El mareo es una sensación muy común, pero no siempre describe lo mismo. Algunas personas lo usan para hablar de aturdimiento, otras para una sensación de desmayo, de inestabilidad o incluso de que todo da vueltas. Esa última sensación recibe un nombre más preciso: vértigo. Distinguir entre unas formas y otras es importante porque orienta sobre la posible causa y sobre la mejor manera de actuar. En general, los mareos suelen mejorar por sí solos, pero si son intensos, repetidos o aparecen junto a otros síntomas preocupantes conviene consultar con un profesional sanitario. médicos del Centro de Salud de San Pedro Alcántara (Costa del Sol) explican que el mareo puede deberse tanto a causas benignas, como la deshidratación o levantarse demasiado rápido, como a problemas del oído interno, efectos de medicamentos o trastornos neurológicos y cardiovasculares.
De forma sencilla, pueden distinguirse varias clases de mareo. La primera es el aturdimiento o sensación de desvanecimiento, que suele vivirse como debilidad, visión borrosa o impresión de que uno va a caerse o perder el conocimiento. A menudo aparece al incorporarse de golpe, cuando baja la presión arterial o cuando falta hidratación. La segunda es el desequilibrio, una sensación de inestabilidad al caminar o al mantenerse de pie. Puede relacionarse con problemas de visión, alteraciones del oído interno, edad avanzada, ciertos fármacos o trastornos neurológicos. La tercera es el vértigo, que provoca la falsa impresión de que la persona o su entorno están girando. Suele empeorar al mover la cabeza y a veces se acompaña de náuseas, vómitos, zumbidos en los oídos o pérdida de audición. También existe el mareo por movimiento, conocido como cinetosis, típico en coches, barcos o atracciones.
Entre las causas más comunes están la deshidratación, el calor, el ayuno prolongado y la bajada de azúcar en sangre, especialmente en personas con diabetes. También son frecuentes las caídas bruscas de tensión al ponerse de pie tras estar sentado o tumbado, algo que se conoce como hipotensión postural. Otra causa habitual son los problemas del oído interno, como el vértigo posicional paroxístico benigno, la laberintitis o la neuritis vestibular. Además, algunos medicamentos pueden producir mareo como efecto secundario, entre ellos ciertos antihipertensivos, sedantes o fármacos para la ansiedad. No hay que olvidar otras posibilidades como la migraña vestibular, el estrés, la ansiedad, la anemia o determinadas alteraciones del ritmo cardiaco. En personas mayores, el mareo puede ser multifactorial: menos equilibrio, más medicación y mayor riesgo de caídas.

Una persona mareada
Cuando aparece un mareo, lo primero es detener la actividad y buscar seguridad. Si la persona está de pie, debe sentarse de inmediato o apoyarse para evitar una caída. Si el mareo es intenso, lo más recomendable es tumbarse. En muchos casos ayuda colocarse boca arriba, con la cabeza ligeramente elevada y el cuerpo relajado. Si existe sensación de desmayo o bajada de tensión, puede ser útil tumbarse y elevar un poco las piernas para favorecer el retorno de la sangre. Si el mareo empeora al mover la cabeza, conviene hacer los cambios de postura lentamente y permanecer quieto hasta notar mejoría. Las recomendaciones de servicios sanitarios como el NHS incluyen descansar, beber agua, levantarse poco a poco y evitar movimientos bruscos, además de no conducir ni manejar maquinaria mientras duren los síntomas.
La forma de tumbarse también importa. Lo ideal es hacerlo en una superficie segura, lejos de escaleras o esquinas, y aflojar la ropa si aprieta. Si hay náuseas o riesgo de vomitar, es preferible colocarse de lado para proteger la vía respiratoria. Si al incorporarse el mareo reaparece, no hay que levantarse de golpe: primero hay que pasar a la posición sentada, esperar unos minutos y luego ponerse de pie despacio. Mientras tanto, es aconsejable evitar luces intensas, pantallas, lectura o giros rápidos de cabeza si estos agravan la sensación. Si el episodio parece relacionado con falta de comida o líquidos y la persona está consciente y puede tragar, puede ayudar beber agua y tomar algo ligero. Aun así, no se debe atribuir todo mareo a una causa menor sin observar cómo evoluciona.
El Centro de Salud de San Pedro Alcántara (Costa del Sol) advierte que hay señales de alarma que exigen atención médica urgente: dolor fuerte en el pecho o de cabeza, dificultad para hablar, debilidad en un brazo o una pierna, desmayo, convulsiones, dificultad para respirar, vómitos persistentes, visión doble o pérdida repentina de audición. También es importante consultar si los mareos son repetidos, duran mucho, empeoran o interfieren con la vida diaria. En definitiva, el mareo no es una enfermedad en sí, sino un síntoma con muchas caras. Saber si se trata de aturdimiento, desequilibrio, vértigo o mareo por movimiento ayuda a actuar mejor. La respuesta inicial más sensata casi siempre pasa por parar, sentarse o tumbarse de forma segura, hidratarse si procede y observar los síntomas. Cuando el cuerpo avisa, escuchar esas señales puede prevenir complicaciones y, sobre todo, caídas.





Guía de San Pedro Alcántara

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