En los días de calor intenso, durante una gastroenteritis o después de realizar ejercicio físico, la deshidratación puede aparecer de forma silenciosa. Por eso, los médicos del Centro de Salud de San Pedro Alcántara (Costa del Sol) insisten en que no debe entenderse como una simple sensación de sed, sino como una señal de que el organismo está perdiendo más líquidos de los que recibe. "El cuerpo necesita agua para regular la temperatura, transportar nutrientes, mantener la presión arterial y permitir que órganos como el riñón funcionen correctamente", explican los profesionales sanitarios cuando atienden a pacientes con cansancio, mareos o malestar general.
La primera advertencia suele ser la sed, aunque los médicos recuerdan que no siempre aparece a tiempo. En las personas mayores, por ejemplo, la sensación de sed puede estar reducida, y en los niños pequeños todavía no está plenamente desarrollada. Por ese motivo, esperar a tener mucha sed para beber puede ser un error. Otros síntomas iniciales son la boca seca o pastosa, la piel menos elástica, el dolor de cabeza, la fatiga y la disminución de la cantidad de orina. Una pista sencilla, señalan en consulta, es observar el color de la orina: si es muy oscura o tiene un olor fuerte, puede indicar que el cuerpo está intentando conservar líquidos.
Cuando la pérdida de agua continúa, los síntomas pueden avanzar. Aparecen mareos al levantarse, debilidad, calambres musculares, náuseas, piel seca y sensación de decaimiento. "A veces el paciente llega diciendo que se encuentra raro, que le cuesta concentrarse o que está más lento", comentan los médicos. Esa confusión leve puede ser una señal de alarma, sobre todo si se suma a fiebre, diarrea, vómitos o exposición prolongada al sol. En los casos graves, la deshidratación puede provocar desorientación, respiración rápida, latidos acelerados, ausencia casi total de orina, desmayo o incluso shock, una situación que requiere atención sanitaria urgente.

Los médicos recomiendan beber agua de forma regular y prestar atención a los primeros síntomas de deshidratación, especialmente durante los días de calor
Los profesionales del Centro de Salud de San Pedro Alcántara (Costa del Sol) ponen especial atención en los grupos más vulnerables: bebés, niños pequeños, personas mayores, pacientes dependientes, enfermos crónicos y personas que toman determinados medicamentos, como diuréticos. En los bebés, los signos pueden ser distintos: llanto sin lágrimas, boca y lengua secas, pañales secos durante varias horas, ojos hundidos, irritabilidad o somnolencia inusual. En los mayores, en cambio, la deshidratación puede manifestarse como debilidad, caídas, confusión o empeoramiento de enfermedades previas. "No hay que esperar a que el cuadro sea evidente; la prevención es mucho más eficaz que el tratamiento tardío", subrayan.
Entre los consejos más repetidos está beber agua de forma regular a lo largo del día, incluso antes de notar sed. En jornadas calurosas, durante actividades al aire libre o cuando se realiza ejercicio, conviene aumentar la ingesta y hacer pausas en lugares frescos. También recomiendan evitar la exposición al sol en las horas centrales, usar ropa ligera y transpirable, protegerse la cabeza y no realizar esfuerzos físicos intensos cuando las temperaturas son elevadas. Las frutas y verduras con alto contenido en agua, como sandía, melón, naranja, pepino o tomate, pueden ayudar a complementar la hidratación, aunque no sustituyen al agua.
En caso de diarrea o vómitos, los médicos recomiendan especial vigilancia, porque no solo se pierde agua, sino también sales minerales. Para cuadros leves, beber pequeños sorbos frecuentes puede ser más eficaz que tomar grandes cantidades de golpe. Si el malestar continúa, pueden utilizarse soluciones de rehidratación oral indicadas por profesionales o disponibles en farmacia. Los sanitarios desaconsejan automedicarse o tomar preparados sin orientación, especialmente en niños, ancianos o personas con enfermedades renales, cardíacas o diabetes.
Otra recomendación práctica es planificar la hidratación antes de salir de casa. Llevar una botella de agua, ofrecer líquidos con frecuencia a niños y mayores, revisar que las personas dependientes beben lo suficiente y prestar atención a quienes trabajan al aire libre son medidas sencillas que pueden evitar complicaciones. Los médicos recuerdan que las bebidas alcohólicas no hidratan adecuadamente y que las bebidas muy azucaradas no son la mejor opción para reponer líquidos de forma habitual. En situaciones de calor, el agua sigue siendo la elección principal.
El mensaje final del Centro de Salud de San Pedro Alcántara (Costa del Sol) es claro: la deshidratación puede prevenirse si se reconocen sus primeras señales y se actúa con rapidez. Sed intensa, orina oscura, cansancio, mareos, boca seca o calambres no deben ignorarse, especialmente en días de calor o durante enfermedades digestivas. Y si aparecen confusión, desmayo, falta de micción, fiebre persistente, diarrea prolongada o incapacidad para retener líquidos, la recomendación es consultar de inmediato. "Beber agua a tiempo puede parecer un gesto pequeño, pero en muchos casos evita un problema serio", concluyen los médicos.





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