La muerte suele ser un tema esquivo en la literatura contemporánea, a menudo tratado desde la ficción o la abstracción. La última instancia, de Claudia M. Castro, irrumpe desde otro lugar: el de la experiencia real, la observación directa y una mirada profundamente humana. El resultado es un libro que no habla solo del final, sino —sobre todo— de la vida que queda cuando ya casi no queda tiempo.
Castro, abogada de formación y cuidadora profesional en centros de atención para ancianos en Estados Unidos, ha dedicado cerca de cinco años a escribir esta obra. No lo ha hecho con urgencia, sino con una paciencia casi ética: la de quien sabe que cada palabra debe estar a la altura de las historias que narra. El libro recoge testimonios reales de personas que atraviesan su última etapa vital —residentes, pacientes, familias— y los transforma en relatos literarios donde la dignidad, la fragilidad y la memoria ocupan el centro.
Lejos del sensacionalismo o la dramatización fácil, La última instancia se construye desde la contención y la honestidad. Cada capítulo es un retrato: hombres y mujeres que fueron abogados, peluqueras, ejecutivos, madres, inmigrantes o trabajadores anónimos, despojados ya de títulos y roles, enfrentados únicamente a lo que son. En ese despojo, la autora encuentra una verdad incómoda pero necesaria: al final, lo que permanece no es el éxito ni el estatus, sino la forma en que se ha amado y se ha sido acompañado.
El libro dialoga de manera directa con quienes trabajan en el ámbito sanitario y del cuidado, pero no se limita a ese público. También interpela a familiares que han vivido despedidas difíciles y a lectores que buscan una literatura reflexiva, con dimensión espiritual, capaz de mirar la muerte sin morbo y sin miedo. Castro no ofrece respuestas cerradas, pero sí preguntas esenciales: cómo queremos vivir, cómo queremos irnos y qué huella dejamos en los demás.

La última instancia, de Claudia M. Castro: cuando el final de la vida se convierte en literatura
Sinopsis
Hay quienes parten sin ser vistos. Este libro los nombra.
La última instancia no es solo una recopilación de historias; es un acto de amor y de memoria. En estas páginas, Claudia Margarita De Castro Osio nos abre las puertas a un universo íntimo: el de los últimos días de quienes viven en centros de atención geriátrica en Estados Unidos.
Cada relato nace de la experiencia real: pacientes olvidados, madres solas, exejecutivos orgullosos, exmonjas asustadas, ancianos que aún creen en el amor. Vidas que, en su última curva, revelan lo esencial: la necesidad de ser vistos, escuchados y abrazados.
Claudia no embellece ni dramatiza: narra con ternura, con dignidad, con la mirada de quien ha aprendido que la muerte puede ser amarga, pero también profundamente humana. Y que, a veces, en una flor de papel o en una mano sostenida hasta el final, cabe todo el sentido de una vida.
Este libro es para quienes no quieren mirar hacia otro lado. Para quienes saben que hablar de la muerte es, en el fondo, hablar de cómo queremos vivir.
Autora
Claudia Margarita De Castro Osio nació en Colombia, tierra que la vio crecer entre libros, afectos y sueños. abogada de profesión y con experiencia en el sector de finca raíz, su vida dio un giro inesperado al emigrar a Estados Unidos, donde tuvo que empezar desde cero. Lejos de desanimarse, convirtió cada reto en una oportunidad para reinventarse: trabajó como mesera, cajera, acompañante de niños refugiados y cuidadora de adultos mayores.
Fue precisamente en esos espacios —entre risas frágiles y despedidas inevitables— donde descubrió una nueva forma de mirar la vida: más profunda, más humana, más consciente de lo efímero. Desde niña, la lectura fue su refugio. Su madre, miembro de un círculo de libros universal, llenaba el hogar de historias que se convertían en ventanas al mundo. De allí nació su amor por las palabras, una herencia que también le llegó de su abuelo materno, periodista, y que hoy continúa con orgullo en su única hija mujer, también periodista y comunicadora social. Tres generaciones unidas por la palabra, como un hilo invisible que no se rompe.
La maternidad se convirtió en su fuente inagotable de inspiración. Sus tres hijos, y ahora su nieta, han sido el motor de sus luchas y la razón de cada renacer. Entre ellos y las memorias de su padre, aprendió que escribir no es solo narrar: es sanar, agradecer y transformar el dolor en esperanza.
Claudia no solo escribe: pinta, crea y sueña. Para ella, la escritura es paz, intensidad y libertad; un lugar donde lo cotidiano se vuelve extraordinario. La última instancia es su primera obra publicada, un testimonio que entrelaza memoria y emoción, donde cada página invita a reflexionar sobre la vida, la dignidad y el amor que nos sostiene incluso en los momentos más difíciles.
Hoy vive en Kissimmee, Florida, junto a su esposo y parte de su familia, desde donde sigue escribiendo y construyendo nuevas historias, con la certeza de que nunca es tarde para empezar de nuevo.





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