Ubicado en el número 21 del paseo de Recoletos, fue fundado por Gumersindo Gómez el 15 de mayo de 1888 y rápidamente se convirtió en uno de los lugares favoritos de los escritores más reconocidos de la época como Benito Pérez Galdós y Ramón María del Valle-Inclán.
Tras la Guerra Civil, el café fue visitado por autores consagrados como Eugenio d'Ors y Enrique Jardiel Poncela, junto a un grupo de nuevas figuras integrado por José García Nieto, Jesús Juan Garcés, Salvador Pérez Valiente y Camilo José Cela, que poco tiempo después se consagraría con su novela "La familia de Pascual Duarte".
Gracias a las crónicas y relatos de los escritores que se reunían allí, el sitio se hizo tan famoso que, en la década del cincuenta, fue visitado por estrellas de Hollywood como Ava Gardner, Orson Welles, Joseph Cotten y George Sanders.
Francisco Umbral escribió un libro llamado "La noche que llegué al café Guijón" donde, con su mezcla de ironía y desparpajo habituales, retrata todo lo que vio allí cuando todavía era un joven escritor relativamente conocido, pero ya ferozmente competitivo, decidido a hacerse un lugar entre los autores más importantes de la literatura española.

Café Gijón
"La primera noche que entré en el Café Gijón puede que fuese una noche de sábado. Había humo, tertulias, un nudo de gente en pie, entre la barra y las mesas, que no podía moverse en ninguna dirección, y algunas caras vagamente conocidas, famosas, populares, a las que en aquel momento no supe poner nombre. Podían ser viejas actrices, podían ser prestigiosos homosexuales, podían ser cualquier cosa. Yo había llegado a Madrid para dar una lectura de cuentos en el aula pequeña del Ateneo, traído por José Hierro, y encontré, no sé cómo, un hueco en uno de los sofás del café", comienza su relato Umbral.
Y luego confiesa la fuerte influencia que tuvo el lugar durante su formación como joven escritor: "Toda una vida (o eso me parecía) leyendo cosas sobre el Café Gijón, allá en provincias, y ahora estaba yo aquí, y además venía a leer unos cuentos al Ateneo (y con el secreto propósito de quedarme) o sea que era un viaje literario, y me hubiera gustado que cualquiera de aquellas caras conocidas o desconocidas me preguntase qué hacía yo por Madrid para responder con desgana y énfasis: —Ya ve usted, que mañana doy una lectura en el Ateneo".
A continuación, ironiza sobre los escritores que conoció: "Manuel Álvarez Ortega me llevó a la tertulia de los poetas, en el café, en una mesa entre dos ventanales. Yo creo que estaban todos allí desde el año cuarenta. Nada más terminar la guerra, se habían sentado cada uno en su silla o en el diván del café como ocupando un sitio que tenían reservado en los venideros olimpos literarios del hambre y los periódicos, y estaban horas y horas en torno a una jarra de agua mareada y triste, fotografiados por todos los espejos en una inmortalidad equívoca y feliz, pobretona y de buena fe. Gerardo Diego, José García Nieto, Ramón de Garciasol (que se llama Miguel Alonso Calvo y quizás eligió el seudónimo por razones más políticas que estéticas), Jesús Juan Garcés, Jesús Acacio, Manrique, Juan Pérez Creus, Luis López Anglada, Álvarez Ortega, Eladio Cabañero, Francisco García Pavón, Leopoldo de Luis y, a veces, Ignacio Aldecoa o Buero Vallejo. Casi todos poetas, como se ve, con pasajeras incrustaciones de prosistas o dramaturgos".
Luego, Umbral confiesa: "Fui conociendo, por otra parte, lo que era un día entero del Café Gijón. Por la mañana, de las nueve en adelante, el café tenía una luz naciente, blanca y apaisada que se alegraba mucho en las jarras de agua, lucientes como joyas. Algunos cazadores y algunos funcionarios desayunaban de pie en la barra, mientras las mujeres barrían y el cerillas organizaba la batería de sus tabacos y aspirinas. Hacia las once ya empezaban a nutrirse las tertulias de pintores, registradores de la propiedad y escritores. En una tertulia del fondo estaba Fernández Almagro, más morabí que nunca en la luz oriental de la mañana. Con él, Joaquín Calvo Sotelo, Garcés, García Pavón y otros, Fernández Almagro hablaba del siglo XIX y de la novelística de Cela. En una mesa junto a un ventanal estaba Manuel Pilares, el escritor asturiano, puesto de boina y corbata, escribiendo un folio de sus eternas memorias. Manolín tenía los ojos claros, la cara de pájaro simpático, el perfil muy asturiano, y fumaba en pipa olorosa y grata. Era como un minero de domingo escribiendo una carta a la familia o como un ferroviario de paso en la fonda de la estación y con la baja. Un poco antes de comer se iba Fernández Almagro con sus contertulios (los que aspiraban a académicos le ponían mucho el abrigo), y llegaba Sandra a la tertulia de los pintores. Sandra, con un último modelo muy antiguo o muy audaz, llena de risas y voces, como una aparición diurna, callejera y sensual que tenían aquellos pintores visionarios. Con la llegada de Sandra empezaba de verdad a despertar el café. Era más el Café Gijón".
En 1986 debió cerrarse el lugar para reparar el techo, que estaba a punto de derrumbarse, y dos años después, al cumplirse el centenario de su apertura, Alberto Cortez escribió "El duende del Gijón" que homenajea al lugar y a sus parroquianos más famosos:
"Es luz en la penumbra...
Es toda la bohemia...
Viejas tertulias...
Sueños y anemias...
El duende del Gijón
es de Juan Ramón,
de Pablo, Federico y de Miguel,
de Ramón y Cajal y de Rubén.
El duende juguetón
vaga en el salón
hilvanando leyendas
desde el corazón del Gijón.
Actores
buscando un personaje
para darle vida y vivir...
Poetas
rimando en cada verso
la quimera de sobrevivir...
Laureles...
Fracasos...
La guerra
de paso...
Hoy, con cien años ya,
sigue sin cesar...
celando las tertulias como ayer,
sumándose a la bulla del café.
El duende del Gijón
es el eslabón
que enlaza la bohemia
de otro tiempo con la de hoy.
El duende del Gijón
es una ilusión,
de magia, de inquietud y libertad,
eterna juventud de la verdad.
El duende juguetón
sigue en el salón,
hilvanando leyendas
desde el corazón del Gijón".
En 2025 la familia Escamilla vendió el café al Grupo Cappuccino, que acaba de reabrir sus puertas, haciendo muy felices a todos los amantes de la literatura y la historia grande española.





Guía de San Pedro Alcántara
Comentarios
Aviso





