La base de la brigada Rey Alfonso XIII de la Legión, en Viator (Almería), se ha convertido estos días en el 'laboratorio' en el que el Ejército de Tierra evalúa vehículos no tripulados, tanto terrestres como aéreos, desarrollados por la industria española e inspirados en los que se están utilizando con éxito en la guerra de Ucrania.
"El objetivo es la transformación del Ejército de Tierra. El combate ha cambiado, y sigue cambiando, y necesita adaptarse con mucha rapidez", explica el coronel Alberto Quero Fernández de Tejada, jefe del Centro de Fuerza Futura de la División de Planes del Estado Mayor del Ejército de Tierra, durante una visita de periodistas al campo de maniobras y tiro Álvarez de Sotomayor.
En estas instalaciones se está desarrollando la Campaña de Experimentación Táctica, por la que ya han pasado mandos de primer nivel del Ejército de Tierra y otros representantes de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y que visitará el rey Felipe VI el próximo jueves.
Las lecciones de la guerra en Ucrania
La finalidad de esta campaña no es solo probar sistemas sino validar si aportan una mejora real a la eficacia, si pueden integrarse en las unidades y si permiten generar ventajas operativas concretas.
Se ha aprendido mucho de la guerra en Ucrania, ha reconocido el coronel Quero. "El Ejército de Tierra necesita la máxima agilidad para adaptarse a amenazas cada vez más inmediatas y cambiantes".

La brigada Rey Alfonso XIII de la Legión ha sido designada como unidad experimental y de referencia. Esta es la segunda campaña de este tipo que se realiza en Viator después de la de junio del pasado año. En esta ocasión se ha incrementado el número de empresas de 10 a 30 y se han incorporado también universidades y centros tecnológicos.
"Aquí traemos las últimas tecnologías y probamos las últimas tácticas, las técnicas que se están llevando, sobre todo en Ucrania, para conseguir transformar al Ejército y adaptarlo de la mejor manera posible a la nueva forma de combate", subraya el coronel.
La robotización del campo de batalla, la evolución del mando y control, la integración de sistemas no tripulados, la conectividad entre sensores y la defensa contra drones son algunas de las capacidades relacionadas con el objetivo de esta campaña.
Así, sistemas no tripulados aéreos (drones) y terrestres (UGV) en diferentes configuraciones y dirigidos a misiones de inteligencia, vigilancia y reconocimiento, apoyo logístico, acciones de ataque o el empleo de drones kamikaze y municiones merodeadoras están siendo evaluados.
El coronel pone el acento en que "los procedimientos tradicionales de adquisición y evolución de capacidades resultan, en muchos casos, lentos para el ritmo que impone el campo de batalla actual, de ahí que la experimentación se haya convertido en una pieza esencial de su proceso de transformación".
Preparados para lo inesperado
"Estamos pensando ya en un proyecto a más largo plazo, en un horizonte de 2045-2050 en el que orientamos un poco hacia dónde queremos ir en el Ejército. Aventurarnos a saber cómo va a ser el combate en esa fecha sería demasiado osado, pero sí sabemos que vamos a necesitar una gran capacidad de adaptación porque todo lo que venga va a ser inesperado", señala el coronel.
Este proceso de evaluación y adquisición de nuevas capacidades está alineado con la OTAN. "No es un proceso en el que España va en una línea independiente y no hagamos cosas que hacen el resto de las naciones. Tenemos un intercambio muy importante de información con los otros países para dar ideas y para saber por dónde van ellos y ver si es la línea adecuada o no", precisa.
Además, el que se hayan desarrollado por empresas españolas, la mayor parte de ellas pequeñas y medianas, "nos da muchísima agilidad", además de que supone también "hacer patria", señala.





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