La Princesa de Asturias, Doña Leonor de Borbón, ha vuelto a ponerse a los mandos de una aeronave de entrenamiento en la Academia General del Aire y del Espacio, firmando un nuevo hito en su formación castrense, en lo que supone su segundo vuelo en solitario. La jornada dibuja la imagen de la heredera al trono en la recta final de su instrucción militar.
A bordo de un Pilatus PC-21, el aparato que constituye en la actualidad la columna vertebral de la enseñanza de pilotos del Ejército del Aire y del Espacio, la Princesa completó una maniobra que trasciende lo simbólico. No se trata ya de la suelta inicial —que realizó en diciembre—, sino de la consolidación de su autonomía en cabina: navegación, control de sistemas y toma de decisiones sin instructor, en un entorno que simula condiciones reales de vuelo militar.

El vuelo se enmarca en las últimas semanas de su paso por la academia de San Javier, tercera y última etapa de un itinerario militar diseñado para la futura Jefa del Estado.
Pero la jornada no se limita al hito aeronáutico. En paralelo, la princesa continúa participando en ejercicios de alta exigencia, como el programa SERE (Supervivencia, Evasión, Resistencia y Escape), destinado a preparar a los pilotos ante escenarios extremos, así como en actos de mando, donde ha llegado a dirigir secciones de cadetes o presidir izados de bandera.





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