España acaba de asistir a un hito hidrológico sin precedentes desde que existen registros. Las últimas lluvias han provocado que, en una ventana de apenas 72 horas, la reserva hídrica peninsular haya experimentado un crecimiento exponencial: 693 𝗵𝗺³ en 24 horas, 1.623 𝗵𝗺³ a las 48 horas y un disparo final hasta los 2.349 𝗵𝗺³ en solo tres días (y esta semana seguirá aumentando). Los datos para esta semana indican que los embalses españoles acumulan 43.341 hm³ de agua, el 77,34% de su capacidad total, 5.634 𝗵𝗺³ más que la semana anterior. El mayor incremento semanal desde que existen registros semanales de la reserva hídrica peninsular (el anterior máximo fue de 4.735 hm³ el 2/01/1996).
Greenpeace advierte que estas cifras, aunque aparentemente positivas para combatir la sequía, ocultan una realidad geodinámica preocupante: las infraestructuras hidráulicas están operando bajo una presión climática para la que no fueron diseñadas y que, con el cambio climático, se verá agravada los próximos años.
Transición crítica de la fase de construcción a la fase de mantenimiento
España ha superado definitivamente su histórica fase de construcción de grandes obras hidráulicas. El reto actual no es levantar nuevos muros, sino realizar una mejora y mantenimiento sobre los existentes. La vida útil de los embalses españoles se está agotando, no necesariamente por un riesgo de colapso estructural, las presas son sólidas desde el punto de vista de la ingeniería civil, sino por una pérdida drástica de eficiencia operativa.

Se están gestionando infraestructuras proyectadas a mediados del siglo XX, bajo las exigencias de una variabilidad climática extrema, incrementada por el cambio climático, propia del siglo XXI. El grueso de la infraestructura hidráulica se construyó durante la dictadura (1950-1975). Esto significa que una gran parte de las presas está cruzando ahora mismo el umbral de su vida útil teórica de proyecto (los 50-75 años). El hormigón aguanta pero el acero no tanto. Las compuertas, válvulas y desagües de fondo de presas construidas en los años 50 y 60 están llegando al final de su vida operativa segura.
La colmatación y la pérdida de capacidad, la muerte silenciosa de los embalses
La recurrencia de borrascas explosivas y episodios de precipitaciones torrenciales está sometiendo a los cauces y embalses a un estrés mecánico y sedimentario que compromete la garantía real de agua. El mayor desafío geológico al que se enfrenta el país tras el paso de estas borrascas, es la colmatación o aterramiento. Cada inundación arrastra consigo toneladas de sedimentos, lodos y detritos procedentes de la cuenca vertiente erosionada donde se sitúa el embalse.
Cuando un embalse se colmata, su volumen útil disminuye. Los datos actuales indican que se acumulan 43.341 hm³, pero si no se invierte masivamente en la limpieza de lodos y sedimentos (una operación extremadamente compleja y costosa, que puede subir a decenas de millones de euros), el agua que se ve en superficie es engañosa. Se está almacenando menos recurso del que dicen las cotas debido a la acumulación de sedimentos en el fondo.
Otra cuestión clave es la modernización de las compuertas y los sistemas de evacuación de fondo es vital. Las infraestructuras antiguas carecen de la agilidad necesaria para gestionar las "avenidas sólidas" (mezcla de agua y sedimentos) que traen las nuevas borrascas.
Hacia una restauración hidrológico forestal
Desde la perspectiva de la geología ambiental, la solución no termina en la presa o embalse; comienza en su entorno. Para Greenpeace es urgente invertir y planificar en restauración hidrológico forestal para reducir las escorrentías y evitar que los embalses se conviertan en meros depósitos de lodos y sedimentos. La reforestación estratégica y la estabilización de laderas reducen la velocidad del agua y, lo más importante, retienen el suelo. Un cauce sano y una cuenca forestada actúan como una "esponja" que amortigua el impacto del cambio climático, protegiendo la inversión millonaria que suponen las presas.
Proteger y conservar no es suficiente, es necesario restaurar. El Reglamento de Restauración de la Naturaleza de la UE, aprobado en 2024, es una oportunidad clave. Supone un marco en el que los Estados miembros pondrán en marcha medidas de restauración para que, en conjunto, al menos el 20 % de las zonas terrestres y marítimas de la UE de aquí a 2030 y todos los ecosistemas que necesitan restauración de aquí a 2050. A nivel estatal, se tiene que traducir en Plan Nacional de Restauración de la Naturaleza para agosto de 2026 y para que sea una realidad es fundamental que las administraciones cumplan con las fechas e información requerida y asegurar la coordinación entre administraciones. Restaurar es también seguridad para la población.
Según Greenpeace, la "garantía de agua" en España será cada vez más una ilusión, si no se aborda una inversión ambiciosa en dos frentes:
- Modernización tecnológica de presas, rehabilitación de desagües de fondo y desaterramiento sistemático.
- Restauración de cauces y recuperación de la cobertura forestal para minimizar la erosión.
"El incremento semanal de 5.634 hm3 es un recordatorio de que la naturaleza tiene capacidad de recuperación, pero también de que la violencia de estos fenómenos, cada vez más intensos por el cambio climático, exige una adaptación. Es el momento de la rehabilitación masiva, restauración hidrológico forestal de cauces y cuencas", ha declarado Julio Barea, doctor en Hidrogeología y responsable de aguas de Greenpeace. "De lo contrario, la obsolescencia técnica de nuestros embalses nos volverá cada vez más vulnerables ante la próxima gran crisis hídrica".





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