Pamela B. Faber, catedrática emérita ad honorem del Departamento de Traducción e Interpretación de la Universidad de Granada, ha desarrollado una investigación sobre el fraude romántico en línea que combina lingüística cognitiva, análisis del discurso y lingüística de corpus para estudiar cómo los delincuentes construyen relaciones afectivas falsas con el objetivo de obtener dinero de sus víctimas.
La investigación se basa en más de cuatro años de trabajo y en interacciones mantenidas con más de 150 estafadores que operaban en plataformas digitales bajo identidades ficticias. Entre los estafadores aparecen todo tipo de profesiones: supuestos generales estadounidenses destinados en zonas de conflicto, médicos vinculados a organizaciones internacionales, trabajadores de plataformas petrolíferas, contratistas independientes, capitanes de barco e incluso celebridades. Para estar a la altura, la catedrática se convirtió "en una viuda adinerada que vivía en una mansión, tenía un coche de lujo de alta gama y un chófer", cuenta ella.
A lo largo del estudio, Faber llegó a mantener conversaciones con 51 presuntos generales estadounidenses, 29 supuestos médicos de Naciones Unidas y 20 trabajadores de plataformas petrolíferas, por citar algunos. Según explica la investigadora, estos perfiles suelen compartir características comunes: se presentan como profesionales de prestigio que desarrollan su labor en entornos peligrosos o de gran responsabilidad, afirman haber enviudado o atravesado una ruptura sentimental y aseguran estar buscando una relación estable basada en la confianza y la sinceridad. Pero tras el amor, llega la petición urgente de dinero con todo tipo de excusas. A partir de estas conversaciones, la investigadora reunió el corpus lingüístico LoveFraud03, integrado por más de dos millones de palabras procedentes de intercambios reales. Para ello utilizó una metodología de tipo honeytrap o trampa de miel, presentándose en redes sociales como una viuda acomodada, uno de los perfiles más frecuentemente seleccionados por este tipo de organizaciones criminales.
Los resultados de este trabajo, que se recogen en diversas publicaciones científicas, demuestran que el éxito de estas estafas no depende únicamente de la ingeniería social, sino también del uso estratégico del lenguaje. En una de las publicaciones –The Language of Love Fraud– Faber aplica la semántica de marcos y la lingüística de corpus para estudiar cómo los estafadores activan marcos cognitivos asociados al amor, la confianza, la protección o el compromiso. La investigación muestra que determinadas elecciones léxicas pueden llevar a las víctimas a pasar por alto incorrecciones sintácticas, contradicciones en los relatos o peticiones económicas poco verosímiles.
El trabajo también ha permitido identificar elementos característicos del funcionamiento interno de estas redes. Entre ellos figura el uso recurrente del término alaye, empleado por los estafadores para reconocerse entre sí, así como la existencia de los llamados Hustler Kingdoms, centros informales de formación detectados en África Occidental, donde jóvenes aprendices reciben entrenamiento específico para desarrollar técnicas de engaño dirigidas a mujeres occidentales.
El trabajo cuenta con una ventaja importante: la colaboración, llegado un punto, de algunos de los estafadores que mostraron sus técnicas. De hecho, once de los delincuentes con los que interactuó la investigadora terminaron reconociendo expresamente su actividad fraudulenta y tres de ellos colaboraron posteriormente aportando información sobre los métodos utilizados por estas organizaciones. Estas confesiones permitieron conocer con mayor detalle la estructura y los procedimientos de una actividad que mueve millones de euros en distintos países del mundo.
Las dimensiones económicas del fenómeno son considerables. Según datos recopilados por Faber a partir de organismos oficiales internacionales, las pérdidas atribuidas a las estafas románticas alcanzaron los 1.300 millones de dólares en Estados Unidos durante 2022. En el Reino Unido, las víctimas entregaron 88 millones de libras esterlinas ese mismo año, mientras que las pérdidas medias por afectado se sitúan en miles de euros o dólares, dependiendo del país.
La repercusión divulgativa del proyecto también ha trascendido el ámbito académico. La experiencia personal de Faber interactuando con decenas de falsos pretendientes fue recogida en el reportaje Granny Bites Back –La abuela contraataca–, publicado por la revista británica That's Life!. En él relata algunos de los episodios más llamativos de una investigación que le permitió observar desde dentro el funcionamiento de esta industria global del fraude.





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