En el año 2025, Lara Weed y Jamie M. Zeitzer, de la Universidad de Stanford, publicaron un artículo en el que se relacionaba la práctica del cambio estacional de hora con aspectos negativos para la salud, tanto de sintomatología aguda (infartos o accidentes cerebrovasculares), como crónica (obesidad). Ahora, los profesores José María Martín Olalla, de la Universidad de Sevilla, y Jorge Mira Pérez, de la Universidad de Santiago de Compostela, tras analizar la metodología aplicada en este estudio, han constatado que "lo que el mundo leyó como una evidencia científica contra el cambio de hora ha resultado ser una ilusión matemática". La misma revista que difundió el primer artículo, PNAS (Proceedings of the National Academy of Sciences), acaba de publicar una carta firmada por Martín Olalla y Mira Pérez en la que se evidencia que las conclusiones del estudio no están soportadas por indicios reales.
El artículo de Weed y Zeitzer tuvo una gran repercusión mundial en otoño del 2025 por lo llamativo de sus conclusiones y por utilizar la base de datos Places (Population Level Analysis and Community EStimates), realizada por el Centro de Control de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) y que contiene información sobre la prevalencia de 29 síndromes o enfermedades a nivel local. Los datos de Places fueron contrastados con un modelo circadiano que desarrollaron los autores.
"Grave error"
El trabajo de los profesores Martín Olalla y Mira Pérez reporta un "grave error" en las bases metodológicas del estudio. El modelo original computa la diferencia entre el ritmo del reloj biológico —ritmo circadiano, determinado por la hora a la que la temperatura corporal es mínima— y el ritmo de la rotación terrestre. Esta diferencia representa el "ajuste circadiano necesario para mantener la sincronización con el mundo exterior" según los autores del trabajo original. Los efectos globales en la salud de las personas se infieren de la suma anual de estos reajustes diarios, pero al hacer este cómputo los autores acumulan siempre la magnitud del reajuste, con independencia de si ese fue positivo o ngativo. "El uso de reajustes absolutos y no reajustes reales es el error crítico", señalan Martín Olalla y Mira, que muestran que esta metodología solo proporciona el ruido del modelo y, por tanto, no puede predecir efectos netos en la salud.

El profesor Mira explica que "lo que hacen los autores no tiene mucho sentido; es como si al conducir, registrásemos los pequeños reajustes que se hacen moviendo el volante a un lado y otro, y que ayudan a mantener el coche en el carril, para computarlos todos en el mismo sentido y reportar un valor grande, en vez de compensarlo. Con su cómputo sería lo mismo mantener un rumbo fijo haciendo pequeños reajustes con el volante a un lado y otro (lo que ocurre realmente), que desviarte poco a poco girando y girando en un mismo sentido hasta acabar yendo en sentido contrario. Solo esto refuta las conclusiones del estudio.".
El profesor Martín Olalla añade: "analizamos las tripas del modelo y vimos que el reajuste diario era pequeño, similar a la precisión temporal del modelo, y fluctuante: unos días en un sentido, otros en el contrario, sin una tendencia global que lleve a una desincronización significativa, todo como corresponde realmente a un reajuste. En consecuencia, el acumulado anual de estos reajustes era cero, incluso con cambio de hora. La métrica que usan parece escogida con la intención de que la política actual del cambio de hora obtenga los peores resultados porque los reajustes que traen el cambio de primavera y el de otoño contribuyen en el mismo sentido, en vez de compensarse. En este sentido los resultados del estudio parecen una autoprofecía cumplida. El caso es que el reajuste acumulado absoluto que reportan es unas 20 horas al año, pero no es más que un promedio de unos 3 minutos por día, unas veces en un sentido y otras en otro; con la información aportada en el estudio se hace difícil entender cómo este valor tan débil, un 0.3%, puede relacionarse epidemiológicamente con la prevalencia de enfermedades".
Al finalizar su carta, los profesores Martín Olalla y Mira formulan una pregunta fundamental: ¿qué expectativas previas tenían los autores del trabajo original cuando pensaron en asociar aspectos sociosanitarios globales con el ruido de su modelo? "No vemos ninguna hipótesis previa o ningún nexo causal que justifique el análisis que se realiza en el estudio original. Esto invalida la metodología del estudio y, por tanto, las consecuencias que reportaron: sus autores no pueden concluir que la eliminación del cambio de hora traería una disminución de la prevalencia de la obesidad o de los ataques agudos", afirman.





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