Con motivo del próximo Día Mundial del Clima (26 de marzo), y ante el aumento de la crisis internacional por la guerra en Irán, Greenpeace exige al Gobierno un plan para abandonar definitivamente los combustibles fósiles y apostar por una transición basada en la suficiencia, la eficiencia y las energías renovables como mejor garantía para una vida más justa, asequible y en paz.
"Frente al escenario geopolítico inestable, sucio y peligroso de los combustibles fósiles, que nos están arrastrando a una crisis climática cada vez más grave, la mejor defensa consiste en aprovechar las energías renovables que tenemos, usar la energía de manera eficiente y acabar con actividades inútiles o perjudiciales que derrochan energía. La transición hacia un modelo limpio nos permite romper con la dependencia de Trump y Putin y alejarnos de las guerras por los recursos. En su lugar, nos abre la puerta a desarrollar un modelo económico y social basado en la soberanía energética, la seguridad y el bienestar", ha señalado Pedro Zorrilla Miras, coordinador de la campaña contra el cambio climático de Greenpeace.
La dependencia de los combustibles fósiles alimenta guerras y perpetúa prácticas colonialistas y violentas. Asimismo, estas energías sucias perjudican los territorios de donde se extraen, empobrecen a la población y generan desigualdad. El cambio climático también se encuentra vinculado a la industria fósil, que con sus emisiones de CO2 agrava y aumenta la frecuencia de fenómenos extremos como incendios, inundaciones, sequías y olas de calor. Por su parte, la economía tampoco escapa al impacto de estos combustibles, que aumentan la vulnerabilidad de los países frente al alza de precios en el mercado internacional y frente a las decisiones políticas de las grandes potencias productoras, como Estados Unidos o Rusia.

Greenpeace recuerda que guerras como la de Irán tienen claros ganadores y perdedores. Las grandes petroleras y gasistas de fuera del Golfo Pérsico emergen como las principales beneficiarias: sólo en las primeras dos semanas de ataques, el valor de mercado de las seis mayores firmas fósiles occidentales se ha disparado en más de 130.000 millones de dólares. No es un caso aislado: la industria posee un largo historial de especulación bélica, como demuestra el beneficio extraordinario de 134.000 millones de dólares obtenido por las cinco grandes compañías del sector tras el inicio de la guerra en Ucrania en 2022, según Global Witness. Además, esta crisis energética refuerza las arcas de potencias como Rusia, que mejora su capacidad para financiar el conflicto ucraniano gracias al aumento de sus ingresos por hidrocarburos.
Mientras estas corporaciones se lucran, la población civil paga el precio más alto. La tragedia humana ya se cuenta por miles: más de 1.400 víctimas en Irán y 600 en Líbano, a lo que se suma la destrucción y contaminación sistemática de territorios. El medio ambiente sufre daños irreparables por incendios, acumulación de escombros y degradación de suelos y acuíferos. Finalmente, las repercusiones de la guerra golpean la economía doméstica a través del precio del combustible, encareciendo desde el transporte hasta la alimentación. Según el FMI, por cada aumento sostenido del 10% en el precio del petróleo, la inflación sube un 0,4%, asfixiando el bienestar de las familias.
A finales de abril, los gobiernos tienen en Colombia una oportunidad histórica para acordar una respuesta coordinada frente a la dependencia fósil y el cambio climático. Del 24 al 29 de abril tendrá lugar la Primera Conferencia Internacional para la Transición más allá de los Combustibles Fósiles, un encuentro de alto nivel organizado por el país sudamericano y Países Bajos para marcar una hoja de ruta clara hacia la descarbonización: "El Gobierno de España debe impulsar activamente un plan global para el abandono de los combustibles fósiles por el bien de nuestra ciudadanía y del planeta. La Conferencia de Colombia y posteriormente la COP31 de Turquía serán citas claves para fijar medidas concretas que nos liberen del gas y del petróleo", ha destacado Zorrilla Miras.
Greenpeace reclama al Gobierno seis medidas fundamentales contra las guerras y el cambio climático:
- Plan de abandono de combustibles fósiles: con medidas como dejar de subvencionarlos, ofrecer soluciones para las personas con empleos en los sectores afectados o crear nuevos impuestos a la industria fósil, así como fijar una fecha para dejar de usar gas fósil.
- Sistema energético suficiente, eficiente y 100% renovable como tarde en 2040, que permita poder vivir mejor sin depender de combustibles fósiles.
- Transición urgente a un sistema agroalimentario sostenible, basado en la agricultura ecológica y la ganadería ecológica extensiva. La crisis del Estrecho de Ormuz evidencia la vulnerabilidad de un modelo industrial dependiente de los combustibles fósiles y los agroquímicos, frente a la resiliencia que ofrece un sistema sostenible.
- Transporte público seguro, accesible y sostenible, que permita reducir la dependencia de la gasolina y el diésel, así como una movilidad asequible.
- Descarbonización y aislamiento térmico de las viviendas para tener hogares de calidad, eficientes, electrificados y con autoconsumo de energía solar.
- Aprobación del Tratado Mundial de Plásticos, lo que supondría utilizar materiales más saludables y dejar de extraer gas y petróleo.





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