Hay pueblos que no necesitan levantar la voz para quedarse en la memoria. Sierra de Yeguas, en el norte de la provincia de Málaga y asomada ya a la campiña sevillana, pertenece a esa geografía tranquila de la Andalucía interior donde el viaje empieza mucho antes de llegar al casco urbano. Aquí el atractivo no se mide por una acumulación de grandes monumentos, sino por la forma en que el paisaje acompaña al visitante: una línea de olivos que se pierde en la distancia, los almendros marcando las estaciones, los Llanos de Navahermosa abiertos al sol y una sierra cercana que invita a mirar lejos.
La escapada puede comenzar al amanecer, cuando la luz cae baja sobre los campos y revela el carácter agrícola del municipio. Sierra de Yeguas se entiende desde ese primer silencio: el de los caminos rurales, el de las parcelas trabajadas durante generaciones, el de una economía y una identidad pegadas a la tierra. Los Llanos de Navahermosa, protegidos por su interés como paisaje agrícola, cuentan esa historia sin necesidad de paneles explicativos. Son una llanura ancha, de horizonte limpio, donde los cultivos dibujan una postal sobria y reconocible. Olivar, almendros y viñedo aparecen como algo más que recursos: son una manera de habitar el territorio.
Desde ahí, la jornada pide calzarse cómodo y tomar rumbo hacia la Sierra de los Caballos. No es una montaña abrupta ni grandilocuente; precisamente por eso resulta cercana. Su perfil, visible desde buena parte del entorno, funciona como una referencia constante para caminantes y cicloturistas. En sus laderas sobreviven manchas de encinar, matorral mediterráneo y repoblaciones de pino, un mosaico vegetal que cambia de textura a medida que se asciende. El premio está en las panorámicas: desde algunos puntos se intuyen los campos de Málaga y Sevilla, esa frontera natural y cultural que da al municipio un aire de cruce de caminos.

Al amanecer, los caminos rurales de Sierra de Yeguas resumen la identidad de una escapada interior marcada por el olivar, los almendros, la Sierra de los Caballos y un horizonte donde conviven paisaje agrícola y energía eólica
En la Sierra de los Caballos aparece también uno de los contrastes más interesantes del recorrido: el parque eólico. Las aspas, recortadas sobre el cielo, introducen una lectura contemporánea del paisaje. No rompen del todo la escena, pero sí la actualizan. Frente a la idea de un campo detenido en el tiempo, Sierra de Yeguas muestra una Andalucía interior donde conviven la memoria agrícola, el disfrute de la naturaleza y las nuevas formas de producir energía. El visitante encuentra así una imagen menos tópica y más compleja: la de un territorio que mira al futuro sin borrar sus raíces.
De vuelta al casco urbano, la nueva ruta circular #SDY propone caminar el pueblo como quien lee un relato por capítulos. El itinerario, de unos ocho kilómetros, enlaza el casco antiguo, Navahermosa y la Sierra de los Caballos, y señala una decena de puntos de interés que ordenan la visita sin convertirla en una carrera. El Monumento a la Yegua recuerda ya desde su presencia simbólica el nombre y la personalidad del municipio. La Plaza de las Américas ofrece una pausa urbana, un lugar para orientarse y observar la vida cotidiana. Cerca, la Parroquia de la Inmaculada Concepción conserva el peso del patrimonio local, especialmente por su atrio y su coro del siglo XVIII, mientras que el Parque de Mataró aporta sombra, descanso y escala humana al paseo.
El valor de esta ruta no está solo en los hitos que enumera, sino en lo que permite descubrir entre uno y otro: fachadas encaladas, conversaciones de puerta, calles que suben y bajan sin prisa, pequeños comercios y esa sensación de que el turismo también puede consistir en adaptarse al ritmo de un lugar. En tiempos de destinos saturados, Sierra de Yeguas propone otra experiencia: menos ruido, menos consumo acelerado y más atención. Caminar aquí es aceptar que el interés está en los detalles, en el modo en que una plaza se llena a cierta hora o en cómo el paisaje vuelve a aparecer al final de una calle.
La parada en Navahermosa añade al reportaje un tono aún más rural y cercano. Esta pedanía, nacida como pueblo de colonización en el siglo XX, mantiene una relación directa con el campo que la rodea. Allí la conversación puede surgir con un vecino que recuerda los antiguos repartos de tierra, con un productor que habla de campañas buenas y malas, o con senderistas que han elegido el área de El Acebuchal como punto de descanso antes o después de la ruta. Navahermosa no se visita para tachar una lista de monumentos, sino para comprender cómo la memoria reciente también forma parte del patrimonio andaluz.
Al caer la tarde, el cierre natural llega en la mesa. La gastronomía de Sierra de Yeguas se apoya en la cocina de pueblo, en el aceite de oliva y en los productos de temporada. El espárrago, convertido en seña de identidad gracias a una feria local con proyección provincial, resume bien esa unión entre campo, fiesta y despensa. Pero también hay lugar para guisos sencillos, platos de cuchara, quesos, embutidos, verduras de temporada y recetas que no buscan sorprender por artificio, sino por autenticidad. Después de caminar por la sierra, cruzar plazas y detenerse en Navahermosa, comer aquí significa prolongar el viaje en clave cotidiana.
Sierra de Yeguas no compite con los grandes iconos turísticos de Andalucía, ni falta que le hace. Su propuesta es otra: una escapada de interior para quienes desean caminar despacio, mirar lejos y entender cómo el paisaje agrícola, la memoria local y la vida de pueblo siguen dando forma a un destino. Entre los Llanos de Navahermosa, la Sierra de los Caballos, la ruta urbana y el sabor del aceite recién servido, el visitante descubre que también hay viajes que se disfrutan bajando el ritmo. Y que, a veces, la mejor manera de conocer Andalucía es alejarse de las multitudes para escuchar lo que cuentan sus pueblos pequeños.





San Pedro Alcántara
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