Fernando León de Aranoa fue el encargado de cerrar ayer el ciclo 'Diálogos' de Marpoética por el que también pasó en la tarde del martes la escritora Marta Jiménez Serrano con su novela 'Oxígeno'. Ambos autores han desgranado su proceso de escritura, sus influencias literarias y el efecto que en ellos tiene el oficio de escritor. En el patrimonio lector de León de Aranoa, cuentistas hispanoamericanos, especialmente peruanos, que han tenido en él una influencia constante. No en vano, sus trabajos 'Aquí nacen los dragones' y 'Leonera' son compendios de narraciones breves. Para el director y guionista, su narrativa no es una extensión de lo que hace en el cine. Más al contrario, "tiene otros objetivos", ha subrayado. "Es como cambiar de patio de juegos. Abrazar la ficción desde otro ángulo, con otras herramientas", ha precisado.
En su obra literaria, toma la realidad solo "como punto de partida" desde el que poder jugar llevándola al extremo porque "la realidad no existe. Existen tantas realidades como personas. Lo real como unívoco no tiene interés", ha reflexionado. Sin embargo, su pasión primera no fue ni la escritura ni el cine, sino el dibujo. El joven León de Aranoa se veía a sí mismo estudiando Bellas Artes y viviendo de la ilustración. "Y durante un tiempo fue así", ha apuntado, pero un pequeño taller de redacción de guiones terminó marcando su destino. "Cuando empecé a dirigir, se complicó todo porque salió bien. Si no, seguiría escribiendo y dibujando", ha bromeado con el público.
León de Aranoa entra en la escritura "por curiosidad", "por esa capacidad de extrañamiento que se tiene cuando uno es pequeño" y encuentra en ella "un modo de desentrañar la realidad". Durante su encuentro con lectores en el ciclo 'Diálogos', el autor ha leído algunos de sus cuentos que recogen la poliédrica visión del ser humano y la dualidad del bien y del mal que habita en cada uno. Obras que presentan la identidad como uno de los grandes temas de su literatura, trufada de una sutil ironía que ha logrado desatar las carcajadas de la audiencia.

Porque el humor es otra de las constantes en los textos de León de Aranoa: "Sale a veces incluso a mi pesar. Tengo que controlar el humor más que buscarlo. El humor está en la vida y, muchas veces, en las circunstancias más difíciles y más duras, incluso en zonas de conflicto bélico", ha recordado. Un humor que le ayuda a alejarse de la solemnidad que a veces atenaza la prosa. "Hay que tomarse en serio el trabajo, pero no a uno mismo", ha zanjado en este sentido. Sobre la redacción de guiones, con la que comenzó su idilio con la escritura, ha resaltado que es un oficio "más técnico", "despojado de la retórica", una escritura mucho más "desnuda". "Un guion se escribe para ser imaginado, es muy evocativo", ha precisado. "Son dos maneras muy diferentes de escribir. Tienes que cambiar ahí tu rol, tu mente. Pero ese cambio lo hago con placer, porque al final es la razón por la que lo hago, para estar en otro terreno que no sea el mío, experimentar y jugar", ha revelado. En todo caso, "se parecen en lo esencial, que es la necesidad de entender las cosas".
Marta Jiménez Serrano
Antes que el cineasta, la escritora Marta Jiménez Serrano pasó por el ciclo 'Diálogos', donde tuvo la oportunidad de hablar de 'Oxígeno', su segunda novela, aunque se resiste a denominarla como tal. Convertida en un superventas, relata la historia de un "casi". La historia de la vez que "casi" muere por intoxicación con monóxido de carbono a causa de una caldera estropeada. Una obra breve que le ha llevado cinco años escribir y en la que vuelca su vivencia como una suerte de catarsis. Porque Jiménez Serrano no eligió escribir este libro, sino que el libro la eligió a ella: "Ha sido un proceso de adaptación y cuando claudiqué, lo conseguí", explicó. Un texto que ha tenido el dolor como "motor de escritura" después de comprobar que haber esquivado a la muerte sin más consecuencia física que una herida en la cabeza le valió para que el traumático episodio se diera por superado sin más, a pesar de la profunda huella que había dejado en ella.
La autora hizo un repaso tanto por su experiencia vital desde la intoxicación por monóxido de carbono como por el proceso de escritura desde una perspectiva más técnica, recordando cómo organizó el texto en varias líneas de relato para luego encajarlas como un mosaico. Una obra basada en la dualidad de la "loa a lo común y la crítica al individualismo" que trató de despojar de cualquier tipo de "activismo" para presentarlo "simplemente exponiendo los hechos" porque la denuncia subyacente sobre el problema de acceso a la vivienda "se hace sola".
Este segundo trabajo de Jiménez Serrano se enmarca en la autoficción femenina que defiende como algo "natural y positivo". "Creo que siempre que a algo se le ha puesto el adjetivo de femenino ha sido para hacerlo de menos. Ha llegado el momento de no interpretar ese adjetivo como algo menor", ha valorado. "Proust hacía autoficción, Dante hacía autoficción. Creo que también están llegando nuevos temas a la literatura, de la mano de la ficción y de la autoficción, porque las mujeres están empezando a escribir igual que se han incorporado a todos los otros ámbitos de la sociedad. Reapropiémonos del asunto y que no sea despectivo porque no lo es", concluyó.





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