaciones se tensaban y los controles se tornaban más exhaustivos.
En dos días, ese paso desaparecerá e inaugurará una nueva etapa que los políticos que han tejido este complicado acuerdo, y que lo dibujaron en diciembre de 2020 en el 'Acuerdo de Nochevieja', no se cansan de repetir que creará una "zona de prosperidad compartida".





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