El incendio forestal declarado en el entorno de Fermoselle, en la provincia de Zamora, ha vuelto a llenar de inquietud a la comarca de Sayago y al Parque Natural de los Arribes del Duero. Durante la noche, cuando el humo oscurecía aún más el paisaje y el avance de las llamas mantenía en vilo a los vecinos, la evolución del fuego obligó a ordenar dos nuevos desalojos, los de Villar del Buey y Pasariegos. Mientras tanto, cerca de medio centenar de medios terrestres trabajaban sin descanso, casi a contrarreloj, para proteger viviendas, cerrar perímetros y frenar un incendio que amenazaba con llevarse por delante mucho más que monte. Con estas últimas evacuaciones, el número de localidades desalojadas asciende a catorce, mientras otras dos permanecen confinadas por la presencia de humo y la amenaza de las llamas.
La situación se agravó tras una noche especialmente dura para los equipos de extinción. Sin la ayuda de los medios aéreos hasta el amanecer, bomberos, agentes medioambientales, técnicos y cuadrillas tuvieron que enfrentarse al fuego desde tierra, en un terreno difícil, seco y expuesto al viento. Su tarea fue tan urgente como esencial: defender los cascos urbanos, impedir que las llamas alcanzaran nuevas zonas habitadas y contener los frentes activos antes de que el incendio ganara más fuerza. Según la información disponible, durante esas horas participaron seis técnicos, trece agentes medioambientales, trece cuadrillas, cinco autobombas, tres retenes de maquinaria y ocho dotaciones de bomberos de las diputaciones de Zamora y Salamanca.
Evacuaciones y atención a los vecinos
La evacuación de Villar del Buey tuvo un componente especialmente delicado y doloroso: entre sus vecinos se encontraban 25 personas mayores de la residencia de la localidad, que fueron trasladadas a la residencia Los Tres Árboles, en la ciudad de Zamora. Para ellas, el desalojo significó abandonar de forma repentina un espacio cotidiano y seguro; para sus familias, una noche de llamadas, espera e incertidumbre. Ese traslado se sumó al goteo de desplazados que desde el inicio del incendio han tenido que salir de sus casas con lo imprescindible, dejando atrás hogares, animales, recuerdos y la angustia de no saber qué encontrarán cuando puedan volver.
El fuego se originó el miércoles por la tarde en Fermoselle, una localidad zamorana situada junto a la frontera con Portugal y dentro de un entorno de alto valor ambiental. Desde los primeros momentos, la rápida propagación de las llamas, favorecida por las altas temperaturas, la baja humedad, la sequedad de la vegetación y los cambios de viento, obligó a elevar el nivel de gravedad y a adoptar medidas preventivas sobre la población. A lo largo de la jornada fueron evacuadas distintas localidades del entorno, entre ellas Cibanal, Formariz, Fornillos de Fermoselle, Palazuelo de Sayago, Pinilla de Fermoselle, Mámoles, Zafara, Muga de Sayago, Argañín, Badilla, Tudera y Cozcurrita, además de otras zonas y alojamientos afectados por la evolución del incendio.
El impacto humano del incendio atraviesa toda esta emergencia. Las personas evacuadas han sido realojadas en pabellones deportivos de Bermillo de Sayago, Fermoselle y Muelas del Pan, así como en residencias de mayores de Zamora. Allí, lejos de sus calles y de sus rutinas, muchos vecinos han pasado la noche pendientes del teléfono, de las noticias y de cualquier indicación oficial que les permita saber si sus viviendas siguen a salvo. En municipios pequeños, donde cada casa tiene una historia y cada vecino forma parte de una red cercana, la evacuación no es solo un traslado físico: es una interrupción brusca de la vida diaria y una herida emocional difícil de medir.
Un operativo centrado en proteger los núcleos habitados
La prioridad del operativo durante la noche fue impedir que el fuego entrara en los núcleos habitados. En la oscuridad, sin apoyo aéreo, los equipos tuvieron que apoyarse en medios terrestres, maquinaria pesada y autobombas para abrir líneas de defensa, refrescar zonas críticas y actuar allí donde las llamas se acercaban a viviendas, explotaciones o infraestructuras. Cada avance contenido supuso tiempo ganado para los vecinos y una oportunidad más para proteger pueblos que, en cuestión de horas, pasaron de la calma cotidiana a la amenaza directa del fuego. La coordinación entre administraciones resultó clave en una emergencia que afecta a varios términos municipales y mantiene bajo presión a todos los servicios implicados.
Además de los desalojos y confinamientos, el incendio ha obligado a cortar varias carreteras. Permanecen afectadas la CL-527 y las vías provinciales ZA-P-2221, ZA-P-2222 y ZA-P-2226, lo que complica tanto la movilidad de los vecinos como el trabajo logístico de los equipos de emergencia. Las autoridades han insistido en evitar desplazamientos innecesarios por la zona y en respetar las instrucciones oficiales, especialmente en áreas donde la visibilidad puede verse reducida por el humo o donde las llamas pueden cambiar de dirección con rapidez.
El viento marca la evolución del incendio
La gran preocupación para las próximas horas es el viento, ese enemigo invisible que puede cambiarlo todo en apenas unos minutos. Los responsables del dispositivo temen que se intensifique durante la tarde, lo que podría reactivar focos, dificultar la consolidación del perímetro y obligar a nuevas medidas de protección. En incendios de estas características, una racha puede acelerar la propagación, desplazar pavesas a gran distancia y convertir en inestable una zona que parecía controlada. Por ello, aunque la llegada de medios aéreos al amanecer permite reforzar el ataque directo desde el aire, la evolución seguirá pendiente del cielo, del terreno y de la resistencia de quienes trabajan sin descanso para asegurar los flancos.
Un territorio vulnerable ante los grandes fuegos
El incendio de Fermoselle revive además una memoria dolorosa en Zamora, una provincia que conoce demasiado bien la devastación de los grandes fuegos forestales. En los últimos años, las llamas han dejado cicatrices profundas en el paisaje y en quienes lo habitan. En los Arribes del Duero, un territorio de cañones fluviales, laderas abruptas, mosaicos agrícolas y vegetación mediterránea, cada incendio amenaza no solo un espacio natural de enorme valor, sino también una forma de vida ligada a la tierra. La despoblación, el abandono de usos tradicionales, la acumulación de combustible vegetal y las olas de calor cada vez más frecuentes hacen que el territorio sea más frágil ante fuegos intensos y difíciles de controlar.
Una jornada decisiva
Mientras los vecinos desalojados esperan noticias y los equipos de emergencia continúan trabajando sobre el terreno, la consigna oficial sigue siendo la prudencia. La prioridad inmediata es proteger vidas y bienes, contener el avance del incendio y evitar que el cambio del viento agrave una situación ya crítica. La noche dejó dos desalojos más, pueblos en silencio y familias lejos de sus casas. La jornada que comienza será decisiva para saber si el despliegue de medios consigue estabilizar el incendio o si la comarca tendrá que afrontar nuevas evacuaciones. Hasta entonces, Zamora contiene la respiración frente a un fuego que vuelve a recordar la fuerza devastadora de la naturaleza y la vulnerabilidad de quienes viven junto a ella.





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