En una Armada moderna, tecnológicamente avanzada y preparada para operar en escenarios complejos, la formación en la navegación a vela ocupa un lugar imprescindible en los planes de estudio. No por tradición, sino por eficacia. Porque dominar los fundamentos de la mar, sigue siendo imprescindible para formar marinos completos y capaces de decidir con criterio cuando la tecnología no es suficiente.
"Mantener la navegación a vela en los programas de formación actuales no es mirar atrás, es asegurar el futuro. Los fundamentos que forjaron a los grandes marinos de nuestra historia conservan hoy toda su vigencia operativa", afirma el Almirante Director de Enseñanza Naval (ADIENA), contralmirante Fernández Borra.
La vela es el origen de la navegación y, por lo tanto, de la propia Armada. Durante siglos, los marinos aprendieron a leer el viento, a entender la mar y a gobernar sus buques con astucia, experiencia y la cohesión de la dotación.
"La navegación a vela no forma operadores de sistemas, forma marinos", subraya Fernández Borra, "desarrolla el ojo marinero, el sentido de la responsabilidad y una relación directa con la mar ninguna simulación puede sustituir".
Herramienta pedagógica de primer nivel
Navegar a vela exige interpretar el viento, anticipar la mar, coordinar maniobras complejas y asumir decisiones con consecuencias inmediatas.
Esa interacción tan directa, convierte a la vela en una herramienta pedagógica de primer orden: el alumno no memoriza conceptos, los vive. La percepción del viento, la apreciación de distancias, 'el sentir' el barco, se adquieren de manera natural, y acompañan al marino en cualquier plataforma en la que navegue a lo largo de su carrera.

"La tecnología cambia; la mar no. Quien aprende sus fundamentos está mejor preparado para cualquier escenario", señala el contralmirante. "En un barco a motor se aprende a operar sistemas; en uno a vela se aprende a ser marino".
Valores esenciales
Más allá del conocimiento técnico, la instrucción a vela concentra valores militares esenciales: disciplina, compañerismo, perseverancia y humildad ante la mar. Cada puesto cuenta, cada maniobra importa, y el trabajo en equipo deja de ser un concepto retórico para convertirse en una necesidad diaria.
El barco de vela es una escuela integral de valores desde antes de salir de puerto. La preparación minuciosa de cada navegación, obliga a la dotación a trabajar unida, garantizando la confianza mutua que serán decisivas en la mar.
"En un barco de vela no hay decisiones neutras: todo tiene un impacto directo sobre el barco y la dotación. Esa inmediatez es extraordinariamente formativa para quien va a ejercer el mando", indica el ADIENA.
La navegación a vela es, en definitiva, una escuela decisiva de liderazgo. En ella, el alumno aprende a decidir con rapidez, a comunicar con precisión y a asumir responsabilidades de forma directa, sin refugios ni anonimato. Se forja así, una resiliencia física y mental que acompaña al marino durante toda su vida profesional.
"La vela expone al alumno a la incertidumbre, al esfuerzo prolongado y a la incomodidad. De esa experiencia nace la confianza en uno mismo y en la dotación, que constituyen la esencia del mando en la mar", destaca el responsable de enseñanza de la Armada. "Un oficial que solo sabe navegar mirando pantallas es vulnerable. No se trata de rechazar la tecnología, sino de no quedar indefenso sin ella".
En un entorno cada vez más automatizado, la Armada considera prioritario formar marinos capaces de actuar con autonomía, criterio propio y serenidad ante lo imprevisto. La navegación a vela entrena precisamente esas capacidades, fortaleciendo la seguridad en la navegación y la preparación para situaciones de crisis, cuando la presión es máxima y las decisiones tienen que ser rápidas.
"La navegación a vela no es simbólica. Es útil operativamente. Prepara para los momentos en los que los sistemas fallan y solo quedan el juicio, la calma y la cohesión de la dotación", concluye el contralmirante Fernández Borra.
Con esta apuesta firme por la vela, la Armada reafirma su compromiso con una formación exigente y de largo alcance, orientada a forjar marinos completos, técnicamente competentes, humanamente sólidos y preparados para afrontar, con solvencia y determinación, los desafíos del entorno marítimo del presente y del futuro.





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