Los obstáculos urbanos, el tráfico y la escasez de plazas de aparcamiento para bicicletas actúan como barrera a la hora de fomentar la bici entre los escolares. Lo ha demostrado el proyecto PACO - 'Pedalea y anda al cole', una iniciativa de investigación dirigida desde la Universidad de Granada por Palma Chillón Garzón, catedrática de la Facultad de Ciencias del Deporte.
PACO es una intervención que busca fomentar el uso de la bicicleta en los trayectos que los adolescentes españoles hacen diariamente hacia y desde el centro educativo, lo que se traduciría en un impacto positivo sobre la actividad física, contribuyendo a cubrir la mitad de los 60 minutos de ejercicio al día recomendados por la Organización Mundial de la Salud, además de influir en diferentes factores psicológicos y sociales de los jóvenes.
El estudio se ha realizado en ocho institutos de Secundaria de cuatro ciudades españolas: Almería, Granada, Jaén y Valencia; con 256 adolescentes de unos 14 años pertenecientes a 3º de ESO. La intervención ha durado un mes, dentro de las clases de Educación Física, y ha incluido formación teórica y práctica con la bicicleta en circuitos cerrados y en la circulación real urbana, siempre supervisada por especialistas.

Según explica la catedrática de la UGR Palma Chillón Garzón, "los programas escolares de promoción de la movilidad activa, por sí solos, probablemente no bastan". El análisis sugiere que, si no van acompañados de medidas urbanas y sociales, pueden no producir los cambios esperados en los trayectos cotidianos de los adolescentes. En la práctica, esto significa que las políticas eficaces han de combinar varios niveles de actuación al mismo tiempo. Por un lado, actuaciones educativas en los centros; por otro, mejoras del entorno donde se desplazan los jóvenes, como rutas escolares más seguras, reducción del tráfico o 'aparcabicis' adecuados.
El principal hallazgo del proyecto PACO, curiosamente, es que el programa no ha conseguido modificar el modo de desplazamiento ni aumentar la actividad física, pero sí ha incrementado la percepción de barreras ambientales y de seguridad entre el estudiantado. En las chicas, además, ha crecido la desmotivación hacia el uso de la bici para ir al instituto, seguramente porque son conscientes de que es más difícil y retador de lo que esperaban, y las ganas iniciales que tenían antes de dicha práctica se reducen.
Es decir, el estudio aclara que esta intervención de un mes de duración centrada en los desplazamientos en bicicleta con la circulación real del contexto urbano no es suficiente para un cambio de comportamiento y, en algunos casos, incluso hace más visibles los obstáculos reales del entorno.
La aportación novedosa de la iniciativa no está solo en medir resultados de comportamiento. Queda claro que el problema no depende únicamente de que los adolescentes dominen o no el hecho de circular en bici por la ciudad, sino también de cómo perciben la seguridad vial, el tráfico, las rotondas, la distancia al centro educativo donde estudian o el apoyo de su entorno en contextos urbanos.
"En ese sentido, el artículo expone un mensaje muy relevante para la investigación aplicada, y es que enseñar habilidades para usar la bicicleta como medio de movilidad, en este caso, no garantiza el cambio de hábito si persisten obstáculos estructurales y sociales. La importancia de percibir inseguridades en el entorno es grande y debe trabajarse en ella desde las diferentes instituciones gubernamentales. También aporta una mirada más detallada, al identificar respuestas distintas según género y según el nivel socioeconómico, algo clave para diseñar intervenciones precisas y equitativas que alcancen a toda la población", detalla la catedrática Palma Chillón Garzón.
El impacto social más destacado de PACO es que ayuda a explicar por qué muchas estrategias bien intencionadas para fomentar el ir andando o en bici al centro educativo no logran los resultados esperados. Promover hábitos saludables en la adolescencia no depende solo del instituto o de la voluntad individual, también de factores relevantes como la seguridad vial, el diseño urbano, las infraestructuras y el apoyo familiar y social.
Los investigadores de PACO reivindican una mejor coordinación entre centros educativos, ayuntamientos y familias: "Las futuras iniciativas deberían incorporar estrategias más duraderas, sensibles al género y adaptadas al contexto local", destaca Pablo Campos Garzón, primer autor del artículo, egresado de la UGR e investigador de la Universidad de Almería.
Desde el punto de vista institucional, el estudio ayuda a orientar mejor la inversión pública. En lugar de centrar todos los recursos en acciones aisladas dentro del aula, subraya la necesidad de políticas integrales de movilidad escolar activa, donde salud pública, educación, urbanismo y seguridad vial trabajen de manera conjunta e intersectorial.
Desplazarse a los lugares habituales andando o en bicicleta adquiere gran relevancia en la salud pública. Además de mejorar la salud integral de los jóvenes, contribuye al bienestar general de la población, cuida la calidad del aire y contrarresta el cambio climático a través de la reducción de tráfico, emisiones y dependencia del coche.
Por lo tanto, "la investigación brinda un mensaje muy útil, si queremos que más adolescentes vayan al centro educativo en bici, no basta con formarles, también hay que hacer que el trayecto sea realmente viable, seguro y atractivo. Y aquí realizamos una llamada a las políticas públicas de salud para crear en las ciudades entornos seguros, saludables, agradables, caminables y ciclables", reivindican los miembros del proyecto PACO.





Guía de San Pedro Alcántara
Comentarios
Aviso





