La Base Aérea de Villanubla ha acogido, entre el 18 y el 29 de mayo, el exigente ejercicio anual Lone Paratrooper 26 (LP26), liderado por la Brigada Almogávares VI de Paracaidistas (BRIPAC) del Ejército de Tierra.
Este adiestramiento se sitúa como uno de los más relevantes de las Fuerzas Armadas españolas y un referente internacional en lanzamientos de alta cota. La base vallisoletana aporta una infraestructura logística y operativa clave, demostrando la capacidad del Ejército del Aire y del Espacio para coordinar despliegues de gran envergadura y servir de nexo estratégico en misiones conjuntas y combinadas.
El ejercicio está estructurado en dos fases diferenciadas, para optimizar el rendimiento de los contingentes. Durante la primera semana, las actividades se han centrado en el ámbito nacional, reuniendo a unidades de élite españolas como la BRIPAC y el Mando de Operaciones Especiales (MOE) del Ejército de Tierra; la EADA, el EZAPAC y la Escuela Militar de Paracaidismo (EMP) del Ejército del Aire y del Espacio; la Fuerza de Guerra Naval Especial (FGNE) de la Armada; y el Grupo Especial de Operaciones (GEO) de la Policía Nacional. En la segunda semana, el ejercicio adquirió una dimensión internacional con la incorporación de delegaciones de Alemania, Estados Unidos, Italia, Países Bajos, Polonia y Portugal, potenciando la interoperabilidad y el intercambio táctico entre países aliados.

El núcleo del adiestramiento consistió en perfeccionar los procedimientos de inserción en escenarios complejos, mediante las modalidades de salto táctico con apertura manual HALO (High Altitude/Low Opening) y HAHO (High Altitude/High Opening). Estas técnicas exigen que los paracaidistas operen en condiciones extremas de temperaturas bajas y visibilidad limitada, transportando equipos pesados y empleando sistemas de oxígeno. El objetivo final es garantizar la infiltración silenciosa y la navegación prolongada de las tropas en entornos hostiles de alta intensidad, elevando al máximo la preparación física y mental de los profesionales.
Para la ejecución de los saltos, el soporte del Ejército del Aire y del Espacio resulta fundamental a través del despliegue de vectores de transporte estratégico y táctico. Las unidades operan desde aeronaves como el A400M (T-23), el C-295 (T-21) y el T-12. El uso de estas plataformas aéreas permite a las tripulaciones y a los saltadores mejorar capacidades críticas, como la navegación táctica avanzada, los procedimientos de inserción conjunta y el lanzamiento de cargas pesadas, aspectos esenciales para el éxito de cualquier operación aerotransportada moderna.
Con la realización del Lone Paratrooper 26 se reafirma el compromiso con la disponibilidad operativa y la proyección expedicionaria. El éxito de este ejercicio en la Base Aérea de Villanubla no solo consolida las destrezas de las fuerzas de élite españolas, sino que estrecha los lazos de cooperación internacional en el marco de la defensa colectiva, asegurando una respuesta armada eficaz, coordinada y conjunta ante cualquier desafío globalizado.





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