En una tierra asociada a viñedos, pueblos abiertos al valle y sierras que marcan el horizonte, la calidad del aire también forma parte del paisaje. Por eso, Amigos de la Tierra La Rioja ha reclamado al Gobierno regional la instalación de una estación fija de medición de la calidad del aire en Rioja Alta, una comarca que hoy no cuenta con ningún punto propio dentro de la red autonómica de vigilancia atmosférica.
La demanda del colectivo ecologista va más allá de una cuestión técnica. Medir el aire es, en cierto modo, hacerlo visible. Es transformar en datos aquello que normalmente no se ve: partículas, gases, episodios puntuales de contaminación o cambios en la atmósfera que pueden afectar a la salud de las personas y al equilibrio ambiental. Sin mediciones cercanas y continuadas, sostienen desde la organización, Rioja Alta queda en una zona de sombra informativa.
La Rioja dispone actualmente de cinco estaciones automáticas situadas en Logroño, Alfaro, Arrúbal, Galilea y Pradejón. Son los puntos que alimentan el sistema regional con datos sobre distintos contaminantes y permiten detectar episodios de mala calidad del aire. Pero ninguna de ellas se encuentra en Rioja Alta. Para Amigos de la Tierra, esa ausencia deja sin una referencia directa a una comarca extensa, habitada y con una actividad económica diversa.
La organización recuerda que la necesidad de contar con instrumentos próximos se ha puesto de manifiesto en episodios recientes, como los incendios registrados en el vertedero de Nájera y en las instalaciones de ASIDER, en Casalarreina. En situaciones de este tipo, una estación fija permitiría conocer con mayor precisión qué contaminantes se liberan, cómo evolucionan y qué impacto pueden tener en las poblaciones cercanas.
El aire limpio rara vez ocupa titulares hasta que falta. Sin embargo, su vigilancia es una herramienta básica de prevención sanitaria y ambiental. Los datos permiten anticiparse, informar a la ciudadanía, activar medidas de protección y orientar las políticas públicas. Para el movimiento ecologista, no se trata solo de instalar un aparato, sino de reconocer que la salud ambiental también debe medirse en las zonas rurales y comarcales, no únicamente en los grandes núcleos urbanos o industriales.
Rioja Alta combina paisajes agrícolas, industria agroalimentaria, carreteras de tránsito y pequeños núcleos de población. Ese mosaico territorial, aparentemente disperso, puede concentrar factores que influyen en la atmósfera: tráfico, emisiones industriales, quemas, incendios forestales o episodios ligados a determinadas condiciones meteorológicas. Una estación de medición permitiría observar esa realidad con continuidad, compararla con otras zonas de La Rioja y detectar patrones que hoy pueden pasar desapercibidos.
La solicitud formal, dirigida a la Dirección General de Calidad Ambiental, pide la instalación de una estación fija en la comarca. Mientras esa infraestructura no llegue, Amigos de la Tierra plantea recurrir a unidades móviles de medición cuando se produzcan emergencias ambientales o episodios de contaminación. La propuesta busca evitar que, ante un incidente, las administraciones y la población dependan de estimaciones lejanas o de datos incompletos.
La reivindicación ha encontrado eco en el territorio. El Ayuntamiento de Bañares, Madres por el Clima La Rioja, la Plataforma Ciudadana Stop Biometano en Hervías y la Asociación de Desarrollo del Alto Ebro respaldan la petición. Ese apoyo plural refuerza la idea de que la calidad del aire no es una preocupación abstracta, sino una cuestión cotidiana que conecta salud, territorio, transparencia y derecho a la información ambiental.
Los contaminantes que suelen vigilar estas redes —como dióxido de nitrógeno, ozono troposférico, partículas en suspensión, dióxido de azufre o monóxido de carbono— no entienden de límites municipales. Pueden desplazarse con el viento, variar según la estación del año o intensificarse en momentos concretos. Por eso, disponer de estaciones bien distribuidas resulta clave para interpretar el aire de forma territorialmente equilibrada.
En el fondo, la petición de Amigos de la Tierra abre una pregunta más amplia: cómo se vigila el medio ambiente en territorios que no siempre aparecen en el centro de las políticas públicas. Rioja Alta, con su valor agrícola, paisajístico y social, reclama ahora una mirada atmosférica propia. No para alarmar, sino para conocer; no para señalar, sino para prevenir.
La decisión queda ahora en manos del Gobierno de La Rioja. Si atiende la reclamación, la comarca podría incorporarse al mapa regional de medición con una herramienta estable y transparente. Si no lo hace, Amigos de la Tierra y los colectivos que apoyan la iniciativa seguirán insistiendo en una idea tan sencilla como poderosa: el aire también necesita ser contado para poder ser cuidado.





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