Este viernes se cumplen seis años del día que lo cambió todo en la frontera de Melilla. El cierre de sus cuatro pasos terrestres para evitar la propagación del coronavirus entre la ciudad y su entorno marroquí supuso un punto de inflexión que fue más allá de la verja y que hoy se traduce en un tránsito mermado a la mitad.
De los cuatro puestos fronterizos que había operativos antes del 13 de marzo de 2020 solo se volvió a abrir uno 26 meses después, el de Beni-Enzar, con unas restricciones documentales que aún siguen y que impiden a los vecinos de Melilla y Nador (Marruecos) cruzar con solo enseñar el DNI, como sucedía antes.
Primera consecuencia: en la actualidad solo pasan la frontera unas 7.500 personas y alrededor de 1.700 vehículos al día, según han informado a EFE fuentes de la Policía Nacional. Son cifras muy lejanas a las que había justo antes del cierre fronterizo, con los 12.000 viajeros y 4.000 vehículos diarios que se contabilizaban en febrero de 2020.
Y aunque el trasiego se incrementa los fines de semana, vísperas de puentes, festivos y vacaciones y durante la Operación Paso del Estrecho, la realidad es que sigue estando muy por debajo de lo que sucedía antaño, lo que también ha tenido un impacto en la seguridad no solo de la frontera, sino del conjunto de la ciudad.
Así lo afirma el responsable del Sindicato Unificado de Policía (SUP) en Melilla, Jesús Ruiz Barranco, que asegura a EFE que el "cambio total" de la frontera respecto a lo que había hace seis años ha sido "como dar la vuelta a la tortilla".

Frontera España-Marruecos, por Melilla
"Hemos pasado de una frontera del siglo XIX y XX a la frontera del siglo XXI que siempre habíamos reclamado", apunta el líder sindical al recordar cómo antes del cierre por la pandemia los policías revisaban "500 o 600 pasaportes en una hora", de pie y en mitad del "caos" que suponía un tránsito intenso combinado con "el contrabando" hacia Marruecos, el conocido como 'comercio atípico' que ya no existe.
Ahora, en cambio, es "una frontera controlable", en la que "todo está mucho más mecanizado" y los policías ejerciendo el control desde cabinas. Todo eso permite que el puesto fronterizo sea seguro para quienes lo cruzan y para los propios agentes, extendiendo esa seguridad también al resto de Melilla, que ha mejorado sus índices de criminalidad.
La clave está, sobre todo, en las restricciones para cruzar, ya que desde que reabrió la frontera tras la pandemia, en mayo de 2022, se exigen visados que "se están dando muy controlados" en los consulados, al igual que los permisos transfronterizos para los marroquíes que trabajan legalmente en Melilla, lo que también ha desembocado en una presión migratoria magrebí.
Pero en ese cambio también ha influido el nuevo sistema de frontera inteligente que comenzó a operar en octubre de 2025 y que permite un control automatizado de las entradas y salidas basado en controles biométricos -faciales y huella dactilar-, como sucede en todas las fronteras exteriores de la Unión Europea, que en Melilla supuso una inversión cercana a los 10 millones de euros.
¿Y qué pasa con las otras tres fronteras?
Ello no impide, sin embargo, que se formen colas kilométricas de personas y vehículos los fines de semana y coincidiendo con la operación salida y retorno en fechas clave. Es entonces cuando muchos se acuerdan de las otras tres fronteras que tenía Melilla abiertas antes de la pandemia, Farhana, Barrio Chino y Mariguari, que siguen cerradas.
El debate sobre su reapertura aparece cada vez que toca esperar para pasar por Beni-Enzar. Un partido político, Somos Melilla, lleva dos años reclamando que se reabra la frontera de Farhana para dar agilidad al tránsito durante la Operación Paso del Estrecho, una opción que no parece estar sobre la mesa.
"Si se abre la frontera de Farhana tiene que ser en las mismas condiciones que hay ahora en la de Beni-Enzar, y eso ya es otra inversión tecnológica y de personal que depende del Estado español, de si Schengen quiere y de Marruecos", apunta el responsable del SUP que, en cualquier caso, duda mucho que esa sea la opción para dar fluidez.
No solo porque "antes había cuatro puestos y se colapsaban". También porque, aunque ahora solo hay una frontera operativa, tiene mucha más capacidad, con una decena de cabinas, que son el triple de las que había antes, lo que a juicio de Ruiz Barranco "es suficiente" para absorber toda la demanda.
El problema, y en eso coincide todo el mundo, es que el tránsito fluido también depende de que en la parte marroquí de la frontera también se habiliten todos los carriles disponibles para que no se forme el habitual cuello de botella, lo único que no ha cambiado desde antes de la pandemia.





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