Ucrania lanzó durante la madrugada de este miércoles un ataque masivo con drones contra la ciudad rusa de Novorossíisk, situada a orillas del mar Negro y considerada uno de los principales centros portuarios y logísticos del sur de Rusia. Según las autoridades locales citadas por agencias internacionales, la ofensiva dejó al menos dos muertos, entre ellos un menor, y varios heridos, además de daños en edificios residenciales, empresas y otras instalaciones urbanas.
El alcalde de Novorossíisk, Andréi Kravchenko, informó en Telegram de que los drones impactaron o cayeron sobre distintos puntos de la ciudad, provocando daños en cuatro empresas y en más de una veintena de edificios residenciales. De acuerdo con el gobernador de la región de Krasnodar, Veniamín Kondrátiev, ocho personas resultaron heridas, incluido un menor, mientras que otra persona murió y varias más sufrieron lesiones en zonas próximas de la región. Las autoridades rusas no precisaron de inmediato la magnitud total de los daños materiales ni si alguna infraestructura portuaria crítica había sido alcanzada directamente.
Durante la noche circularon en canales rusos de Telegram imágenes no verificadas que supuestamente mostraban columnas de fuego y humo elevándose desde algún punto de Novorossíisk. La ciudad, ubicada en el krai de Krasnodar, alberga uno de los mayores puertos rusos del mar Negro y desempeña un papel relevante en la exportación de petróleo, cereales y otros productos. Esa condición estratégica la ha convertido en un objetivo especialmente sensible dentro de la guerra, en un momento en el que Kiev ha intensificado sus operaciones contra centros energéticos, logísticos y marítimos rusos.

Imagen ilustrativa del ataque con drones contra la ciudad portuaria rusa de Novorossíisk, en el mar Negro, una zona estratégica para la logística y las exportaciones de Rusia
Medios ucranianos y observadores de fuentes abiertas señalaron que el ataque se prolongó durante más de cinco horas y que las defensas antiaéreas rusas estuvieron activas en distintos sectores de la ciudad. Algunas informaciones apuntaron también al posible uso de drones navales no tripulados, además de aeronaves no tripuladas, aunque estos extremos no pudieron ser confirmados de forma independiente. El propio Ayuntamiento reconoció daños provocados por restos de aparatos derribados, una fórmula empleada habitualmente por las autoridades rusas para describir incidentes en los que drones interceptados terminan impactando en zonas urbanas.
Novorossíisk no es un punto más en el mapa de la guerra. Su puerto es una de las principales puertas marítimas rusas hacia el mar Negro y ha sido relacionado en ocasiones anteriores con operaciones de exportación energética y con la actividad de buques vinculados a la campaña militar rusa. Ataques previos contra instalaciones como la terminal petrolera de Sheskharis ya habían mostrado la vulnerabilidad de esta zona ante las incursiones ucranianas de largo alcance. Para Kiev, golpear estos nodos supone presionar la economía rusa, complicar su logística militar y trasladar el coste de la guerra lejos de la línea del frente.
El ataque se produjo en paralelo a otros incidentes en la región del mar Negro. En Sebastopol, en la península de Crimea ocupada por Rusia, las autoridades prorrusas aseguraron haber derribado más de tres decenas de drones, aunque informaron únicamente de daños en algunas viviendas y no de víctimas. Al mismo tiempo, Rusia continuó sus ataques contra ciudades ucranianas: en Zaporiyia, un bombardeo causó un incendio en un centro comercial y dejó sin electricidad a unos 1.200 consumidores, mientras que en Odesa se reportaron daños en infraestructuras portuarias.
La guerra aérea de largo alcance se ha convertido en uno de los rasgos centrales del conflicto. Rusia mantiene ataques recurrentes contra instalaciones energéticas, agrícolas, industriales y urbanas de Ucrania, mientras que Kiev ha desarrollado una capacidad creciente para golpear objetivos situados a cientos de kilómetros de sus fronteras. Aunque Ucrania rara vez confirma de inmediato la autoría de cada operación dentro de territorio ruso, sus dirigentes han defendido en repetidas ocasiones el derecho a atacar objetivos que consideran parte del esfuerzo bélico del Kremlin.
El episodio añade presión diplomática y militar en un momento en el que continúan los intentos de mediación internacional para detener la guerra iniciada con la invasión rusa a gran escala de febrero de 2022. El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, afirmó esta semana que Kiev había entregado a negociadores estadounidenses propuestas para un eventual plan de paz, aunque sobre el terreno la intensidad de los ataques demuestra que las partes siguen buscando ventajas militares antes de cualquier negociación sustantiva.
Para Moscú, el ataque contra Novorossíisk refuerza el discurso de que Ucrania está extendiendo la guerra a zonas civiles rusas. Para Kiev, en cambio, la ciudad representa un eslabón clave de la maquinaria logística y económica rusa en el mar Negro. Más allá de las versiones enfrentadas, la ofensiva confirma que la retaguardia rusa es cada vez menos inmune a la guerra y que el mar Negro seguirá siendo uno de los escenarios decisivos de una confrontación que combina drones, puertos, energía y presión política internacional.





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