La ruta literaria de "La sombra del viento" se convirtió en uno de los grandes atractivos de Barcelona, recorrida, cada año, por miles de turistas que quieren conocer los lugares que visitó Daniel Sempere, el carismático protagonista de la novela, a quien su padre lleva a visitar, siendo apenas un niño, "El cementerio de los libros olvidados", dando lugar a una historia que combina intriga policíaca, misterio histórico y romance ("Cuando una biblioteca desaparece, cuando una librería cierra sus puertas, cuando un libro se pierde en el olvido, los que conocemos este lugar, los guardianes, nos aseguramos de que llegue aquí. En este lugar, los libros que ya nadie recuerda, los libros que se han perdido en el tiempo, viven para siempre").
El recorrido es el siguiente:
Calle del Arc del Teatre: aquí llega Daniel Sempere, acompañando a su padre, en el amanecer de un verano de 1945, para conocer el Cementerio de los Libros Olvidados, un lugar inventado inspirado en los hangares ubicados en las afueras de Los Ángeles, ciudad donde vivía Ruiz Zafón mientras trabajaba como guionista cuando empezó a escribir su saga. La descripción de lo que ocurre es el disparador de la historia: "Al llegar a la calle Arco del Teatro nos aventuramos camino del Raval bajo la arcada que prometía una bóveda de bruma azul. Seguí a mi padre a través de aquel camino angosto, más cicatriz que calle, hasta que el reluz de la Rambla se perdió a nuestras espaldas. La claridad del amanecer se filtraba desde balcones y cornisas en soplos de luz sesgada que no llegaban a rozar el suelo. Finalmente, mi padre se detuvo frente a un portón de madera labrada ennegrecido por el tiempo y la humedad. Frente a nosotros se alzaba lo que me pareció el cadáver abandonado de un palacio, o un museo de ecos y sombras".

Calle del Arc del Teatre
Calle Santa Anna: en la ficción, aquí se encuentra la librería de la familia Sempere. En la realidad, en ese lugar puede verse un local comercial.
Els 4Gats: en este histórico negocio, ubicado en el número 3 de la calle Montsió, Sempere se encuentra con el librero Gustavo Barceló, otro personaje muy importante para la historia. El protagonista describe el sitio de manera impecable: "Era uno de mis rincones predilectos de toda Barcelona. Allí se habían conocido mis padres en el año 32, y yo atribuía en parte mi billete de ida por la vida al encanto de aquel viejo café. Dragones de piedra custodiaban la fachada enclavada en un cruce de sombras y sus farolas de gas congelaban el tiempo y los recuerdos. En el interior, las gentes se fundían con los ecos de otras épocas. Contables, soñadores y aprendices de genio compartían mesa con el espejismo de Pablo Picasso, Isaac Albéniz, Federico García Lorca o Salvador Dalí. Allí, cualquier pelagatos podía sentirse por unos instantes figura histórica por el precio de un cortado".
Ateneo Barcelonés: aquí es donde Sempere conocerá a Clara, uno de los personajes más carismáticos de la saga, por quien se siente inmediatamente atraído a pesar de la diferencia de edad, al ser él apenas un niño y ella una veinteañera ("Me robó el corazón, la respiración y el sueño. Al amparo de la luz embrujada del Ateneo, sus manos escribieron en mi piel una maldición que habría de perseguirme durante años") mientras visita a su tío, el insoportable Barceló, que parece una caricatura de Camilo José Cela o, peor todavía, su amigo Francisco Umbral. Ruiz Zafón es muy irónico con este lugar: "El Ateneo era —y aún es— uno de los muchos rincones de Barcelona donde el siglo XIX todavía no ha recibido noticias de su jubilación. La escalinata de piedra ascendía desde un patio palaciego hasta una retícula fantasmal de galerías y salones de lectura donde invenciones como el teléfono, la prisa o el reloj de muñeca resultaban anacronismos futuristas".
Plaza Real: aquí se encuentra "el piso palaciego" donde viven el librero con su sobrina Clara. En este lugar, Sempere vivirá uno de los peores momentos de su vida, al ver a la mujer de la que está enamorado teniendo relaciones con su maestro de música, quien, al verse sorprendido por el adolescente, lo golpea brutalmente y lo echa a la calle: "Neri se incorporó y se lanzó hacia mí como un obús, apretando los puños. Ni le vi venir. No podía apartar los ojos de Clara, envuelta en sudor, sin aliento, las costillas dibujándose bajo su piel y los pechos temblando de anhelo. El profesor de música me agarró del cuello y me arrastró afuera de la habitación. De la bofetada que me propinó, me caí al suelo. Me levanté con sangre en la boca y un silbido en el oído izquierdo que me taladraba la cabeza como el silbato de un urbano. Me palpé la cara y sentí el corte que me había partido los labios ardiendo bajo los dedos. No vi venir el puñetazo. Tan sólo sentí como si un martillo pilón me hubiese arrancado el estómago de cuajo. Me doblé en dos como un títere roto, sin respiración, tambaleándome contra la pared".
Plaza de San Felipe Neri: aquí se encuentra el departamento de Nuria Monfort, uno de los personajes centrales de la novela, "una mujer más que atractiva, de rasgos tallados para figurines de moda". El sitio donde vive es descrito con referencias a la Guerra Civil: "La plaza de San Felipe Neri es apenas un respiradero en el laberinto de calles que traman el barrio gótico, oculta tras las antiguas murallas romanas. Los impactos del fuego de ametralladora en los días de la guerra salpican los muros de la iglesia".
Estación de Francia: Ruiz Zafón usó ese emblemático lugar en varias escenas de su novela, incluyendo una de las más impactantes y conmovedoras: "La estación de Francia estaba desierta, los andenes combados en sables espejados que ardían al amanecer y se hundían en la niebla. Julián se sentó en un banco bajo la bóveda y sacó su libro. Dejó pasar las horas perdido en la magia de las palabras, cambiando la piel y el nombre, sintiéndose otro. Se dejó arrastrar por los sueños de personajes en sombra, creyendo que no le quedaba más santuario ni refugio que aquél. Sabía ya que Penélope no acudiría a su cita. Sabía que subiría a aquel tren sin más compañía que su recuerdo".





Guía de San Pedro Alcántara
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