World Vision está profundamente entristecida por la noticia de un mortal deslizamiento de tierra en la mina artesanal de Rubaya, en el territorio de Masisi, Kivu del Norte, al este de la República Democrática del Congo (RDC), que se ha cobrado la vida de más de 200 personas tras las fuertes lluvias. Se estima que 70 de ellas son niños y niñas, aunque las cifras exactas aún no se han confirmado, ya que continúan las labores de rescate.
El desastre ha tenido graves consecuencias para las comunidades, ya debilitadas por años de conflicto armado, desplazamientos forzados y pobreza crónica. En el este de la RDC, el control de las zonas ricas en minerales ha alimentado durante mucho tiempo la violencia, obligando a las familias a abandonar sus hogares, interrumpiendo la educación y dejando a la infancia con pocas opciones para sobrevivir, salvo el trabajo minero inseguro y mal regulado u otros trabajos peligrosos.
Rubaya se encuentra en el corazón de una lucrativa zona productora de coltán, donde los beneficios de la minería artesanal, mal regulada, se han relacionado repetidamente con la financiación de grupos armados. Estos grupos se benefician de la inseguridad, mientras que los niños y niñas pagan el precio: desplazados de sus hogares, obligados a abandonar la escuela y arrastrados a trabajos mineros peligrosos que los exponen a la explotación, las lesiones y la muerte.
"Es una tragedia desgarradora", afirma Aline Napon, directora nacional de World Vision en la RDC. "Los niños y niñas deberían estar en la escuela, no trabajando bajo tierra en condiciones peligrosas que ponen en riesgo sus vidas. Sin embargo, los minerales que se extraen aquí contribuyen a alimentar el conflicto que desplaza a las familias en primer lugar y, en última instancia, terminan en cadenas de suministro globales que generan beneficios mucho más allá del Congo, mientras que las comunidades locales siguen atrapadas en la pobreza y el peligro".
El derrumbe se produjo durante un periodo de intensas lluvias, que provocaron la inestabilidad del suelo y el colapso de varios pozos subterráneos mientras los mineros se encontraban en su interior. Los niños y niñas suelen trabajar en las minas realizando pequeñas transacciones comerciales y ayudando a transportar mercancías. Muchos supervivientes, entre ellos niños y niñas, han sufrido lesiones graves y algunos han sido trasladados a hospitales de la capital regional, Goma, para recibir atención especializada. Las autoridades han cerrado temporalmente el lugar para facilitar las labores de recuperación, aunque el acceso sigue siendo extremadamente difícil.
Las comunidades de los alrededores de Rubaya ya se encontraban en una situación muy difícil debido a la inseguridad, los desplazamientos y la pobreza crónica. La catástrofe ha dejado a las familias sumidas en el dolor, a los heridos con necesidad de asistencia médica a largo plazo y a los hogares sin ingresos de forma repentina. La infancia se enfrenta ahora a un mayor riesgo de explotación, trauma psicológico, separación familiar y de verse empujada a realizar trabajos peligrosos, mientras las familias luchan por salir adelante.
"Más allá de la pérdida inmediata de vidas, esta tragedia tendrá repercusiones duraderas en la seguridad, el bienestar y el futuro de los niños y niñas", afirma David Munkley, director zonal de World Vision en el este de la RDC. "Se necesita urgentemente ayuda de emergencia, pero también medidas para abordar las causas más profundas —el conflicto, la débil regulación y la pobreza— que siguen obligando a los niños y niñas a realizar las formas de trabajo más peligrosas".
World Vision lleva trabajando en el este de la RDC desde 1984, centrándose en responder a las necesidades humanitarias de la infancia y las familias de la región. El programa WALIP de World Vision, financiado por el Departamento de Estado de los Estados Unidos, trabaja actualmente en Kivu del Norte con la organización local de protección Cœur Sans Frontière para llegar a más de mil niños y niñas cuyas vidas han sido trastornadas por el reciente recrudecimiento de la violencia. Muchos niños y niñas se han visto obligados a trabajar en minas o en las calles para sobrevivir. Nuestro programa WALIP les ayuda a acceder a atención psicosocial y les ofrece una vía para volver a la educación y la seguridad.





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