Madrid es una de las ciudades más visitadas del mundo, pero, además de contar con un costado glamuroso que atrae a grandes celebridades de Hollywood y a los miembros más destacados de la nobleza europea, también tiene un costado oscuro, que seduce a turistas fascinados por la leyenda negra de una urbe donde ocurrieron hechos tan horribles que muchos diarios se negaron a registrarlos en sus páginas.
Plaza Mayor
Aquí se realizaban las ejecuciones públicas, especialmente durante el dominio de la Santa Inquisición, donde los condenados a morir decapitados eran colocados frente a la Casa de la Panadería, mientras que aquellos que sufrían el garrote vil eran llevados frente a la Casa de la Carnicería. Según el mito popular, uno de los primeros ajusticiados en el lugar fue un hombre llamado Cirilo, cuyo fantasma, de acuerdo al relato de los vecinos, se les aparece todavía a los rezagados que cruzan el lugar solos a la madrugada.

Mesón del Lobo Feroz
La Taberna del Lobo Feroz (número 9 de la calle de Luciente)
El encargado este negocio mató a dos prostitutas y escondió sus cadáveres en el sótano. En 1987 dejó el lugar y el nuevo propietario descubrió los cadáveres cuando comenzó a realizar refacciones. Según los forenses, las víctimas eran Mari Luz Varela Alonso, de 22 años, cuya desaparición había denunciado su madre en agosto de 1987; y otra mujer que no pudo ser identificada. De acuerdo al informe oficial, para asesinarlas se usó un cuchillo que media, por lo menos, 25 centímetros de largo, con una hoja de 3 centímetros. Tras una rápida investigación, la policía detuvo a Santiago San José Pardo, el antiguo propietario del lugar, de 32 años, quien confesó cómo fue su encuentro con la primera víctima: "Yo contacté con ella y fuimos al mesón para hacer el amor, a cambio de 5.000 pesetas. Charlamos, tomamos una copa y después no sé lo que pasó. La terrible sorpresa fue al día siguiente, cuando abrí el local y encontré el cadáver. Tuve mucho miedo". Tras varios intentos de obtener clemencia alegando problemas psiquiátricos, finalmente Pardo fue condenado, en 1989, a 72 años y medio de cárcel, pero en 2004, por buena conducta, salió en libertad y actualmente residiría en el sur de España.
El número 3 de la calle Antonio Grilo
Aquí han ocurrido, por lo menos, nueve asesinatos. El primer crimen sucedió en 1915, cuando un hombre fue brutalmente degollado frente al edificio y nunca pudo encontrarse al responsable. Tres décadas después, en 1945, Felipe de la Braña Marcos apareció muerto en su departamento como consecuencia de un fuerte golpe en su cabeza realizado con un martillo. En su mano, la policía encontró un mechón de cabello, pero entonces todavía no se hacía análisis de ADN y la pista no sirvió para detener a nadie. El piso estaba completamente revuelto, por lo que, según los investigadores, se trató de un robo. En este caso tampoco pudo hallarse al responsable. En 1962, el edificio vivió una situación todavía más terrible, cuando José María Ruiz Martínez, un sastre de 48 años, mató a su mujer y a sus cinco hijos (de 14, 12, 10, 5 y 2 años) usando un martillo y un cuchillo. Luego llamó a la policía para avisar lo que había hecho y se suicidó de un disparo. El último asesinato ocurrió en 1964, cuando Pilar Agustín Jimeno fue detenida por matar su hijo recién nacido. La joven ocultó el cuerpo del bebé en una cómoda, donde su hermana lo encontró poco después y llamó a la policía.





Guía de San Pedro Alcántara
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