La Universidad Pablo de Olavide ha acogido este martes la presentación del Estudio sobre la soledad no deseada en personas mayores dependientes, un trabajo desarrollado por investigadoras de la UPO y dirigido por Rosa M.ª Varela, en colaboración con Clece y su filial Zaintzen, cuyos principales datos han sido expuestos en un acto institucional y una mesa debate moderada por Isabel Morillo, directora de El Correo de Andalucía. La jornada ha reunido a representantes de administraciones públicas, universidad y entidades sociales.
Laura Gómez, vicerrectora de Cultura y Políticas Sociales de la Universidad, ha agradecido a Clece y Zaintzen su colaboración para poder llevar a cabo el estudio del grupo de investigación INDIS y ha señalado que la soledad no deseada afecta ya también a los jóvenes. "Desde la Universidad tratamos también de combatirla, con iniciativas como el alojamiento compartido para estudiantes con mayores que viven solos", ha declarado.
El estudio pone el foco en personas mayores de 65 años con Grado de Dependencia I y II usuarias del Servicio de Ayuda a Domicilio (SAD) en los distritos sevillanos de Nervión y San Pablo. Su objetivo general es doble: realizar un diagnóstico de la soledad no deseada en este perfil y diseñar un proyecto de intervención orientado a paliarla, situando al SAD como recurso clave para la detección y el acompañamiento.
La investigación se ha llevado a cabo con en un enfoque metodológico mixto. Por un lado, se realizaron 418 encuestas domiciliarias a personas dependientes entrevistadas en su hogar, dentro de un universo total de 1.216 mayores de 65 años con dependencia I y II en las zonas estudiadas. Por otro, se efectuaron veinte entrevistas en profundidad a participantes con niveles altos de soledad no deseada, con el fin de incorporar un análisis cualitativo. El instrumento cuantitativo empleado fue el cuestionario AURORA, que mide dimensiones como autonomía, redes sociales, relaciones significativas, ocupación y propósito, riesgo de soledad y salud emocional. En términos de percepción, la puntuación media en la escala AURORA fue de 28,70 puntos sobre 54, con valores más altos —y, por tanto, mayor percepción de soledad no deseada— en mujeres con dependencia Grado II.

Los resultados describen un perfil mayoritariamente femenino: 77% mujeres y 23% hombres, con una edad media en torno a los 83 años. Predominan situaciones de mayor dependencia: 60% con Grado II frente al 40% con Grado I.
El estudio identifica brechas que agravan el aislamiento: como la baja alfabetización digital —especialmente en mujeres— que limita el uso de tecnologías que podrían facilitar el contacto social, o las diferencias de género. Las mujeres tienden a verbalizar más la soledad y el aislamiento, mientras que los hombres hacen una mayor referencia a su trayectoria vital y al duelo por la pérdida del rol laboral y social. En el apartado educativo, solo el 3,73% de las mujeres tiene estudios superiores y más del 50% carece de estudios formales.
En el análisis cualitativo, la categoría más mencionada fue la salud emocional, lo que subraya el peso del componente afectivo en la vivencia de la soledad. Así, las investigadoras alertan de que la soledad no deseada se expresa principalmente como malestar emocional (tristeza, ansiedad, miedo), con predominio de polaridad negativa en el relato, mientras que lo positivo —vinculado a apoyo familiar, participación y bienestar— aparece de forma minoritaria. El informe recuerda, además, consecuencias asociadas como el incremento del 22% en el riesgo de mortalidad (con efectos más marcados en hombres) y un 16% de personas dependientes que ha sufrido algún tipo de maltrato.
Líneas de actuación: detección temprana y comunidad
Entre las conclusiones, el trabajo señala que la soledad no deseada es estructural en el perfil atendido por el SAD y que su percepción es más intensa en el caso de mujeres con dependencia Grado II. Como respuesta, propone líneas de intervención individuales y a nivel comunitario. Entre las primeras, detección sistemática con escalas normalizadas como AURORA con enfoque interseccional; intervenciones ajustadas al nivel de soledad; y formación del personal de ayuda a domicilio en acompañamiento emocional, escucha activa y comunicación empática. Desde la comunidad, propone impulsar redes de vecindad y recursos del barrio; crear alianzas de ayuda mutua y mapas de activos; ofrecer aprendizajes adaptados con la participación de jóvenes y voluntariado; y la creación de espacios de encuentro sobre duelo, vínculos y autoestima.





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