Desde hace más de medio siglo para muchas personas la relación con la comida ha estado intrínsecamente ligada a las calorías. Como si se tratase de un dogma a seguir, hemos vivido pesando alimentos, restando energía en la cinta de correr pensando que el cuerpo humano es una caldera que quema constantemente calorías.
Es importante matizar que tener en cuenta el consumo de calorías y el gasto de las mismas sigue siendo importante, lo que sucede, es que el cuerpo es un organismo mucho más complejo en donde se deben tener en cuenta muchos más factores.
Misma comida, cuerpos diferentes
Esto responde claramente a una gran realidad, ¿cómo puede ser que dos personas comiendo lo mismo, una gane peso y la otra no? La ciencia ha dado la respuesta a esta cuestión hablándonos de los billones de microorganismos que viven en nuestro cuerpo.
Estos microorganismos trabajan de diferentes formas en cada una de las personas. Gracias a los avances en la ciencia sabemos que cada individuo procesa los nutrientes de una forma diferente dependiendo de su población bacteriana. Mientras que para una persona consumir un aguacate es una fuente de grasas saludables, para otra puede provocar un desequilibrio importante.

La razón es que ese mismo alimento puede estar provocando una respuesta inflamatoria en una persona, mientras que en otra no. Por este motivo, las calorías han pasado de ser una medio verdad absoluta, un contador, hasta un aspecto más irrelevante si no tenemos en cuenta la persona que las va a digerir.
La dieta del "sin" ha cambiado a la dieta del "para"
Si has estado buscando diferentes dietas seguro que te has encontrado con una gran mayoría de estas que trata de excluir diferentes cosas. Desde el gluten y el azúcar, hasta las grasas o los carbohidratos. Ahora que tenemos más conocimiento sobre el microbioma de cada uno de nosotros, las dietas se han vuelto mucho más estratégicas y personales en lugar de estar tan generalizadas.
Ahora no se trata de matar de hambre a las células grasas, sino de alimentar la diversidad de nuestro cuerpo. Por este motivo te vas a encontrar en muchos blogs de salud hablando de temas como el "índice de diversidad vegetal". En estos casos las dietas se vuelven más complicadas, proporcionando al menos 30 tipos de plantas diferentes a la semana si buscamos una dieta rica en hierro.
La razón se debe a que cada familia de bacterias prefiere un tipo de fibra distinto. Cuando se come variado nos aseguramos que ninguna especie patógena de nuestro cuerpo pueda tomar el control y que todo el conglomerado de bacterias de nuestro cuerpo sea robusto y resistente a las infecciones. Con esto podemos ver la comida desde un punto de vista diferente, desde ser un enemigo que aporta grasas hasta ser el abono perfecto de nuestro jardín interior.
Busquemos una salud humana y menos matemática
Realmente, esto no es algo nuevo. De la misma forma que hemos visto que en el mundo del fitness un entrenador personal es capaz de sacar lo mejor de cada persona con diferentes ejercicios, lo mismo pasa con la alimentación.
Llevar a cabo una dieta personalizada teniendo en cuenta las necesidades o características de la persona es mucho más fiable y recomendado que elegir la primera dieta de internet. A pesar de que sea una dieta bien hecha o que haya tenido en cuenta cierto consumo calórico, la composición de la misma puede sentar de una forma diferente a cada persona.
Con todo esto podemos concluir que la salud es mucho más que un número. Que acudir al gimnasio a "quemar los excesos" de las navidades no es la única solución rentable y que no todo se basa en las calorías que se consumen o que se gastan.
Buscar la armonía y la paz en el universo microscópico que llevamos dentro puede suponer la diferencia entre encontrarnos mejor o ganar algo de peso. Al final, llevar a cabo una alimentación saludable y equilibrada es la mejor forma de sentirse bien en lugar de restar alimentos más allá de la bollerías industriales o grasas saturadas.





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