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Columna
Lunes, 09 Febrero 2015

BALCÓN GLOBAL



RECONOZCO QUE la parte de la anatomía humana que más me fascina son los glúteos, especialmente en las féminas, claro, pero sin despreciar la vistosa apariencia de un trasero masculino bien proporcionado y fibrado. Es una de las partes más difícil de entrenar y de mantener en gótica apariencia, es decir mirando al cielo con prestancia y esbeltez, salvo para quienes la naturaleza les ha dotado de una natural redondez y de una tesura prieta permanente en esa zona muscular tan especial; y que puede ser, según se trate y se mire, territorio proclive al pudor o al erotismo más lacerante y provocativo. Glúteos. La misma denominación, tan gutural y contundente, con el acento en la vocal débil y la sonora llamada de las fuertes (eo, como un eco) junto al plural, ya que son dos protuberancias casi gemelas, con el agravante onomatopéyico que remite al globo terráqueo, a lo global —y no solo en lo relativo a los sonidos de su pronunciación, sino a la forma de ambos conceptos— siempre me hizo pensar en que la perfección es circular. De hecho, cuando algo raya la perfección expresamos que nos ha salido redondo. Sí, el trasero femíneo llega a ser objeto de mi adoración, del que gozo desde la misma llaneza visual a diario porque lo suelen lucir las mujeres con distintas prendas de todo tipo, desde las ajustadas mallas hasta las estilosas minifaldas.
   El caso es que el culo, dicho así, más coloquial y también más sonoramente —la terminación de la espalda que dicen los cursis— siempre ha sido un elemento de seducción erótica de las mujeres hacia los hombres y, desde luego, también viceversa, aunque cuenta menos. En todo caso, unos músculos interesantes que, por otro lado, también se usan para denigrar cuando se oye decir, por ejemplo, “me caes” o “me ha salido” como el culo.
   Lo que jamás me imaginé es que la Universidad de Oxford decidiera hacer una investigación científica y concluir que existe una relación directa entre el tamaño del trasero, la salud y la inteligencia. Según sus resultados, unas nalgas grandes son garantía de buena salud y pueden prevenir el desarrollo de diabetes y mantener a raya el colesterol. Analizados datos de más de 16.000 mujeres, las de poderosas retaguardias y cinturas pequeñas son más inteligentes que las demás. Los ácidos grasos Omega 3 se acumulan allí e intervienen en el desarrollo y buen funcionamiento del cerebro.












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