Al menos 36 supuestos terroristas murieron en el noreste de Nigeria en varios ataques aéreos ejecutados por las Fuerzas Armadas del país africano a partir de informes "creíbles" de Inteligencia, informó el Ejército nigeriano, que enmarcó la operación dentro de su ofensiva continuada contra los grupos yihadistas activos en la región del lago Chad.
Los bombardeos se llevaron a cabo contra posiciones identificadas como puntos de concentración de combatientes en el estado de Borno, epicentro histórico de la insurgencia de Boko Haram y de su escisión, el Estado Islámico en África Occidental (ISWAP, por sus siglas en inglés). Según la versión militar, las tropas actuaron después de recibir información sobre movimientos de presuntos insurgentes que estarían preparando ataques contra unidades desplegadas sobre el terreno.
La Fuerza Aérea nigeriana señaló que los ataques fueron de precisión y se dirigieron contra varios objetivos previamente verificados. Tras la operación, las comunicaciones con las tropas terrestres permitieron confirmar que la situación en torno a sus posiciones se había estabilizado, de acuerdo con el comunicado castrense. Las autoridades no precisaron de inmediato si los fallecidos pertenecían a Boko Haram, al ISWAP o a otras células armadas que operan en la zona fronteriza con Camerún.
El noreste de Nigeria arrastra desde 2009 una crisis de seguridad provocada por el levantamiento de Boko Haram, grupo que inició una campaña armada con el objetivo de imponer su interpretación radical de la ley islámica y combatir la educación occidental. Con el paso de los años, el conflicto se fragmentó y dio lugar a facciones más móviles y letales, entre ellas el ISWAP, que ha intensificado ataques contra bases militares, convoyes, aldeas y rutas de suministro.

Una aeronave militar sobrevuela una zona rural del noreste de Nigeria tras una operación aérea contra presuntas posiciones insurgentes
La violencia yihadista ha dejado decenas de miles de muertos y millones de desplazados en el noreste nigeriano y en países vecinos de la cuenca del lago Chad, como Níger, Chad y Camerún. Naciones Unidas y organizaciones humanitarias han advertido de forma reiterada de que la inseguridad dificulta el acceso a comunidades aisladas, agrava la escasez de alimentos y limita la prestación de servicios básicos a una población civil golpeada por años de ataques, desplazamientos y crisis económica.
El Gobierno del presidente Bola Tinubu ha prometido reforzar la presión militar contra los grupos armados y mejorar la coordinación entre las fuerzas terrestres y aéreas. Sin embargo, los ataques continúan mostrando la capacidad de los insurgentes para reagruparse, cruzar fronteras porosas y aprovechar zonas rurales de difícil acceso. En los últimos meses, las autoridades nigerianas han anunciado varias operaciones con bajas entre presuntos combatientes y rescates de civiles secuestrados, aunque los partes militares suelen ser difíciles de verificar de manera independiente por las restricciones de acceso a las áreas de combate.
Además del desafío yihadista en Borno y otros estados del noreste, Nigeria enfrenta una compleja red de amenazas de seguridad en distintas regiones del país. En el noroeste y el centro-norte operan bandas armadas dedicadas al secuestro, la extorsión y el robo de ganado, conocidas localmente como "bandidos", mientras que en el sureste persisten tensiones separatistas y ataques contra instalaciones oficiales. Esta multiplicidad de focos obliga al Ejército a distribuir recursos en varios frentes simultáneos.
Analistas de seguridad han señalado que los ataques aéreos pueden degradar temporalmente la capacidad de los grupos insurgentes, especialmente cuando se dirigen contra campamentos, depósitos logísticos o puntos de reunión. No obstante, también subrayan que la respuesta militar por sí sola resulta insuficiente si no va acompañada de medidas de protección a civiles, reconstrucción institucional, control fronterizo, justicia local y oportunidades económicas para las comunidades afectadas.
Por ahora, las Fuerzas Armadas nigerianas presentan la operación como un golpe relevante contra las redes insurgentes que amenazan a sus tropas en el noreste. La evolución sobre el terreno dependerá de la capacidad del Estado para sostener la presión sobre los grupos armados, proteger a la población civil y evitar que las zonas recuperadas vuelvan a convertirse en refugios de combatientes. Mientras tanto, Borno continúa siendo uno de los principales escenarios de una guerra prolongada que sigue condicionando la estabilidad de Nigeria y de toda la región del lago Chad.





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