El Concurso Internacional de Piano 'Ciudad de Málaga', que celebrará del 19 al 27 de junio su tercera edición, nació casi "como una locura", confiesa su fundador y director, el pianista Pablo Amorós, que ahora aspira a situarlo "entre los cinco o seis más importantes del mundo".
Amorós cuenta en una entrevista con EFE que la idea surgió hace seis años al trasladarse a vivir a Málaga, donde se sintió "muy bien acogido", aunque observó que en la ciudad había "una pequeña carencia en música clásica y en piano en concreto" y que en España "había hueco para crear un gran concurso internacional de piano".
"Soy ambicioso y pensé que una ciudad que está creciendo como Málaga no merecía algo de medio nivel. En 2023, me encontré un día por la calle al alcalde (Francisco de la Torre), le dije que tenía un proyecto y me citó en su despacho".
Quería "competir con los grandes" y siente que está "en el camino", porque ve en solo tres años "la gente tan buena que se está presentando" y cree que puede "dejar un legado en la ciudad".
Sin parangón en Europa
El ganador de la primera edición, el pianista ruso Sergey Belyavsky, ya dijo "que concursos así no los hay en Europa, salvo el Chopin -de Varsovia- o el Chaikovski -de Moscú-, porque aquí a los concursantes se les trata como a artistas profesionales".

El Concurso Internacional de Piano "Ciudad de Málaga", que celebrará del 19 al 27 de junio su tercera edición, nació casi "como una locura", confiesa su fundador y director, el pianista Pablo Amorós, que ahora aspira a situarlo "entre los cinco o seis más importantes del mundo". (EFE)
A la calidad de los concursantes se suma el hecho de que una "leyenda viva" como la georgiana Elisabeth Leonskaja ofreciera un concierto en la primera edición o que el "legendario" pianista armenio Sergei Babayan presidiera el jurado de la segunda, "consiguiendo que el Concurso se empiece a conocer en el mundo".
Sobre el público, Amorós considera que en Málaga "hay una buena afición, pero hay que ir formando a la gente poco a poco", y está "convencido" de que a los espectadores "les gusta lo bueno, pero muchas veces no hay una labor suficiente de difusión o de educación".
El fundador no cree que el Concurso "esté ya cuajado", pero ve que "no tiene un techo todavía visible, y que cuenta con una capacidad exponencial de crecer y de convertirse en uno de los cinco o seis más importantes del mundo".
Objetivo: cambiar una carrera
Resalta que Belyavsky ya está "consolidado", ha tenido oportunidades profesionales tras su triunfo en Málaga y se ha convertido "en un gran embajador del Concurso", aunque admite que el evento "todavía no tiene la capacidad de cambiar una carrera, y ese es el siguiente objetivo".
"Un pianista joven, más que el dinero, lo que necesita es una gira de conciertos", y por eso el ganador en Málaga, además de una dotación económica de 20.000 euros, tendrá la posibilidad de ofrecer casi una veintena de recitales en varios puntos de España y otros países como Francia, Italia, Alemania o Chipre, aunque se está trabajando para ampliarla a Sudamérica.
Amorós aconseja a los jóvenes pianistas "trabajar más que el de al lado", porque "el talento te lleva hasta un punto, pero luego está el trabajo", y "hay un nivel técnico medio que ha subido exponencialmente los últimos quince años en España y en el mundo y hay una competencia feroz".
"En la música y el piano, es aún más crudo y más duro por el componente subjetivo que tiene. El artista tiene que conmover y emocionar, esto no es un deporte. Hay que ser humilde y tener confianza en uno mismo".
Sueño para el futuro
De vuelta al Concurso, Amorós "sueña" con que, dentro de unos años, "haya pianistas por el mundo tocando y se diga: 'este ganó en Málaga'". "Quiero que una casa de discos de las grandes, del tipo Deutsche Grammophon, le ofrezca un contrato al ganador y que haga una gira por Nueva York y Londres".
Para acercar a los jóvenes a la música clásica en plena era de las plataformas, les recuerda que "la experiencia en vivo es insustituible".
"Estar en silencio, casi a oscuras, escuchando una música que no es epidérmica y superficial, sino que te llega y te transforma, eso no se puede cambiar, ni con la inteligencia artificial, de la que estamos salvados los pianistas. Algunos amigos me dicen que la IA les va a quitar el trabajo, pero en lo mío no puede hacer mucho, porque ese componente de sentir a tu ídolo ahí puesto no se puede conseguir".





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