Irán presentó este sábado una lista de exigencias que, según afirmó, Estados Unidos debe cumplir antes de que Teherán proceda a reabrir el tráfico marítimo por el estrecho de Ormuz, una de las rutas energéticas más estratégicas del mundo. Entre las condiciones planteadas figuran el fin del bloqueo naval, el levantamiento de sanciones, la liberación de activos iraníes congelados y el pago de compensaciones por daños derivados de la guerra.
El anuncio fue realizado por el secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional iraní, Mohamad Baqer Zolgadr, en un comunicado difundido por la agencia estatal IRNA. "Hasta que Estados Unidos no corrija su comportamiento, el estrecho de Ormuz no será abierto", afirmó el alto funcionario, en una declaración que endurece la posición de Teherán y añade incertidumbre a los esfuerzos diplomáticos para restablecer la navegación comercial en la zona.
Zolgadr detalló seis condiciones que, según el Gobierno iraní, constituyen la base mínima para cualquier reapertura. Además del levantamiento del bloqueo naval y de las sanciones económicas, Irán reclama la liberación incondicional de sus fondos bloqueados en el extranjero, la compensación por los daños ocasionados por lo que Teherán describe como "dos guerras impuestas", el cese de las amenazas contra la República Islámica y el fin de las operaciones militares contra Irán y sus aliados regionales en Líbano, Palestina, Yemen e Irak. También exige la retirada de las fuerzas estadounidenses desplegadas en torno al país.

Un petrolero cruza aguas próximas al estrecho de Ormuz, paso estratégico para el comercio energético mundial, en medio de crecientes tensiones diplomáticas y militares entre Irán y Estados Unidos
La declaración llega en un momento especialmente delicado. El estrecho de Ormuz, situado entre Irán y Omán, es una vía clave para el transporte de petróleo y gas natural desde el golfo Pérsico hacia los mercados internacionales. Antes de la crisis, por ese corredor transitaba una parte sustancial del comercio energético mundial, por lo que cualquier interrupción prolongada puede repercutir en los precios del crudo, en las cadenas de suministro y en la estabilidad de los mercados.
La posición iraní también se produce mientras Teherán y Mascate mantienen conversaciones sobre un mecanismo jurídico y técnico para ordenar la navegación por el estrecho. El ministro iraní de Exteriores, Abás Araqchí, aseguró que ambos países están "muy cerca" de alcanzar un acuerdo sobre la gestión del paso marítimo y la determinación de rutas de tránsito. Sin embargo, Araqchí subrayó que un entendimiento bilateral con Omán no implicaría automáticamente la reapertura plena de Ormuz, ya que, según Teherán, esa decisión depende de que Washington responda a sus demandas.
La Guardia Revolucionaria iraní reforzó esa línea de presión. Su portavoz, el general Hosein Mohebí, afirmó que la reapertura del paso marítimo dependerá de que Estados Unidos acepte plenamente las condiciones de Irán y deje de interferir en las negociaciones regionales. En paralelo, Omán, que actúa como interlocutor clave en la zona, señaló que las conversaciones con Irán se desarrollan en un ambiente "positivo y constructivo", aunque advirtió de que los ataques contra buques que transitan por Ormuz pueden afectar el progreso alcanzado.
La tensión se ha visto agravada por denuncias recientes de incidentes contra embarcaciones comerciales. Emiratos Árabes Unidos acusó a Irán de haber atacado un buque vinculado a la empresa estatal ADNOC mientras transitaba por el estrecho, aunque no se reportaron víctimas. Teherán no respondió de inmediato a esas acusaciones. Estos episodios aumentan el riesgo de que una disputa diplomática se transforme en una crisis marítima de mayor alcance, con consecuencias para los países ribereños y para los consumidores de energía en todo el mundo.
Desde Washington, las señales han sido cautelosas. Funcionarios estadounidenses han sostenido que cualquier esquema de tránsito debe garantizar el paso seguro y sin impedimentos de los barcos comerciales. La Casa Blanca ha insistido en que el estrecho es una vía internacional y que ningún acuerdo debería permitir restricciones unilaterales. Teherán, por su parte, sostiene que el control de la navegación en la zona forma parte de su capacidad estratégica y de su seguridad nacional.
La lista de exigencias iraníes sitúa las negociaciones en un punto de máxima complejidad. Algunas demandas, como el levantamiento de sanciones o la liberación de activos congelados, ya habían estado presentes en conversaciones anteriores y en memorandos de entendimiento. Otras, como la retirada de fuerzas estadounidenses de la región y la compensación por daños de guerra, parecen más difíciles de aceptar para Washington en el corto plazo, lo que reduce las posibilidades de una solución inmediata.
El desenlace dependerá de la capacidad de las partes para separar las conversaciones técnicas sobre rutas marítimas de las demandas políticas y militares más amplias. Mientras tanto, el estrecho de Ormuz continúa siendo un punto de fricción decisivo en Oriente Medio. Para Irán, representa una herramienta de presión estratégica; para Estados Unidos y sus aliados, una ruta cuyo cierre prolongado amenaza la seguridad energética global. En ese equilibrio inestable, cualquier avance diplomático será observado con atención por los mercados, los gobiernos regionales y las compañías navieras que dependen de la normalización del tráfico en una de las arterias marítimas más sensibles del planeta.





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