Pese al avance en las condiciones laborales del campo español, la vendimia francesa continúa siendo más atractiva en términos económicos: el cobro por hora es más alto, la jornada se ajusta a las 35 horas semanales y tanto el transporte como el alojamiento están cubiertos.
Los principales sindicatos españoles, Comisiones Obreras (CC.OO.) y la Unión General de Trabajadores (UGT) han cifrado entre 12.000 y 15.000 el número de españoles que partirán hacia Francia para participar en la campaña de vendimia.
Aunque el número de trabajadores que realizan este desplazamiento está descendiendo paulatinamente a causa de las mermas en producción y la mayor mecanización de la recogida, Francia sigue siendo un destino atractivo para los vendimiadores españoles, tal y como han explicado a EFE los portavoces de sendos sindicatos.
Las horas extra
En primer lugar está el sueldo: en España la mayoría de regiones vitivinícolas se ajustan al salario mínimo interprofesional (SMI), lo que se traduce en 8,90 euros brutos la hora, mientras que en Francia el SMI se sitúa en 12,32 euros la hora.
Sin tener en cuenta las horas extra, un vendimiador cobraría 2.150 euros al mes, "eso es casi el doble del salario mínimo español" ha especificado el secretario del sector agroalimentario de UGT, Javier Velasco.

Vendimiadores trabajan entre viñedos durante una campaña marcada por la diferencia salarial y las mejores condiciones laborales en Francia
La diferencia si se contabilizan las horas extra se agudiza, ya que si en España la jornada completa semanal es de 40 horas, en Francia es de 35, lo que supone que cada hora trabajada por encima del máximo y hasta las 43 se cobra un 25 % más alta, y si se superasen las 43 horas, la mejora es del 50 %.
El gasto en transporte y alojamiento
Además, en la campaña francesa los gastos de alojamiento y transporte corren a cargo del empresario, cosa que no ocurre en España: "El dinero que se traen contante y sonante en esos 19 o 20 días son unos 2.000 euros, algo que no ganan en una vendimia local", ha argumentado el representante de CC.OO. para el sector agrario, Vicente Jiménez.
Por otro lado, la legislación francesa prevé la exoneración de las cuotas de enfermedad y jubilación del trabajador, algo que en España no existe: el vendimiador cotiza por jornada real no por mes, por lo que un día de baja no contabiliza.
Para Jiménez, la clave en la diferencia de condiciones entre un país y otro está en que el SMI en Francia "siempre ha sido mucho más alto", mientras que en España "lo tenías en 600" y, aunque haya mejorado mucho en la última década, se partía de una gran diferencia.
Como añadido a esto, el representante de CC.OO ha aludido a que la "capacidad de movilización y reivindicación" en el campo ha ido "decayendo" en tiempos recientes.
Para más inri, en España "todavía se encuentran trabajadores desregularizados" en el campo, personas "muy vulnerables" sin contrato laboral, no necesariamente inmigrantes, que van a trabajar por "lo que les pongan en la mesa", ha denunciado Jiménez.
La regularización como solución
Según Jiménez, el interés de los españoles en la vendimia nacional ha ido bajando por diversos motivos, por la falta de estabilidad, el recorte de las campañas por el cambio climático y por la "dificultad para encontrar alojamientos" para aquellos que se desplazan entre comunidades autónomas.
Aquí es donde entra en juego el proceso de regularización migratoria impulsado por el Gobierno, ya que, según datos del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, el sector agrario aglutina el 8,3 % de las 262.475 nuevas personas afiliadas gracias a este proceso.
Desde CC.OO han visto en esto implicaciones positivas ya que los regularizados van a ir donde encuentren empleo y "en el campo hay trabajo",lo que podría además ayudar a fijar población en el entorno rural.





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