La dorada, una especie de interés pesquero que migra según las estaciones, no forma poblaciones locales independientes en el Mediterráneo noroccidental, sino una única población funcionalmente conectada a gran escala: los individuos pasan el verano alimentándose en las lagunas costeras del golfo de León y, cada otoño, realizan migraciones reproductivas de cientos de kilómetros a zonas comunes de puesta en mar abierto, principalmente en la región de Marsella, pero también en sectores de la costa catalana. Repiten este patrón año tras año.
Este es uno de los resultados más destacados derivados de los proyectos RESMED, liderado por el profesor Bernat Hereu, de la Facultad de Biología y el Instituto de Investigación de la Biodiversidad (IRBio) de la Universidad de Barcelona, y CONNECT-MED, dirigido por el experto Jérôme Bourjea, del Instituto Francés de Investigación para la Explotación del Mar (IFREMER). Las conclusiones las publica ahora un estudio en la revista Movement Ecology.
La dorada (Sparus aurata) es una especie emblemática del Mediterráneo y tiene un lugar destacado en el sector pesquero y en la estructura de los ecosistemas marinos. A pesar de la importancia ecológica y económica de esta especie, sus migraciones reproductivas —una fase clave del ciclo vital— son poco conocidas por la comunidad científica.
La desconocida migración de la dorada hacia las islas Medes para reproducirse
Año tras año, la dorada adopta un ritmo de vida estacional muy marcado: de abril a septiembre, la especie permanece en una laguna del golfo de León para alimentarse, y en otoño abandona las lagunas para dirigirse a las zonas de reproducción marinas, donde se concentra de octubre a diciembre para volver después a la laguna de origen.

La zona principal de reproducción es la región de Marsella, que incluye el parque nacional de las Calanques y el parque natural regional de la Costa Azul. "Todo indica que la gran mayoría de las doradas del golfo de León se concentran de octubre a principios de diciembre en la región de Marsella para reproducirse, una fase vital para las poblaciones, pero también una fase de gran vulnerabilidad frente a las pesquerías si no existe una gestión eficaz y sostenible", destaca Jérôme Bourjea.
El estudio desvela ahora por primera vez —con datos directos de seguimiento mediante telemetría acústica— un dato asombroso que cambia el mapa migratorio de la dorada en la época de reproducción: dos terceras partes migran hacia las aguas de Marsella para reproducirse, "pero un tercio de la población se desplaza en sentido contrario hasta llegar a la costa catalana, en un lugar que aún hay que identificar con precisión", detalla el profesor Bernat Hereu, del Departamento de Biología Evolutiva, Ecología y Ciencias Ambientales de la UB.
Puesto que la dorada es una especie explotada comercialmente a ambos lados del litoral marino de los Pirineos, los expertos indican que sería importante consensuar los procesos de gestión de poblaciones de peces compartidos entre países, tal como se ha hecho con especies pelágicas como el atún rojo o el pez espada.
El estudio se basa en un dispositivo excepcional de telemetría acústica: se han seguido 222 doradas mediante pequeños emisores acústicos durante tres años (2019-2022), y se han desplegado más de 180 sensores submarinos o estaciones de escucha, desde España hasta las calanques de Marsella, desde las lagunas hasta mar abierto. En total, se han realizado más de 700.000 detecciones para reconstruir los desplazamientos de los individuos a lo largo de unos cuatrocientos kilómetros de costa a ambos lados del litoral marino de los Pirineos.
El trabajo confirma el potencial de las redes regionales de telemetría acústica para estudiar la conectividad de especies costeras de interés —es decir, los vínculos entre poblaciones de animales marinos entre diferentes regiones marinas—, como la dorada o la lubina (Dicentrarchus labrax), así como para comprender el impacto de los parques eólicos marinos en las comunidades de peces.





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