Irán lanzó este miércoles una nueva ofensiva con misiles y drones contra posiciones de grupos opositores kurdos iraníes en la provincia de Erbil, dentro de la región semiautónoma del Kurdistán iraquí, según informó el medio kurdo Rudaw. De acuerdo con los primeros reportes, los ataques no dejaron víctimas mortales, aunque sí volvieron a elevar la tensión en una zona que desde hace meses se ha convertido en escenario de operaciones militares transfronterizas.
La ofensiva se dirigió contra bases y campamentos de organizaciones kurdas iraníes opositoras a la República Islámica, localizadas en el valle de Alana, a unos 90 kilómetros al noreste de Erbil, la capital del Kurdistán iraquí. Fuentes de las fuerzas peshmerga citadas por Rudaw aseguraron que Teherán disparó "varios misiles y drones" contra posiciones vinculadas a grupos como Komala y el Partido Democrático del Kurdistán de Irán, organizaciones que Irán considera terroristas y a las que acusa de operar contra su seguridad nacional desde territorio iraquí.
Según el mismo medio, dos drones cayeron en la zona sin causar víctimas, mientras que otro impactó contra una vivienda en el distrito de Soran. También se registraron impactos o caídas de aparatos en áreas de Khalifan y Harir, donde uno de los drones provocó un incendio en zonas de vegetación. Las autoridades locales no informaron inicialmente de fallecidos, aunque los ataques se produjeron después de una jornada previa en la que misiles iraníes alcanzaron instalaciones de Komala y dejaron al menos dos combatientes con heridas leves.

Misiles y drones atribuidos a Irán vuelven a golpear posiciones de grupos kurdos iraníes en el norte de Irak, en una ofensiva que eleva la tensión en la región semiautónoma del Kurdistán
Estos bombardeos forman parte de una campaña más amplia de presión militar de Irán contra los grupos kurdos iraníes asentados en el norte de Irak. Desde el inicio de la guerra regional que enfrenta a Irán con Estados Unidos e Israel, el pasado 28 de febrero, Teherán ha intensificado sus ataques contra bases de oposición kurda en el Kurdistán iraquí. Dirigentes de Komala han denunciado que sus posiciones han sido blanco de más de un centenar de misiles y drones desde el comienzo del conflicto, mientras que medios regionales señalan que otras formaciones, como el Partido para la Libertad del Kurdistán, también han sufrido repetidos bombardeos.
Teherán sostiene que estas organizaciones utilizan territorio iraquí como plataforma para actividades armadas, de inteligencia o infiltración contra la República Islámica. Por ello, ha exigido en reiteradas ocasiones al Gobierno central de Bagdad y a las autoridades kurdoiraquíes que desarmen o expulsen a los grupos opositores kurdos iraníes. Las autoridades del Kurdistán iraquí, por su parte, han defendido su neutralidad en el conflicto regional y han condenado en otras ocasiones los ataques que vulneran su territorio, al advertir del riesgo de arrastrar a Irak a una confrontación más amplia.
La provincia de Erbil y otras zonas del norte iraquí han quedado en una posición especialmente vulnerable por su proximidad a la frontera iraní y por la presencia histórica de partidos kurdos iraníes en el exilio. Estos grupos, entre ellos Komala y el Partido Democrático del Kurdistán de Irán, mantienen bases políticas y militares en la región desde hace décadas. Aunque su capacidad operativa varía, Irán los acusa de fomentar el separatismo y de colaborar con potencias extranjeras. Los grupos kurdos rechazan esas acusaciones y denuncian que los ataques iraníes buscan silenciar la oposición y proyectar fuerza en medio de una crisis interna y regional.
El nuevo ataque también se produce en un contexto de estancamiento diplomático entre Washington y Teherán y de creciente militarización del norte de Irak. El medio Rudaw informó que los bombardeos de este miércoles sucedieron a otros lanzamientos efectuados el día anterior contra la misma zona. Organizaciones kurdas han asegurado que la ofensiva iraní es continuada y que afecta no solo a posiciones militares, sino también a campamentos familiares, instalaciones médicas y centros educativos vinculados a los partidos opositores.
Para Irak, la repetición de ataques en su territorio representa un desafío político y de seguridad. Bagdad intenta equilibrar sus relaciones con Irán, un vecino poderoso y con gran influencia en el país, y con las autoridades kurdas, que administran de facto buena parte del norte iraquí. Cada nueva incursión aumenta la presión sobre el Gobierno iraquí para responder a las denuncias de violación de soberanía, pero también expone las limitaciones del Estado para controlar la presencia de actores armados en sus zonas fronterizas.
Más allá del balance inmediato de daños, el episodio confirma que el Kurdistán iraquí continúa siendo uno de los frentes secundarios más sensibles del conflicto regional. La ausencia de víctimas no reduce la gravedad de una dinámica que combina rivalidades étnicas, disputas fronterizas, cálculos de seguridad iraníes y el impacto de la guerra más amplia en Oriente Medio. Mientras no exista un acuerdo político que aborde la situación de los grupos kurdos iraníes exiliados y garantice la soberanía iraquí, la región seguirá expuesta a nuevos ataques y a una escalada difícil de contener.





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