Un estudio del profesor de la Universidad Pablo de Olavide Daniel Marín Gutiérrez ofrece una nueva radiografía sociológica de las hermandades andaluzas y de las personas que forman parte de ellas. La investigación, publicada en Aposta. Revista de Ciencias Sociales, analiza las bases sociales del cofradierismo a partir de la Encuesta Social 2022 del Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía (IECA), junto con material etnográfico y análisis de las comunidades virtuales (netnografía).
El trabajo muestra que las hermandades siguen siendo una realidad social y cultural de gran peso en Andalucía: un 31,6% de la población andaluza afirma pertenecer o haber pertenecido a una asociación religiosa y el 35,86% de ellas —de un total de 7.825 organizaciones— se ubican en esta comunidad autónoma. A partir de estos datos, el estudio concluye que el cofradierismo andaluz no responde a un único perfil, sino que presenta una composición diversa y en transformación.
Entre los principales resultados, la investigación señala que las hermandades mantienen una base social mayoritariamente urbana y vinculada a clases trabajadoras y medias, aunque al mismo tiempo registran una presencia destacada de perfiles técnicos, científicos y profesionales cualificados. En concreto, entre las personas ocupadas que pertenecen o han pertenecido a hermandades, el 47,9% se sitúa en los grupos ocupacionales de dirección, profesiones científicas, intelectuales y técnicas. Los datos muestran así un indicio de cambio en la composición social del cofradierismo, con un creciente peso de sectores con mayor nivel educativo y cultural.

La investigación también observa un proceso de feminización en la base social de las hermandades. Las mujeres representan el 54,1% de quienes pertenecen o han pertenecido a ellas. No obstante, el trabajo advierte de que esta mayor presencia no implica una igualdad plena en la participación ni en el acceso a los espacios de mayor visibilidad y responsabilidad dentro de las corporaciones.
Otro de los aspectos destacados es el envejecimiento de esta base social. La edad media de las personas vinculadas a hermandades se sitúa en 47,33 años, por encima de la media andaluza (43,6), y solo el 21,1% tiene menos de 30 años. "Hace apenas tres décadas, las hermandades constituían uno de los principales espacios de socialización juvenil en Andalucía", señala Martín Gutiérrez, quien advierte que la falta de relevo generacional plantea interrogantes sobre la sostenibilidad futura del modelo actual.
Tres formas de ser cofrade
A partir del análisis estadístico, el estudio identifica además tres grandes formas de vivir hoy el cofradierismo andaluz. La primera, denominada cofradierismo creativo, agrupa perfiles con mayor nivel educativo, más presencia urbana y una fuerte vinculación con su dimensión estética y cultural; viven la hermandad como experiencia simbólica de alto valor. La segunda, el cofradierismo comunitario, se asocia al arraigo territorial, la continuidad en el tiempo y la pertenencia identitaria vinculada al barrio o al entorno local. La tercera, el cofradierismo de género, pone el foco en la experiencia de las mujeres y en las desigualdades aún existentes, con una relectura feminizada y crítica de los espacios cofradieros.
Para Daniel Marín, estos resultados permiten cuestionar la idea de que el cofradierismo andaluz sea un fenómeno homogéneo. Más bien, las hermandades aparecen como espacios donde conviven tradición, identidad local, consumo cultural, religiosidad y nuevas demandas de reconocimiento e igualdad. En palabras de Marín Gutiérrez, a partir del hecho de que las hermandades andaluzas se están transformando, "la cuestión de fondo no es si la Semana Santa es más o menos religiosa sino quién define su significado en el presente: la tradición comunitaria, la excelencia estética promovida por nuevas élites culturales o las demandas contemporáneas de igualdad y renovación".





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