Los niños y adolescentes afectados por la fibromialgia juvenil muestran una mayor sensibilidad ante estímulos sensoriales no dolorosos, como sonidos y luces brillantes. Este exceso de sensibilidad está estrechamente relacionado con la gravedad de la enfermedad y con la función cerebral de los jóvenes afectados, según las investigaciones de un equipo de la Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud y el Instituto de Neurociencias (UBneuro) de la Universidad de Barcelona.
Los descubrimientos aportan nuevas perspectivas sobre los mecanismos cerebrales subyacentes a la fibromialgia juvenil, un trastorno de dolor crónico que afecta a entre el 2 y el 6 % de los niños y adolescentes. Combinando evaluaciones conductuales detalladas con imágenes cerebrales avanzadas, los autores han definido unos subtipos de pacientes con los que podría explicarse por qué en algunos casos esta enfermedad es más discapacitante que en otros.
El estudio abre nuevas vías para mejorar el diagnóstico y desarrollar estrategias terapéuticas más personalizadas, que aborden una enfermedad pediátrica todavía difícil de caracterizar y gestionar.
Fibromialgia juvenil: ¿cómo responde el cerebro durante la estimulación sensorial?
La fibromialgia juvenil es una enfermedad compleja y a menudo bastante incomprendida. Afecta sobre todo a chicas adolescentes y los síntomas pueden persistir hasta la edad adulta y afectar de manera importante en la vida cotidiana. Aunque el dolor es la manifestación más visible, muchos pacientes también sufren grandes molestias en respuesta a estímulos sensoriales cotidianos. Todavía no se conocen bien os mecanismos neuronales que hay tras estas manifestaciones y su relevancia clínica en los afectados.

De izquierda a derecha, las investigadoras Laura Martín-Herrero y Marina López-Solà, de la Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud y el Instituto de Neurociencias de la UB (UBneuro)
Un estudio publicado por el equipo en la revista Pain revela que los adolescentes con fibromialgia muestran una sensibilidad significativamente mayor a los estímulos visuales, auditivos y táctiles, además de una mayor incomodidad durante la estimulación multisensorial.
El estudio no detectó déficits en la audición ni en los procesos atencionales auditivos básicos, lo que confirma que la hipersensibilidad sensorial no se debe a una discapacidad sensorial periférica. En cambio, las imágenes cerebrales revelaron que una mayor activación en las regiones del cerebro implicadas en la integración sensorial y la regulación cognitivo-emocional —en particular, las áreas prefrontales— estaba estrechamente asociada a la gravedad del dolor, la discapacidad funcional y la carga general de síntomas.
Asimismo, el estudio revela que el procesamiento cerebral alterado de los estímulos sensoriales no dolorosos desempeña un papel central en la expresión clínica de la enfermedad desde una edad temprana, antes de que el dolor se haya cronificado durante décadas.
"Los adolescentes con fibromialgia pueden sentir más fuertes incluso los sonidos cotidianos; esto no se debe a ninguna discapacidad auditiva, sino a la amplificación y coordinación de las señales sensoriales en el cerebro. Este procesamiento neuronal intensificado ayuda a explicar por qué la condición puede ser tan discapacitante, y afectar a los niveles de dolor y al funcionamiento diario desde que se es muy pequeño", destaca la doctoranda Laura Martín-Herrero, primera autora del estudio.
Tratamientos más personalizados para abordar el dolor crónico pediátrico
En un artículo anterior, publicado en la revista Journal of Pediatric Psychology, los autores habían descrito cómo la hipersensibilidad sensorial no es uniforme entre todos los pacientes y habían identificado dos subgrupos de adolescentes con fibromialgia juvenil: uno con hipersensibilidad multisensorial pronunciada y otro con perfiles sensoriales similares a los de los adolescentes no afectados por la patología.
En el primer subgrupo, los pacientes mostraron síntomas básicos más graves, incluyendo un mayor grado de discapacidad funcional y fatiga. Sin embargo, sorprende que este grupo no difiera en los niveles de ansiedad, depresión o afrontamiento psicológico, hecho indicativo de que su hipersensibilidad sensorial se asociaba sobre todo con síntomas sensoriales y no afectivos. A nivel cerebral, durante la estimulación multisensorial se detectó una mayor activación en regiones como la corteza motora primaria y la amígdala. Esto indicaría una respuesta motora y emocional más elevada a estímulos que, por otra parte, no serían dolorosos.
"Nuestros resultados sugieren que, en adolescentes con fibromialgia, el cerebro puede subir el volumen de las experiencias sensoriales cotidianas. Esto puede hacer que la vida diaria (entornos sociales, aulas, deportes, etc.) sea sobreestimulante y a veces abrumadora para estas personas. Por tanto, cabe destacar la importancia de las terapias que ayudan a los jóvenes a gestionar la sobrecarga sensorial y su impacto en las actividades y experiencias cotidianas", detalla la profesora Marina López-Solà, investigadora principal y autora sénior de los estudios.
"Comprender cómo el cerebro procesa la información sensorial cotidiana en la fibromialgia juvenil podría, en última instancia, ayudar a reducir la carga de síntomas y mejorar la calidad de vida de los jóvenes afectados", concluyen las investigadoras.





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