Con la llegada de San Valentín hay muchas cosas que vuelven a estar en boca de todos. Desde los bombones y las rosas, hasta las cartas de amor y las películas románticas. San Valentín es uno de esos días en los que todo se vuelve de color de rosa, por lo menos, para aquellos que tienen pareja.
A pesar de que esto ha sido así toda la vida, sí que hemos visto cómo han ido cambiando ciertos matices con el paso de los años. Es evidente que muchas empresas buscan comercializar estas fechas, pero no todo gira en torno al consumismo en estos casos.
La normalización de la inteligencia artificial ha supuesto el fin de la imaginación en muchas personas. El vivo ejemplo de todo esto es ver la cantidad de poemas que navegan por la red cuyo autor es esta propia inteligencia. No cabe duda de que esto es una ventaja para todos aquellos que no son capaces de conjugar más de dos versos, pero es inevitable que ante este tipo de situación nos hagamos algunas preguntas que cuestionan la moralidad del acto en sí.
¿Es moral una carta de amor creada por una máquina?
No nos corresponde a nosotros juzgar si es moral o romántico entregar a la persona que se quiere un poema hecho por la inteligencia artificial. A pesar de que el valor en estos actos reside en el propio corazón de quien crea el poema, parece que haber sido creado por un tercero resta valor al asunto.

Las máquinas parece que vienen a cambiarlo y a sustituirlo todo, pero carecen de sentimientos. El problema en este asunto sería hablar sobre la ética del engaño romántico. Si conseguimos que nuestra pareja se emocione hasta las lágrimas con un poema que hemos creado con inteligencia artificial… ¿estaríamos cometiendo un plagio emocional?
Tal vez esta sea una buena situación para que seamos nosotros los que nos hagamos un par de preguntas, sobre todo, decidir qué partes de nuestra humanidad estamos dispuestos a ceder a cambio de comodidad. Si delegamos la seducción o la comunicación a los algoritmos caemos el riesgo de convertirnos en espectadores de nuestras propias vidas, de contribuir al engaño.
La inteligencia artificial está traspasando muchas fronteras que se deben tener en cuenta. Otro tema del que podríamos estar hablando muchas horas es sobre el uso de los robots o compañeros sentimentales. A modo de referencia, en 2013 se estrenó Her, una película protagonizada por Joaquin Phoenix que ya nos dejaba a entender que esto del amor cuando hay inteligencia artificial de por medio es algo muy complicado.
La inteligencia artificial no es nueva en el mundo del amor
Para no ponernos tan dramáticos con el uso de la IA, es de ser honestos mencionar que esta lleva presente muchos años en este panorama del amor y ha ayudado a muchas personas a encontrar pareja.
La gran mayoría de aplicaciones de citas o páginas para conocer gente hacen uso de algoritmos mediante inteligencia artificial para hacer coincidir a las personas por sus gustos. Esto es algo que lleva sucediendo muchos años, sin embargo, el papel de la inteligencia artificial en estos casos era mucho más pasivo.
Sea como fuere, es importante matizar que en una ocasión y oportunidad tan bonita como esta no es una buena idea relegar los sentimientos a la IA. A pesar de que las máquinas puedan hacer muchas tareas, varias de ellas mejor que nosotros, los sentimientos es lo que nos hace humanos.
San Valentín es la fecha perfecta para recordarle a alguien que le queremos. No hace falta que sea una pareja, puede ser un padre, una madre o un amigo. Dedicar unos minutos del día para que esa persona sepa lo importante que es para nosotros en nuestra vida y, por supuesto, sin tener que recurrir a la IA.
Mantengamos toda la humanidad que nos quede frente al avance implacable de estas máquinas, que no sea San Valentín el día que perdimos nuestra conciencia humana. Por cosas tan importantes y bonitas como estas, San Valentín tendría que ser todos los días del año.





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