La política climática más efectiva es una combinación de diversas medidas, desde el gravamen de las emisiones de carbono a partir de determinado volumen hasta el establecimiento de medidas fiscales sobre los combustibles fósiles, la investigación o la inversión en energías renovables. Esta es la conclusión de un estudio internacional que ha comparado las políticas climáticas de cuarenta países durante más de treinta años y que se ha publicado en la revista Climate Policy. Han participado investigadores de la Universidad de Barcelona, la Universidad Ludwig Maximilian de Múnich, la Universidad de Lausana y la Universidad de Oslo.
El equipo de investigación, del que ha formado parte el investigador Ramón y Cajal de la UB Xavier Fernández i Marín, ha analizado las políticas climáticas por países y sus efectos entre 1990 y 2022. España, en relación con el resto de países estudiados, se encuentra bien posicionada en aspectos como las políticas de inversión en I+D para mejorar la eficiencia energética, y también en la exigencia de que las empresas calculen sus emisiones de gases de efecto invernadero e informen al respecto (lo que en inglés se conoce como emissions reporting). Por el contrario, tiene un gran margen de mejora en la reducción de las emisiones del sector del transporte, objetivo que podría alcanzarse con tasas específicas y peajes de congestión.
Gracias a un método estadístico innovador que permite modelar múltiples parámetros de forma simultánea, los investigadores han podido evaluar la efectividad de 1.737 políticas climáticas. Asimismo, se aseguraron de que solo se incluyeran en el modelo iniciativas con evidencia empírica suficiente.

La conclusión es que un repertorio diverso y exhaustivo de instrumentos políticos es más efectivo que confiar en medidas aisladas. La mejor opción, pues, es implementar diversas medidas bien coordinadas durante un largo periodo de tiempo. En su artículo, se destaca que los amplios conjuntos de políticas de Suecia y Noruega son muy efectivos para la acción climática. Asimismo, se indica que países como Australia, Canadá o Japón podrían reducir las emisiones de dióxido de carbono de forma efectiva aumentando los impuestos sobre los combustibles fósiles.
La investigación establece determinadas políticas como especialmente eficaces: gravar las emisiones de carbono a partir de un determinado volumen o incentivar económicamente su disminución, establecer impuestos sobre los combustibles fósiles, hacer investigación científica sobre el clima e invertir en energías renovables.
Las conclusiones del estudio tienen como finalidad ofrecer orientaciones prácticas a los responsables políticos para identificar los instrumentos más efectivos en su contexto nacional específico. Además, el nuevo modelo estadístico desarrollado puede aplicarse a otras áreas de política pública en rápido crecimiento, para evaluar la efectividad de las medidas.





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