Un estudio de la Universidad de Granada ha identificado un cambio en los discursos de rechazo a la vacunación surgidos tras la pandemia de COVID-19. La investigación, publicada en la revista Gaceta Sanitaria, describe una nueva forma de reticencia ante las vacunas que incorpora un importante componente político y de desconfianza hacia las instituciones, más allá de las dudas tradicionales hacia los argumentos con base científica.
El trabajo, desarrollado por Maite Cruz Piqueras como parte de su investigación doctoral en el marco del Programa de Doctorado en Filosofía de la Universidad de Granada bajo la dirección de Joaquín Hortal Carmona y de Ester Massó Guijarro, analiza los factores que influyen en la reticencia a la vacunación, un problema de salud pública creciente en los últimos años, ya que desde 2023 se ha registrado un incremento significativo en el número de casos y brotes de enfermedades que habían sido eliminadas, como el sarampión.
La mayor parte de los estudios realizados hasta la fecha en España sobre la reticencia a la vacunación son cuantitativos. Esta investigación, sin embargo, ha abordado el problema con un enfoque cualitativo para poder analizar y comprender los discursos y argumentos contra la vacunación, mediante una serie de entrevistas semiestructuradas realizadas en los años 2021 y 2022 entre grupos de personas reticentes a vacunarse contra la COVID-19.
Argumentos científicos y ético-políticos
Los discursos analizados en la investigación se articulan en dos grandes ejes. Por un lado, los argumentos de base científico-salubrista incluyen dudas sobre la protección real de las
vacunas, la rapidez de su aprobación, los componentes de las mismas (como la supuesta presencia de grafeno) y sus posibles efectos adversos. Por otro, los argumentos ético-políticos giran en torno a la reivindicación de la autonomía corporal, la percepción de una obligatoriedad implícita, la estigmatización social hacia las personas no vacunadas y la polarización política como respuesta.

Los participantes manifestaron que la vacunación no impedía la transmisión ni el contagio, lo que socavaba el principal argumento a favor de la inmunización. Asimismo, los cambios en las pautas vacunales (nuevas dosis de refuerzo o vacunación de personas que ya habían pasado la enfermedad) reforzaron la percepción de arbitrariedad.
La sobreabundancia de información durante la pandemia ("infodemia"), llevó a las personas reticentes a buscar fuentes alternativas como las redes sociales Telegram u Odysee. Muchas manifestaron haber intentado acceder a información científica crítica, pero encontraron dificultades al desaparecer o ser eliminados los contenidos que cuestionaban el discurso dominante.
Este contexto impulsó lo que los responsables de la investigación denominan "empirismo radical": la tendencia a valorar la información exclusivamente a través de experiencias vividas en primera persona, como testimonios de conocidos o percepciones personales sobre la gravedad de la enfermedad, que fue considerada mayoritariamente como leve o similar a una gripe.
El estudio establece una tipología de cuatro perfiles de personas reticentes a la vacunación según estos dos ejes: la demanda de participación en las decisiones sobre la propia salud y el énfasis en una postura crítica hacia la ciencia o rechazo político.
El primero de los perfiles establecidos por los investigadores es el del "empoderado", que busca información crítica, incluida la científica, y exige participar activamente en las decisiones sanitarias. El "infoxicado", por su parte, se siente abrumado por la cantidad de información y manifiesta incertidumbre y desconfianza hacia las autoridades. El "perfil paralizado" dispone de poca información y su decisión está bloqueada por el miedo a los efectos secundarios de la vacuna. Por último, el "perfil resistente" rechaza cualquier medida o información proveniente de fuentes gubernamentales o científicas, y se apoya en noticias falsas y teorías de la conspiración.
Los responsables del estudio señalan que todos los perfiles, incluidos los más extremos, se desligan de etiquetas como "negacionistas" o "conspiranoicos", y rechazan ser identificados con ideologías de extrema derecha, interpretando estas etiquetas como una forma de estigmatización.
Desplazamiento discursivo hacia lo político
La principal novedad de esta investigación es la identificación de un desplazamiento desde la "reticencia clásica" basada en la desconfianza ante el paradigma biomédico y las vacunas del calendario tradicional, hacia lo que los responsables del trabajo han denominado como "neorreticencia", que incorpora un componente político explícito. Mientras que en la reticencia clásica a la vacunación se cuestiona el papel de la industria farmacéutica, en la "neorreticencia" no sólo se identifica el poder de esta industria, sino que se conecta además con una supuesta connivencia del Estado y de las instituciones sanitarias para ejercer un "control social" a través de la vacunación. La percepción de presión social y laboral para vacunarse, aunque la medida es voluntaria, se interpreta como una obligación implícita que acrecienta el rechazo.
El estudio, que ha sido financiado por la Escuela Andaluza de Salud Pública y la Fundación Víctor Grifols i Lucas (convocatoria de becas sobre bioética 2020-2021), y que ha contado con el apoyo de las redes temáticas LIBERESP (Red 623RT0148) y ESPACyOS (RED2022-134551-T), concluye que la "neorreticencia" presenta rasgos diferenciados respecto a la reticencia clásica, y advierte de que la desconfianza hacia las instituciones se ha consolidado tras la pandemia.
Los autores recomiendan el desarrollo de estrategias no coercitivas y adaptadas a cada perfil, con una comunicación pública transparente que reconozca la incertidumbre y evite el estigma. Asimismo, señalan la necesidad de fortalecer la vigilancia de la "infodemia" mediante la colaboración con asociaciones de base y plataformas locales que ayuden a contrarrestar la desinformación.





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