Ucrania ha reforzado su frontera norte con Bielorrusia ante el temor de que el territorio bielorruso vuelva a ser utilizado como plataforma para una operación militar rusa o para una acción directa de Minsk, en un momento en que el Gobierno bielorruso amplía sus capacidades militares y mantiene su estrecha alianza con Moscú.
En la región de Volinia, en el noroeste de Ucrania, la antigua línea fronteriza de bosques, caminos de arena y zonas pantanosas se ha convertido en una barrera defensiva. Bloques de hormigón, alambradas, zanjas antitanque y obstáculos conocidos como "dientes de dragón" forman ahora parte del paisaje en torno a Liubeshív, una localidad situada a pocos kilómetros de Bielorrusia.
Las autoridades ucranianas aseguran que no existe, por ahora, una concentración de tropas bielorrusas suficiente para lanzar una ofensiva inmediata. Aun así, Kiev no descarta ningún escenario. "Nos estamos preparando para todo tipo de amenazas", declaró Margarita Vershínina, portavoz del destacamento fronterizo de Volinia, responsable de la vigilancia de más de 200 kilómetros de frontera en esta región.
El refuerzo incluye posiciones defensivas, patrullas terrestres, puestos de observación y sistemas de protección en carreteras próximas, algunas de ellas utilizadas para el traslado de suministros procedentes de Polonia hacia Kiev y el frente oriental. En varios tramos se han instalado también redes contra drones, una medida que refleja el creciente peso de la guerra aérea no tripulada en el conflicto.

Fortificaciones, alambradas y puestos de vigilancia marcan el nuevo paisaje defensivo en la frontera norte de Ucrania ante el temor a una posible amenaza desde Bielorrusia
La preocupación de Ucrania se explica por el precedente de 2022, cuando Rusia utilizó territorio bielorruso para avanzar sobre Kiev durante las primeras semanas de la invasión. Aunque las fuerzas rusas se retiraron posteriormente del norte ucraniano, la posibilidad de que el flanco vuelva a activarse obliga a mantener recursos militares desplegados en una zona alejada de los combates más intensos del este y el sur del país.
La tensión volvió a aumentar en junio, después de que el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, advirtiera al líder bielorruso, Aleksandr Lukashenko, contra cualquier cooperación con ataques rusos con drones. Kiev denunció entonces la existencia de transmisores que, según sus autoridades, podían facilitar la navegación de aeronaves no tripuladas sobre regiones fronterizas como Volinia.
Bielorrusia sostiene que no enviará tropas a Ucrania salvo que su propio territorio sea atacado. Sin embargo, el margen de autonomía de Minsk es observado con recelo por Kiev, que considera que Moscú podría utilizar la presión política y militar para abrir un nuevo foco de inestabilidad en la frontera norte.
Para las comunidades locales, la militarización de la zona ha alterado la vida cotidiana. Las restricciones de paso, las advertencias sobre minas y la vigilancia permanente han sustituido a los antiguos desplazamientos por bosques y caminos rurales. La frontera, antes periférica, se ha convertido en una línea estratégica de primer orden.
El Gobierno ucraniano insiste en que estas medidas tienen carácter preventivo. En una guerra todavía abierta y sin señales de desescalada, reforzar la frontera con Bielorrusia busca impedir que el norte vuelva a convertirse en una vía de entrada para nuevas operaciones contra Ucrania.





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