Considerada, con toda justicia, una de las ciudades más bellas de España, Salamanca ofrece innumerables atracciones, pero los últimos años uno de los circuitos que más eligen visitar los turistas está formado por lugares donde ocurrieron hechos terribles que generaron crónicas rojas y libros que fueron inmensos éxitos de público y crítica.
La Casa de las Muertes (número 6 de la calle Bordadores)
En 1500, el arquitecto Juan de Álava construyó esta vivienda que se hizo tristemente famosa cuando su propietario, un importante personaje local llamado Don Diego, fue a la guerra y su mujer aprovechó para tener tres amantes; al retornar y enterarse de lo ocurrido, el marido engañado mató, uno por uno, a estos hombres, pero el tercero logró herirlo de gravedad, sin embargo, según el mito popular, tal era su enojo que, antes de perecer, consiguió quitarle la vida a su esposa. Desde ese momento, una leyenda negra comenzó a circular alrededor de esta casa.
Pocos años después ocurrió allí otra historia que también terminó en tragedia: Diego Monroy se enamoró de Elvira Manzano, pero como ella lo rechazó, mató a dos de los hermanos de la joven y luego trató de secuestrarla, ayudado por un sirviente que lo llevó hasta una cueva oculta en el sótano de la vivienda.
En realidad, todo era una trampa, porque allí lo esperaba la madre de Elvira, quien lo ató y encerró en el lugar, condenándolo a morir de hambre y sed. Décadas después, los obreros que realizaban reformas en el lugar encontraron el cuerpo.

Salamanca muestra su belleza monumental mientras algunos de sus rincones alimentan leyendas, crónicas policiales y recorridos de turismo oscuro
La historia no terminó allí porque en 1851, el doctor Alejo Guillén, propietario de la vivienda, falleció y le dejó todo a su sirvienta, María Lozano, quien pocos días después apareció brutalmente asesinada en la vivienda, sin que nunca pudieran encontrarse a los responsables del crimen.
Este nuevo deceso reavivó los mitos sobre "La casa de las muertes", convirtiéndola en uno de los sitios favoritos de los visitantes extranjeros que aman "el turismo oscuro".
El crimen de la Catedral Nueva (Plaza Juan XXIII)
El 1 de julio de 1987, a las 9.30 de la mañana, María del Carmen Pérez López, una monja carmelita de apenas 25 años, fue brutalmente asesinada por su hermanastro.
El diario "El Adelanto de Salamanca" relató los hechos: "Veinte metros, aproximadamente, hay entre la entrada de la Catedral Nueva por la fachada de la plaza de Anaya y la primera columna del interior del templo. No es mucha distancia, pero puede convertirse en una agonía cuando la sangre —y la vida— se escapa a borbotones del cuerpo de una mujer que ha recibido numerosas puñaladas y busca desesperadamente ayuda humana".
Apenas se conoció el crimen, la policía comenzó una investigación que le permitió identificar rápidamente al victimario: José Luis Lago Pérez, de 27 años. Cuando lo detuvieron, encontraron manchas de sangre en su ropa y el machete de 18 centímetros que había usado para atacar a su hermanastra en la Catedral Nueva.
Según las crónicas de la época, el joven sufría esquizofrenia y estaba obsesionado con la idea de que las monjas intentaban matarlo, por eso, en un arrebato de ira, le quitó la vida a María del Carmen.
El asesinato del pianista (número 1 de la calle Forjadores)
El 24 de febrero de 2002, un pianista de 31 años llamado José María Jorge Esteban fue encontrado muerto en su departamento, luego que su familia denunciara que llevaba varios días sin comunicarse con ellos. Su cuerpo estaba desnudo, tirado a los pies de la cama, y las paredes manchadas con sangre.
La autopsia reveló que recibió seis puñaladas en el cuello realizadas con un arma blanca, probablemente una navaja.
Según sus vecinas del edificio, cuyo testimonio recogió Salamanca 24 horas, "era muy educado y siempre que lo veías te saludaba. Se pasaba todo el día tocando el piano que tenía en el comedor, pero, eso sí, siempre paraba a las diez de la noche. Era un chaval majísimo".
Los investigadores encontraron los guantes de látex que usó el asesino y esbozaron la hipótesis de lo ocurrido: un conocido del pianista acudió al departamento, lo apuñaló en el dormitorio, se lavó las manos en el baño y se fue; sin embargo, dejó dos pistas que, en ese momento, parecían muy importantes: una huella en un mueble de la vivienda y otra en uno de los interruptores del rellano, pero, al no ser impresiones claras, no se pudo identificar a quién pertenecían.
En julio de 2003, ante la falta de pruebas, el juzgado archivó la causa y el asesino nunca pudo ser encontrado. Fuentes policiales le confiaron a Salamanca 24 horas que "este caso es, sin ninguna duda, una espina clavada que tienen los agentes de la Comisaría de la Policía Nacional de Salamanca que investigaron el suceso".





San Pedro Alcántara
Guía de San Pedro Alcántara
Comentarios
Aviso





