WWF celebra la entrada en vigor mañana, 17 de enero, del Tratado de Alta Mar como un rayo de esperanza para la salud de los océanos y del planeta. El tratado, que ha tardado casi dos décadas en elaborarse, proporciona un nuevo marco para ayudar a proteger y gestionar las dos terceras partes de los océanos que se encuentran fuera de la jurisdicción nacional.
Kirsten Schuijt, directora general de WWF International, afirmó: "La entrada en vigor del Tratado de Alta Mar marca un hito histórico para los océanos del mundo y para la humanidad. Al convertirse en una norma de obligado cumplimiento, el tratado inaugura una nueva era de gobernanza y cooperación oceánicas con un inmenso potencial para lograr unos océanos y una economía más saludables y resilientes. Este es solo el principio del camino: desde WWF instamos a los gobiernos y empresas a colaborar con el objetivo de poner en marcha de forma eficaz el tratado, y animamos a los países que aún no lo han hecho a sumarse a él".
El tratado establece un mecanismo jurídicamente vinculante que permite designar una red de áreas marinas protegidas (AMP), un paso esencial para alcanzar el objetivo mundial de proteger el 30 % de los océanos para 2030, tal y como se acordó en el Marco Mundial para la Diversidad Biológica. En la actualidad, un 9,6 % de la superficie marina está protegida pero solo algo más del 1 % de la alta mar lo está, a pesar de su importancia para la salud del planeta y de los seres humanos, así como para la economía.
Los impactos sobre la vida marina derivados de la sobrepesca, el transporte marítimo, la contaminación, el cambio climático y las amenazas emergentes, como la minería en los fondos marinos, son cuestiones que ningún país ni organismo de gestión sectorial puede resolver por sí solo, sino que requieren un enfoque holístico, y ahí es donde entra en juego el Tratado de Alta Mar.

El tratado no solo permite el establecimiento de Áreas Marinas Protegidas acordadas a nivel mundial, sino que también refuerza los requisitos para las evaluaciones de impacto ambiental de las actividades marinas que puedan tener repercusiones ecológicas, como la pesca, el transporte marítimo, el tendido de cables y la extracción de recursos, y mejora la transparencia y fomenta la cooperación científica. También exige la distribución justa y equitativa de los beneficios derivados de los recursos genéticos marinos.
Jessica Battle, experta en gobernanza y políticas oceánicas globales de WWF, afirmó: "Ha llegado el momento de que todos los Estados y usuarios de los océanos colaboren de verdad para protegerlos: solo si situamos la salud de los océanos en el centro de la pesca, el transporte marítimo y otros usos, se conservará la vida marina y los servicios ecosistémicos para las generaciones futuras. Ahora, las industrias marítimas deben trabajar con expertos en biodiversidad para integrar el asesoramiento científico en la toma de decisiones sobre los niveles y métodos de pesca, así como sobre las rutas marítimas, con el fin de garantizar la prosperidad de la vida marina. En WWF estamos encantados de ver cómo el tratado cobra vida y estamos dispuestos a trabajar con todas las partes interesadas para garantizar que se cumpla su objetivo".
La alta mar es vital para la biodiversidad, la seguridad alimentaria y la economía mundial, ya que sustenta importantes caladeros y el transporte marítimo internacional. La protección de los océanos es también fundamental para la estabilidad climática. El océano ha mitigado los efectos del cambio climático al absorber alrededor del 90 % del exceso de calor generado por las emisiones de gases de efecto invernadero y el 25 % de las emisiones de dióxido de carbono.





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